sábado, 15 de septiembre de 2012

Un susurro en la oscuridad. Otra vuelta de tuerca, Henry James


RBA, 1995

           La máxima ventaja de reconocerse un mediocre participante de un ciclo de cine con base literaria no deviene por la mera acción de asistir a la exposición de realizaciones efectuadas en el pasado, llevadas a la pantalla con ideas acordes con su entorno temporal, sino por el hecho de disparar la lectura de un montón de títulos del que uno ya hizo acopio y que, por razones nada profundas sino sumamente triviales, fueron dejados de lado esperando su turno de consumo.
            Ha sido el caso de este libro, que hace más de quince años se encontraba en mi haber y, más por desidia que por argumentos de cierta valía, esperaba el sueño de los justos para ser leído. La posibilidad de ver una de las tantas puestas en escena que el título originó, accionó una lectura que, al cabo de pocos días, concluyó felizmente para la fecha de su proyección. Soy de aquellos que piensan que siempre es mejor leer el libro antes, y no después.
            Yendo al libro de James, es un relato sobre espíritus, reales o ficticios, que se aparecen a una institutriz –me gusta más ‘gobernanta’, como su traducción literal de la lengua inglesa- quien acepta cuidar un par de niños huérfanos. En él se conjugan la falta de experiencia de la protagonista en ese rol -una muchacha anglicana criada en una vicaría-, un tío despreocupado, dos niños muy listos capaces de ponerse de acuerdo entre sí, un ama de llaves que sólo puede ver lo que es evidente y una serie de hechos desafortunados –la llamativa muerte de un mayordomo y de la institutriz anterior, ambos en circunstancias misteriosas-. Todo se aúna para dejar a la libre interpretación del lector cuanto ocurre, de manera que éste no pueda poseer signos inequívocos de que aquello que lee es parte de la realidad, o sólo se halla en la cabeza imaginativa de su personaje principal, quien narra en primera persona lo acontecido.
            Sin perder de vista el argumento, el libro –en realidad, dada su extensión, un relato largo- resulta entretenido y llevadero, escrito con fluidez y agilidad, sin acudir a golpes de efecto, escenas violentas ni desgarradoras, lo que redunda en beneficio de la trama. James se las ingenia para sugerir más que mostrar, como si toda la historia no fuera más que lo que comenzó siendo: un cuento de fantasmas que alguien contó para una Navidad; un susurro en la oscuridad.
            Respecto de la puesta en pantalla, he podido ver ‘The Innocents’, de Jack Clayton, una realización de 1961 en la que su guionista ha sido –nada menos- Truman Capote y la actuación del personaje principal corre a cargo de una sensacional Deborah Kerr, quien se apega fantásticamente a las líneas del argumento a la hora de hacer sentir a los espectadores esa ambigüedad propia de la protagonista. Tanto la atmósfera como las interpretaciones que acompañan consiguen en gran medida transmitir el clima de incertidumbre y misterio que colma las páginas del texto.
            Como si faltara algo, se dio la ocasión –excepcionalmente rara, en verdad- que la compañía Juventus Lyrica, con elenco vernáculo, decidió incluir, para el ciclo del corriente año, nada menos que la obra de Benjamin Britten ‘Otra vuelta de tuerca’, basada en el libro de James, con sólo cuatro funciones para el público, a realizarse en el histórico Teatro Avenida de Buenos Aires. Digo que es excepcionalmente rara, porque la obra en sí misma se representa poquísimas veces –nunca antes la había visto en cartel-. Como era de esperar, decidí concurrir a una de ellas, conocida por todos mi devoción por el arte del bel canto.
            Ante una règie muy moderna y con voces bien timbradas, la obra de Britten supo trasladar todo ese entorno de enigma y suspenso que tanto se aprecia en el libro de James; es esa incerteza en la que se intercala la realidad con la imaginación, lo onírico de los deseos insatisfechos, la que domina la escena, junto a una partitura tanto sugestiva como climática. Dividida en un prólogo –casi recitativo- junto con dos actos que contienen un número simétrico de ocho cuadros cada uno, el libreto resulta un resumen perfecto del texto, al que le han agregado la presencia de los fantasmas para otorgarle más carácter escénico. Particularmente expresivo es el cuadro en que los espíritus cantan ‘La ceremonia de la inocencia está ahogada’ -tomado del poema de W. B. Yeats, ‘The Second Coming’- que resume en gran medida el motivo principal. Un trabajo formidable tanto de cantantes como de músicos y escenógrafos, que tuve la dicha de presenciar.
            Por todo esto, la conjunción entre literatura, cine y lírica ha sido triplemente disfrutada y el libro resulta imperdible, un excelente ejemplar de aquello que se dio en llamar stream of consciousness.
            Marcelo Zuccotti


2 comentarios:

  1. Lo leí hace ya años y me gustó mucho, especialmente por esa manera sugerente de contar las cosas, más bien intuyéndolas que dándolas a las claras. Luego, aparte de adaptaciones al cine, se ha utilizado mucho ese recurso de sugerir antes que mostrar, de dudar si son imaginaciones del protagonista o es real, pero hay que reconocerle a James la originalidad de ser el pionero en este tipo de terror que luego se ha copiado tanto. Un abrazo

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  2. No lo viví como una novela de terror, aunque reconozco que podría incluirse en el género. Más se asemeja a las propuestas narrativas de Alfred Hitchcock -a quien imagino haber copiado el estilo para los guiones-. De todas maneras, es un libro modelo; 'pionero', en tus palabras. Gracias por darte una vuelta. Un beso.

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