jueves, 20 de septiembre de 2012

El corazón de las cosas. Kokoro, Natsume Soseki


Gredos, 2008

            Varios libreros amigos me habían recomendado este título del autor, como uno de los más representativos de la literatura japonesa de inicios del siglo XX. Tardé en encontrarlo pues los últimos ejemplares disponibles se hallaban en fuga, como casi todo libro impreso en el exterior. Afortunadamente, siempre en el mundo librero puede encontrarse una mano amiga que da con el volumen de interés, no sin antes mover cielo y tierra en su búsqueda. Por esa razón, no pasó tanto tiempo de ‘estiba’ para ser leído.
            Antes que nada, habría que decir que Soseki pertenece a una generación que vivió casi toda su vida bajo el gobierno del emperador Meiji quien, después de dos siglos y medio de aislamiento y atraso respecto de Occidente, decidió emprender la modernización del Japón entre los años 1865 y 1912. Entonces, la obra de Soseki debiera ubicarse dentro de esta circunstancia, puesto que la novela no existía en ese Japón tradicional antiguo; sus escritores se nutrieron de los primeros viajes a Occidente, donde tomaron contacto con una cultura diferente y recién allí comenzaron a elaborar sus relatos. Así, resultan ser los pioneros en el desarrollo del género literario en la cultura nipona.
            Esta historia, publicada en el año de la muerte del emperador, resume una visión global de la sociedad japonesa de su tiempo. ‘Kokoro’ significa –entre otros- ‘corazón’. Narrada en primera persona como una suerte de biografía testimonial, un joven inicia una relación de camaradería con otro hombre, de quien no sabe absolutamente nada, y a quien llama respetuosamente sensei –‘maestro’-, debido a que es mayor que él. Entablado el vínculo, el protagonista nos hace saber que es estudiante, habita una sala en un pensionado y realiza visitas al sensei cuya frecuencia va en aumento. Ambientada en un Tokio de fines de siglo XIX, el libro consta de tres partes. La primera nos explica cómo llegaron a establecer una relación estos personajes, junto al entorno social en que se mueve cada uno. En la segunda, al graduarse el protagonista y volver a su pueblo natal debido a la enfermedad de su padre, nos permite entrever la evolución de ese vínculo a la distancia tanto como la realidad del interior del país, con sus costumbres, el respeto por la tradición y las expectativas depositadas sobre un novel graduado. En la tercera, en formato de extensa carta, se devela el secreto del oscuro pasado de sensei, del por qué de su abulia y desencanto general de la vida y sus visitas mensuales a un cementerio.
            En la novela prácticamente no hay nombres propios; el protagonista, su maestro y los personajes secundarios comparten el más absoluto anonimato. Sólo la esposa de sensei lleva el nombre de Shizu. Por otra parte, la historia final cobra ribetes de triángulo amoroso en el que los celos y la competencia entre dos amigos por una misma mujer conduce a una tragedia que no concluye con la muerte de un rival, sino que se arrastra a lo largo de la vida del otro, y hace de esta novela el motivo central del relato, porque deja al desnudo el corazón de las cosas; sobre todo, de las emociones humanas.
            Párrafo aparte merece la traducción. Si bien resulta fluida y amena, por momentos no parece más que una novela narrada en lenguaje coloquial, con modismos más propios de los actuales lectores que del autor, para una trama donde reinan los silencios, las medias palabras y la construcción psicológica de sus personajes. Como si el traductor hubiera puesto más énfasis en hacernos más llevadero el texto, sacrificando algo del respeto por los tempos propios del relato. De todas maneras, se disfruta mucho, y el final no tiene desperdicio alguno. Recomendable ciento por ciento; dinero bien invertido.
Marcelo Zuccotti

4 comentarios:

  1. Un libro maravilloso, de mis favoritos, como también lo es Soseki, para mi gusto, justo a Kawabata y Mishima, los mejores autores japoneses. En cuanto a la traducción obviamente no tengo ni idea de cómo será el original japonés, pero he leído otras novelas de Soseki en Impedimenta y el tipo de escritura es igual, muy sencillo y sin complicaciones, puede ser que realmente sea el estilo de este escritor, piensa que la cultura japonesa es en sí sencilla y busca en la simplicidad la belleza de las cosas, aunque claro, no lo sé, es solo mi impresión, pero hasta el momento no he leído ningún libro japonés que sea excesivamente enrevesado, quizá Mishima que es más lírico y rebuscado. Un abrazo

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  2. Dejando de lado el intento de 'aggiornarlo' a la vida actual, por parte del traductor, el relato es conmovedor y la atmósfera creada es sin igual. Cuando incursione por Mishima, lo haré saber. Kawabata sigue siendo mi escritor de referencia en literatura japonesa. Gracias por la visita. Besos para ti.

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  3. Qué pena que no consigo este libro!! Ya he movido cielo y tierra y no doy con él, pero sé que lo conseguiré. Me gusta mucho la literatura japonesa, dentro de esta línea "más representativa de oriente" (por así decirlo) Kawabatta es el autor que más he leído y en segundo lugar Mishima. Lamentablemente en Argentina no se consiguen fácilmente obras de autores japoneses. Murakami también me gusta pero es otro estilo de prosa. Por lo que veo Soseki insiste en el tema de las emociones humanas y trabaja en esta novela temas universales como los celos. Me gustó mucho la reseña, una razón más para leerlo. Besos

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  4. Gracias, Andrea, por darte una vuelta! Es un prejuicio mio el suponer que debe ser harto complicado que libros como éste -que ya resultan difíciles de encontrar en Baires, debido a las limitaciones impuestas a las importaciones- puedan ser hallados en Chubut. No obstante, tengo esperanza en que así sea. Si no, y si aun estás interesada en él, hacémelo saber, ¿si?. Gracias por alentarnos a seguir en nuestras apreciaciones. Un beso.

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