martes, 31 de diciembre de 2013

De amor y de sexo. Primer amor, últimos ritos, Ian McEwan


Anagrama – Página 12, 2009

            Esta colección de libros que la editorial del diario local Página/12 decidió publicar con acuerdo de Anagrama es un acierto, pues brinda a voraces lectores como quien escribe la posibilidad de acceso a buenos títulos que ya no son posibles encontrar en las librerías; para colmo, a un costo más que irrisorio. Sólo hay un detalle a tener en cuenta; algunos de ellos –en especial, los que están compuestos de cuentos- no incluyen todos aquellos presentes en el original, como es el caso de éste que, al girar la portada, se nos avisa que el relato Disfraces no es parte de la presente edición. El beneficio de hallarlo tiene sus costos indirectos.
            La selección de relatos deambula entre el amor y el sexo. El despertar sexual de un joven con aquella que tiene más a mano, el deterioro del sexo como reflejo del hastío que provoca la convivencia de una pareja, el erotismo nacido en plena escena de un ensayo de una obra de teatro, son algunos de los tópicos que McEwan construye alrededor de circunstancias posibles, como vehículos donde la carga sexual se halla a punto de estallar, generando atmósferas de plena tensión.
            Mas no sólo es eso. También se vale del descubrimiento de una fórmula para desaparecer objetos y personas, o de un crimen frío e insensible, o de la terrible infancia de quien sólo quiere volver al vientre materno, o de la llegada de una visita que termina haciéndose cargo de una familia, situaciones todas que alternan entre el realismo mágico, la soledad, la angustia y la desesperación.
            Si bien el nivel de los cuentos no es del todo parejo, al menos respetan aquello que Poe sugería a todo cuentista: que sean breves, que mantengan la intensidad, que posean golpes de efecto y que carezcan de un objetivo estético. Es simple y pura narración con algunos toques de humor negro y cierta dosis de fina ironía.
            Escritos en lenguaje coloquial, la traducción es un punto flojo, dado que las páginas contienen modismos –seguramente propios del lenguaje original- que resultan disonantes con la cadencia natural del relato. Lo que no es excusa para no disfrutarlos, igualmente.

miércoles, 25 de diciembre de 2013

El arte de narrar. Sale el espectro, Philip Roth


Mondadori, 2008

            Me obsequiaron este libro como retribución por haber escrito un somero artículo sobre su lanzamiento en Buenos Aires, allá por el 2008, del que participé entusiastamente. Nada había leído de Roth hasta este momento, aunque soy consciente de que, año tras año, su nombre merodea en las apuestas de candidatos al Premio Nobel de Literatura. El hecho que haya sido premiado varias veces confirma, al menos, el reconocimiento que su talento narrativo posee en los medios literarios.

            En esta ocasión, Nathan Zuckerman –legendario alter ego del propio Roth- decide visitar Nueva York después de once años de ausencia. Con setenta y un años de edad, víctima de un cáncer de próstata cuya cirugía lo ha sumido en la impotencia sexual y en la incontinencia urinaria, accede a someterse a un flamante tratamiento que le permita recuperar parte de la autonomía perdida. A su paso, se cruza fugazmente con la ex - mujer de su maestro, E. I. Lonoff, quien, enferma de un cáncer cerebral a sus setenta y cinco años, guarda el último manuscrito inédito de él. Para saber acerca de ella, se contacta con una pareja de jóvenes escritores que, aviso clasificado mediante, propone un intercambio de domicilios. Subyugado por la figura de la joven esposa, Zuckerman se ve envuelto en una historia de chisme editorial, pues un amigo de ella desea editar una biografía de Lonoff en la cual dar a conocer el ‘gran secreto’ de éste.

            Ambientada en la Nueva York de 2004, durante las elecciones que permiten la reelección de George W. Bush, la novela presenta múltiples planos y elementos. Uno de ellos es la muerte, omnipresente en forma de enfermedad terminal o de impotencia sexual. Zuckerman se enfrenta a su propio deterioro y el de aquellos que han sido parte de su entorno. Otro, el miedo. Unas postales amenazadoras han hecho que Zuckerman abandonase la gran ciudad para refugiarse en un hinterland a cientos de kilómetros. Jamie Logan –la joven esposa- desea irse de Nueva York porque el pánico que le dejó los atentados del 2001 le impiden escribir. Y la ironía sobre el boom de esos años -la telefonía celular- para quien sólo escucha música en la radio y no mira TV desde hace diez años, no tiene desperdicio.

            Pero también existen simetrías. Hay dos triángulos amorosos, uno constituido en el pasado y otro en el presente, que alternan protagonismo, con su cuota de celos y rencores, de manera que el relato adquiere en su personaje principal una suerte de figura espectral muy propia del teatro shakesperiano, del que está tomado el título –‘Enter Ghost’ y ‘Exit Ghost’ son las anotaciones que el bardo inglés incluye en el libreto de ‘Hamlet’ toda vez que el fantasma de su padre debía estar en escena-. Zuckerman sale de su nebulosa para materializarse en Nueva York y volver a desaparecer.

            Por otra parte, contien una burla socarrona a los críticos literarios; Zuckerman se opone firmemente a que Lonoff –y él mismo, autor exitoso- sea biografiado, porque cree que las biografías no aportan nada a la obra de un autor y sólo la empañan, mezclándola con hechos de su vida personal que tienen mucho de chisme y cotilleo –género con el que las grandes casas editoras hacen pingües negocios-, en lugar de llevar a cabo una tarea más profunda como es el análisis literario.

            De estilo coloquial y ameno, las líneas de Roth son fluidas. De a ratos entremezcla ficción y realidad, logrando un efecto de fuga en donde queda claro que la novela como género y el arte de narrar es el único capaz de trascender la mediocridad que abunda en la literatura moderna.

viernes, 20 de diciembre de 2013

El delirio de un antihéroe. Asfixia, Chuck Palahniuk


De Bolsillo, 2004

           Lo busqué porque era difícil de encontrar y porque sabía lo desopilante de sus trabajos. Después de haberme enfrentado a algunos ilustres autores en obras no tan amenas, sentí que era momento de sacarlo de la etapa de maceración y brindarle su ocasión.
            Victor Mancini es el protagonista de este libro, escrito en primera persona. Cuenta con veinticinco años, una madre loca internada en una Residencia Asistida, se gana la vida actuando como granjero en una ‘propuesta temática’ destinada a recrear la vida de los primeros colonos de E.E.U.U. y, como el dinero no alcanza para vivir y pagar los servicios por la asistencia de su madre, decide aumentar sus ingresos eligiendo todas las noches un restaurante distinto y montar un número en el que finge que se atora comiendo, de manera que algún cliente de los alrededores pase a ser un héroe por salvarle la vida y quien, de manera gentil, le hace llegar un cheque por si necesita algo. Pero además, Victor es un adicto al sexo, que lo practica en los lugares más inverosímiles, con cuanta mujer encuentre y en las posiciones más atrevidas y rebuscadas.
            En sentido estricto, Victor encarna a un antihéroe que sólo busca que lo quieran. Habiendo sido tratado por su madre más como rehén que como hijo, sostiene que la relación con la madre es la que define cómo ha de ser un varón y que éste se pasa toda la vida relacionándose con aquellas que puedan ejercer como sustitutas.
            La prosa fluida de Palahniuk, unida a las ocurrencias más divertidas, no oculta la sordidez y desparpajo de su personaje central ni de los que lo rodean, como tampoco cierta crítica a los movimientos contraculturales de los ’70. La madre internada dice en un párrafo,
‘Sí, he luchado contra todo, pero cada vez me preocupa más la idea de que nunca he estado a favor de nada… Sí, se criticar y quejarme y juzgarlo todo, pero ¿adónde me lleva eso?...  Quejarse no equivale a crear algo. Rebelarse no es reconstruir. Ridiculizar no es reemplazar… Hemos destrozado el mundo, pero no tenemos ni idea de qué hacer con los pedazos… Mi generación, la forma en que lo hemos ridiculizado todo, no ha hecho que el mundo sea mejor. Hemos invertido tanto tiempo en juzgar lo que otros creaban que hemos creado muy pocas cosas propias…’
            Las situaciones irreales se intercalan con sarcasmos, humor ácido y mordaz  y una visión de la sociedad norteamericana que resalta la falta de afecto, la superficialidad y carencia de objetivos, compaginando la más bruta inocencia con el desenfreno y el desamor.
            Salvando las distancias, el protagonista conjuga cierta dosis de la irresponsabilidad de Ignatius J. O’Reilly -de ‘La conjura de los necios’- con algo de la falta de madurez y adolescencia tardía de Rob Fleming –de ‘Alta fidelidad’-, sin dejar de hacer gala de curiosas reflexiones,
‘Es patético que no podamos soportar las cosas que no entendemos. Que si no entendemos algo simplemente lo negamos…’
            En conclusión, un libro entretenido, ameno y coloquial, que arranca sonrisas cuando no carcajadas sin que ello menoscabe su poder de observación y profundidad a la hora de preguntarnos acerca de los afectos y emociones.

domingo, 15 de diciembre de 2013

Muchas mujeres en una sola. Gina, Rodrigo Soto


Periférica, 2006

            Había leído un comentario sobre este autor que, al parecer, está considerado por la crítica como representante emergente de la literatura centroamericana contemporánea. Al alcanzar este breve volumen no dudé en llevarlo, pues resulta apropiado para alternar con otras lecturas que requieren mayor abstracción o bien para amenizar al concluir otra de cientos de páginas, como ha sido el caso.
            Gina es la protagonista de esta breve historia, aunque no sólo relata su acontecer en primera persona, sino que además poseemos imágenes de su pasado por la presencia de un narrador. Con dos hijas pequeñas y una carrera de antropóloga archivada en el olvido, decide abandonar el matrimonio que la une con Ariel, padre de sus hijas, pues no se encuentra satisfecha con el rol que ella misma ha aceptado. La desilusión, que la realidad impone a nuestros sueños de lo que nos gustaría que fuera, acaba por deteriorar su relación y hacerla naufragar.
            Pero Gina no es una sola. Soto se las ingenia para hacernos conocer todas las facetas de su personalidad, saltando hacia adelante y hacia atrás en el tiempo, de manera que Gina se convierte en varias mujeres. Así, la chiquilla que corría a los patos y no los alcanzaba, convive con la mujer de Marvin –un negro- quien se convierte en su pareja año y medio después de separarse; con la estudiante de izquierda combativa para derrocar al dictador nicaragüense Anastasio Somoza; con la niña que ha perdido a su padre en un accidente de tránsito y con la mujer que se ha afincado en el pueblo donde vive.
            En este transcurrir poliédrico, el relator nos narra también los hechos salientes de su vida: su primera menstruación, su inicio sexual, su desencanto con la política y otros tópicos que hacen de Gina una multitud de personajes reunidos en uno solo. Quizás Gina encarne, por extensión, a la mujer latinoamericana, mezcla de sueños, realizaciones y frustraciones que representan fielmente al género femenino de nuestras sociedades actuales.
            Es un libro cálido, que se lee rápida y fácilmente y que comparte con nuestras mujeres el colectivo imaginario de nuestra vida.

martes, 10 de diciembre de 2013

Desesperanzas. Amok, Stefan Zweig


Acantilado, 2007

            Lo tenía señalado como lo mejor de Zweig y, cuando pude hallarlo, no dudé en llevármelo. No esperó mucho tiempo, debido a mi necesidad de alternar con un libro de relatos otras novelas de mayor volumen y concentración. Un comentario sobre la obra del autor disparó su lectura.
            Esta colección está compuesta de siete relatos cuyo denominador común es la desesperanza, un cúmulo de expectativas que no hallan realización satisfactoria puesto que  las circunstancias son adversas para que ellas tengan lugar. Así, el destierro de una intrigante de la Corte de Luis XV, que consume sus vacíos días en el campo aparentando indiferencia a aquellos de los que fue despojada; un coronel que en tiempos de Napoleón sobrevive en tierra enemiga a la matanza de sus soldados; la pérdida de una carrera prometedora de un joven debido a una mala decisión de su profesor; el enfermizo dominio de una mujer sobre la vida de un hombre, capaz de acompañarla hasta en la muerte; la avaricia de un hombre que induce a su esposa a la prostitución; el protagonismo que asume como cómplice de su señor una criada otrora anodina y la imposibilidad del regreso a casa de un campesino ruso al estallar la guerra, son todos ellos retratos de situaciones extremas, dolorosas, donde campea la incomprensión, el aislamiento, al soledad y el desaliento que invitan al crimen o al suicidio.
            Con prosa amena y estilo coloquial, Zweig construye argumentos que evidencian pasiones no correspondidas, martirios y toda una gama de pesares cuyo desenlace trágico se anticipa en cada línea.
            ¿Qué queda de un ser humano cuando es incapaz de obtener sus objetivos? ¿Qué nos ocurre al ser despojados de todo aquello que nos pertenecía? ¿Es posible enfrentar la vida con cierto grado de optimismo cuando aquello que amamos se ha perdido? Estos son algunos interrogantes que el autor nos propone al transitar las páginas.
            Mediante relatos sólidos y personajes bien delineados el autor nos llama a encontrarnos con nuestra propia oscuridad, la que surge cuando la fortuna, el remordimiento y la culpa nos arrebatan la razón de existir. Cuentos que se leen bien pero que dejan sedimento.

jueves, 5 de diciembre de 2013

Versión Original 4. La pasión según G. H., Clarice Lispector


Muchnik, 2001

            La reseña que hoy visita el espacio fue publicada a fines del 2009, habiendo leído el libro en octubre de ese año, antes de dispararse la 'Lispectormanía' por estos parajes. En cierto modo, este trabajo ha sido pionero, pues éramos pocos los que contábamos con el ejemplar -y menos los que lo habían leído-. Por otra parte, cumplo con algunos lectores en hacerles conocer mis líneas.

            Llegué a la autora gracias a las bondades del mundillo literario, donde continuamente se la nombraba, en una suerte de “trendy author”. A eso habría que añadirle la fotografía que una librería porteña había publicado en su blog, que contaba con “casi” todos los títulos de la escritora… menos con éste. Como las casualidades no existen, a los pocos días, algún asiduo visitante de saldos me comunicó su presencia -cuyo monto era ridículo-, con lo cual salí en su búsqueda. Por otro lado, nada había leído sobre literatura brasileña, a excepción de algún libro de Jorge Amado; por eso me pareció una buena ocasión para abordar su narrativa.
            La novela cuenta dos historias en planos distintos. En la primera, una escultora carioca de clase acomodada decide ordenar una habitación vacía que ha dejado libre su última criada donde, al abrir la puerta, descubre la pulcritud de la misma, algunas valijas con sus propias iniciales “G. H.”, la cama libre y un armario, todo iluminado por un sol esplendente. Pero en la pared hay un dibujo de un hombre, una mujer y un perro. Al abrir el armario se choca con una enorme cucaracha, a la que quiebra de un portazo, dejando un reguero blanco mientras se arrastra agonizando.
            A partir de este hecho se inicia una incursión de la protagonista al lado oscuro del yo, utilizando para ello cuestionamientos -y sus correspondientes respuestas personales- en una suerte de diálogo consigo misma. Por otra parte, las reflexiones están teñidas de un crudo existencialismo, despojado de la vida cotidiana y burguesa a la que pertenece, en aras de alcanzar aquello que resulta la esencia de nuestro ser.    
            El libro está plagado de referencias e imágenes de la literatura clásica, universal y judeo-cristiana. Baste para ello la alusión a Adán, Eva y el Can Cerbero del paraíso en las figuras de la pared; la cucaracha, que recuerda a Kafka; el viaje socrático con el que se emprende el conocerse a sí mismo; el placer de la orgía del Sabbat y la necesidad de una mano anónima que acompaña a la protagonista, evocando al Virgilio de la Divina Comedia, que guía al Dante en su descenso a los infiernos
            Además, existen preguntas metafísicas sobre la esencia de la vida y el amor, así como un antes y un después de la travesía. Un periplo que incursiona en los pliegues del yo y desciende hacia lo más sórdido y animal del hombre donde se pierde la racionalidad, nos conduce luego hacia la redención propia y la recuperación del vínculo con Dios y los otros, con un ingente amor por la vida, descubriendo que la humanidad sólo pude realizarse como tal en contacto con los demás.
            Por momentos, el texto se vuelve arduo y requiere de toda la concentración de la que se es capaz para sobrellevarlo. En otros, Lispector hace acopio de su destreza en el manejo lingüístico construyendo frases que carecen de significación; son ésas donde se busca la musicalidad o sonoridad. Las asociaciones de imágenes (v.g., el reguero blanco que deja la cucaracha, la leche materna y el recuerdo de los abortos de la protagonista) refuerzan la narración. También, el que la frase final de un capítulo se repita en el inicio del siguiente, otorga un carácter espiralado y circular, donde todo vuelve al principio y se renueva a la vez.
            Lo sorprendente es la sucesión de cuestionamientos e indagaciones existencialistas, psicológicas, teológicas y teleológicas, dentro de un libro que no alcanza las ciento cincuenta páginas. Mas ese viaje redentor remite a la Pasión de Jesucristo, dejando en claro que lo que se ha propuesto la autora es llevar a cabo el mismo proceso por una mortal llamada “G.H.”, cuyas iniciales remedan al Género Humano. Un libro profundo, para descubrir y releer varias veces.

sábado, 30 de noviembre de 2013

Cómo surgió la República Argentina. Ciudades, provincias, Estados: Orígenes de la Nación Argentina (1800-1846), José Carlos Chiaramonte


Espasa Calpe, 1997

           Pensé que era hora de dar a conocer mi pasión por la Historia Política Contemporánea de mi país, tema al que he dedicado muchos años de lectura, mucho tiempo de búsqueda de obras representativas, muchos recursos económicos y, fundamentalmente, mucho espacio en mi biblioteca –llegan a dos mil volúmenes, de los que he leído más de quinientos-.
            Quería comenzar con este libro, que a su vez inicia una serie de siete títulos destinados a abordar el análisis de nuestra historia nacional, como homenaje a uno de los investigadores en esta disciplina quien, a lo largo de su trayectoria, nos ha nutrido -y en más de una ocasión, develado- sobre ciertos usos de generalizaciones que nos han etiquetado, sin responder de manera acertada a la realidad de las mismas. Fue el azar -o la necesidad, al decir de Monod-, la que me permitió conocerlo personalmente y entablar amigables conversaciones sobre nuestras aficiones comunes: historia y vinos. Próximo a celebrar su cumpleaños, no quería dejar pasar la oportunidad de allegarlo a todo aquel al que interese la historia de Argentina.
            El texto repasa un período de nuestro pasado que abarca el fin del Virreinato español hasta los esfuerzos por los Estados provinciales en constituir una Nación federal. Desde el inicio hasta su fin, Chiaramonte bucea en las condiciones socio–políticas locales y en la influencia ejercida por las nuevas ideas surgidas en Europa tras la Revolución Francesa y la Ilustración en el pensamiento de aquellos que han sido llamados a conducir los destinos de una colonia recién emancipada.
            La construcción de la identidad política –el origen del vocablo ‘Argentina’-; los efectos de la herencia borbónica tendientes a la centralización del poder; la emergencia de las primeras soberanías territoriales; la relación con la Iglesia en el ejercicio del Patronato; la discusión acerca del carácter de representación de los diputados –si lo hacían en nombre de las provincias o en nombre de un Estado aun inexistente- y los intentos –fallidos- de lograr un único gobierno que rigiese los destinos de la Nación, son los tópicos más sobresalientes de este singular trabajo, en el que la documentación que justifica la mirada del autor ocupa más páginas que el análisis minucioso que lleva a cabo.
            Destaco particularmente la complejidad del origen de la nacionalidad, tanto como el hecho de la carencia del uso de antinomias a las que la ‘historia oficial’ –posterior a la batalla de Pavón- nos había condenado, en un intento de simplificación que hoy estimo grosera. Por otra parte, Chiaramonte no hace óbice en su relato para dejar en claro qué intereses estaban en juego en cada toma de decisiones, intereses que, es necesario señalar, frustraron en más de una oportunidad las numerosas concordancias existentes en cobijar bajo un solo Estado la multiplicidad de pueblos independientes reunidos por la lengua tanto como por la religión. Entre estos años, fuimos un grupo de aldeas coloniales devenidas en ciudades, que nos convertimos en provincias soberanas unidas en una suerte de Confederación. Aun nos quedaba transformarnos en nación republicana.
            Escritos en una prosa de estilo académico, con apropiado y fluido uso del idioma, cada capítulo finaliza con las referencias indispensables a una bibliografía selecta. Intercalado en los párrafos se hallan las alusiones a cada uno de los documentos –textuales- que, en un apartado hacia el final del libro, el autor ha reunido con el fin de que sean los propios actores los encargados de indicar a los lectores la mirada en contexto. Una obra señera, que alienta la prosecución de los otros volúmenes que componen la obra. Un trabajo serio y esclarecedor.

lunes, 25 de noviembre de 2013

Vacío existencial. Bariloche, Andrés Neuman


Anagrama, 1999

           Me anunciaron con tiempo que Andrés Neuman viajaba a Buenos Aires; venía a presentar su último título en una reconocida casa editorial que también es librería en nuestro conspicuo barrio de Palermo. Su nombre me sonaba; seguramente tenía algo de su autoría en mi tótem de espera. Efectivamente, encontré este libro y, al verlo breve, lo encaré decidido. Recordé que lo había comprado porque compartía el ‘hobby’ con el personaje central; además, no hablaba de la dictadura ni de desaparecidos.
            Demetrio Rota es un recolector de basura de la ciudad de Buenos Aires, vive en un diminuto apartamento del barrio de Chacarita y tiene una afición: arma rompecabezas –puzzles-. Alejado de su ciudad natal, que da título a esta novela, pasa sus días sin mayores vínculos que con su compañero de recorrido, el Negro, y la mujer de éste, devenida en su amante circunstancial.
            Lo que Neuman va intercalando con el correr de las páginas es el pasado de Demetrio, a través del recuerdo de una iniciación sexual adolescente; el intento de refugiarse en esa memoria, por medio de la selección cuidadosa de piezas en el rompecabezas que, como es previsible, tiene al lago sureño como irrenunciable motivo, y el vacío existencial de la vida del protagonista, para quien el futuro se presenta tan desolador como el destino de las bolsas que recoge cada madrugada.
            A su manera, Rota es él mismo un desperdicio social. Arrancado de su entorno natural debido al desempleo y posterior enfermedad y muerte de su padre, tuvo que crecer de golpe y hallar en la gran ciudad un lugar y un trabajo con el cual pudiera afrontar la vida de su madre y de sí. Sin contacto ni inserción en su nueva realidad, Rota encarna el arquetipo de aquellos a quienes las circunstancias fueron modelando su vida, en una suerte de ‘fuga hacia adelante’, sin dejarle tomar las riendas de su propio acontecer.
            Neuman opone a una idealización del pasado y la naturaleza romántica de la evocación, la sordidez y decadencia de las metrópolis, que convierte a los seres en desechos de sí mismos, con lo que refuerza la dicotomía en que se debate su personaje principal: aspirar a mejorar socialmente, ser parte de la clase media, sin poder abandonar la desidia e indolencia de la sociedad que lo rodea.
            Escrito en estilo coloquial, el texto resulta fluido y ameno, intercalando palabras del dialecto propio de los estratos más bajos de la sociedad local junto a vocablos y giros españoles, por lo que puede leerse tanto como una novela argentina escrita por un español, o como una novela española escrita por un argentino, condiciones de la que Neuman puede hacer gala, habiendo nacido en el sur argentino y viviendo ahora en España. Un libro recomendable.

miércoles, 20 de noviembre de 2013

Panegírico del deseo sensual. Los alimentos terrestres y Los nuevos alimentos, André Gide


Losada, 1979

“¡Deseo!,
te he arrastrado por los caminos,
te he afligido en los campos,
te he saciado en las grandes ciudades,
te he saciado sin apagarte la sed;
te he bañado en las noches llenas de luna,
te he paseado por todas partes,
te he mecido en las olas,
he querido dormirte sobre las aguas…
¡Deseo! ¡Deseo! ¿Qué podría hacerte?
¿Qué quieres? ¿Nunca vas a cansarte?”
           
            Comenzar una reseña con semejante párrafo resulta, al menos, una sacudida. Un cachetazo dirigido a la modorra que supone una vida aquiescente. Porque, ¿quién no intenta tener una existencia acomodada, previsible? Sin embargo, Gide se encarga de denostar nuestros proyectos y seguridades, induciéndonos a vivir solo en el presente. Sin expectativas ni nostalgias.
            De eso trata Los alimentos terrestres; una obra concebida en 1897 destinada a un público que, cada vez más, resultaba racional y dejaba de lado los sentimientos. ¿Nos resuena?
            Este libro está dividido en dos partes, según sus respectivos títulos. El primero, se divide en ocho libros, escritos con referencias a los sitios que el autor ha visitado. Así, se repasan ciudades de Italia, Normandía, Francia, Argel, en los que Gide se ha inspirado. Sus párrafos destilan poesía y ciertas enseñanzas,
“Que la importancia esté en tu mirada, no en la cosa observada.”
            Por otra parte, hay un llamado al disfrute del placer, del gozo, de la voluptuosidad que ofrece la naturaleza –y el género humano-. Sostiene que nuestras reglas de convivencia, nuestras represiones, impiden a los hombres dejar fluir el presente y convertirnos en seres amargados, que aceptan y esperan la muerte como una necesidad. En vez de ello, nos propone abandonarnos al terreno sensible, dejar que el entorno se cuele en nosotros y haga experiencia.
“¡Ay! ¡Ay! Yo se cómo prolongar mi sufrimiento; pero no se cómo dominar mi placer.”
            El segundo título, Los nuevos alimentos, es más breve. Escrito en 1935 y dividido en cuatro libros, aborda la misma temática, recalcando su creencia en Dios, pero tiene otro tono; destina sus líneas a emitir su profesión de fe en mirar hacia el futuro, disfrutar de los placeres y saciar los deseos como receta para alcanzar la felicidad.
            Ambos están escritos en un estilo poético; utilizando la literatura clásica como modelo, alternan con una prosa floreada y algo pretenciosa. Gide, abanderado de la literatura hedonista y bisexual, hace gala de una serie de pensamientos en los que exhibe su profundo conocimiento de la naturaleza humana y su poder de observación. Puede parecer obsoleto para estos tiempos de dominio de la imagen, pero la desactualización no es óbice para anular su propuesta.

viernes, 15 de noviembre de 2013

Arquetipo de la ingenuidad. El idiota, F. M. Dostoyevski


Alianza, 2005

            El autor no goza de la moda, lo se. Ni siquiera adorna los comentarios de estudiosos de hoy en día, esos que frecuentan los claustros literarios contemporáneos, quienes simpatizan más con la fugaz notoriedad que otorgan los mass media que con sesudos debates acerca de cómo imprimir un cambio, una renovación en las letras –que, afortunadamente, también los hay-. Pero tenía esperando ya muchos años una copia en VHS –sí, has leído bien- de la vieja realización basada en esta novela, llevada a una pantalla que carecía de color, habla y tecnología, por el consagrado maestro japonés del séptimo arte Akira Kurosawa, a quien no quise hacer esperar más.
            Es la historia de Lev N. Myshkin, un epiléptico que fue recogido por un amigo de la familia a la muerte de su padre, enviado a Suiza para mejorar y, al no poder costear más su médico su manutención, decide volver a Rusia donde una parienta lejana podría apiadarse del último heredero de su apellido y hacerle un lugar en la familia y sociedad rusa. En su regreso entabla relación con Parfyon Rogoÿin, un joven heredero que viene a reclamar lo suyo al morir su padre y quien está perdidamente enamorado de Nastasya F. Barashkova, una bellísima joven, quien es la ‘querida’ de aquel que empleaba a su padre, mucho mayor que ella. La revelación del retrato de ésta y la conformación de un triángulo amoroso con características particulares se inician.
            Myshkin encarna al hombre ingenuo, sin dobleces ni segundas intenciones. Dice todo lo que piensa y cree todo lo que se le dice. A su alrededor, los demás personajes juegan con él, tratándole como a un verdadero enfermo de idiocia, aunque da muestras de un sentido común sin precedentes y una sensibilidad perceptiva capaz de descubrir los verdaderos móviles que ocultan aquellos que se le acercan. Nastasya es la descastada, a quien no le quedó más que prostituirse para sobrevivir –sin tratarse solamente de sexo-; un alma lastimada desde su infancia que intenta aplacar su dolor burlándose de la sociedad que la rodea y cuyos pasos se encaminan hacia un destino trágico. Rogoÿin es un enamorado apasionado y, por tanto, enfermo de celos, pues ama a una mujer que no le corresponde en el sentimiento y ve en cada hombre un posible candidato a robarle su bien preciado. El resto, aporta el entorno necesario para la solidez de la novela.
            Párrafo aparte merece Aglaya I. Yepanchina, una joven en la veintena quien descubre el amor en Myshkin, pero no escatima ninguna oportunidad para apartarlo de su lado. Temperamental y antojadiza, no puede reconocerse enamorada de un hombre tan simple, atento y servicial, porque su soberbia le impide aceptar como esposo a alguien que se lo ha visto con otra mujer. En ella, el prístino amor se transforma en amargo despecho.
            En suma, Dostoievski compone un relato en base a desencuentros y medias palabras, donde el amor no es correspondido y en el que el autor aprovecha la descripción de esa sociedad para hacernos conocer sus propias ideas. Así, resulta tan crítico con el naciente nihilismo como de los jóvenes revolucionarios –a posteriori, comunistas- puesto que los primeros no son ‘hombres prácticos’ capaces de conjugar la necesidad social con los negocios económicos, y los segundos son desclasados que no respetan el statu quo conservador de la sociedad zarista ni creen en Dios.
            Su protagonista bien podría ser tildado de ‘ingenuo’ o ‘inocente’ pues todos sus allegados intentan obtener unos rublos mediante ardides evidentes y se valen de sus propias palabras para obtener beneficios. Para mi gusto, el texto está un poco estirado, con una serie de situaciones que sólo ocupan páginas y que no agregan perspectivas a la trama ni profundidad a los personajes. Dividido en cuatro libros, el narrador se hace omnipresente en los últimos dirigiéndose directamente al lector para hacerlo reflexionar, lo cual produce fastidio, porque retrasa el tempo de la narración.
            Por momentos, la manera en que el autor engarza amores no correspondidos o desalentados, me recordaron al maravilloso cuadro impresionista de Renoir, ‘Almuerzo de remeros’, donde las miradas cargadas de interés que afloran en los rostros de los primeros retratos se hallan dirigidas siempre hacia otro y nunca hacia aquel que lo mira.

domingo, 10 de noviembre de 2013

Incunables 2. Sarcasmos sobre la guerra. Madre noche, Kurt Vonnegut Jr.


Bruguera, 1977

            Unos amigos libreros propusieron, para la noche de los viernes de octubre pasado, proyectar realizaciones cinematográficas que estuvieran basadas en la obra de Kurt Vonnegut. Para ello, decidieron comenzar con lo más granado de su literatura, ‘Matadero Cinco’, una producción de 1972 dirigida por George Roy Hill. Entre la lista de films figuraba este título, del que nada sabía y, gracias al parasistema de compraventa de libros usados, conseguí la primera edición en castellano de esta casa editorial que, por otra parte, no ha sido reeditada hasta ahora.
            Howard W. Campbell Jr. es un exitoso dramaturgo en Berlín quien, al ascender el nazismo, es cooptado para hacer propaganda a favor del Reich. De origen norteamericano, se casa con la hija del Jefe de Policía local –una actriz bellísima- y se encarga de explicar radiofónicamente el por qué de la cruzada contra los judíos. Lo que nadie sabe es que Campbell es espía del gobierno de E.E.U.U. y que utiliza sus discursos a favor de la masacre judía con textos cifrados para los aliados. Capturado por los yanquis al final de la guerra, se zafa de su ejecución gracias a los favores de quien lo reclutó, el teniente Frank Wirtanen.
            Acabada la guerra, Campbell se afinca en New York. Muerta su esposa en Crimea –su ‘nación de dos’, único motivo de vida- avejenta en un condominio de Greenwich Village hasta que entra en contacto con George Kraft, un vecino pintor al que le cuenta su historia. A partir de allí, se suceden una serie de fenómenos que incorporan lo absurdo tanto como lo ridículo. Basta nombrar a un grupo neonazi llamado ‘La Guardia de Hierro de los Hijos Blancos de la Constitución’, que edita un pasquín, ‘El Miliciano Blanco Cristiano’, que notifica de su paradero, por el cual el gobierno israelí amenaza con secuestrarlo –de igual manera que hizo con Eichmann- para juzgarlo como criminal de guerra.
            En esta novela todo es ambiguo; Campbell es un nazi que trabaja para los aliados, su cuñada se hace pasar por su esposa; el pintor es agente ruso y Wirtanen desaparece en la posguerra. Toda la obra parece un gran equívoco donde el héroe es denostado como traidor y Vonnegut utiliza todo su arte para parodiar la Segunda Guerra Mundial y el Holocausto judío con cierto sentido del humor, sin perder su objetivo: denunciar lo absurdo del enfrentamiento y criticar el chauvinismo de los vencedores.
            Por otro lado, el autor expresa  que lo único realmente significativo para su protagonista es el amor por su esposa; una vez desaparecida ésta, su vida se despoja de sentido. Una sutil imagen de que lo valedero en tiempos de locura es apostar por el amor.
            Existe también un film basado en esta obra –con participación de su autor en una escena- que data de 1996, cuyo rol protagónico lo encarna Nick Nolte, junto a actores de la talla de John Goodman, Alan Arkin, Sheryl Lee, y una jovencísima Kirsten Dunst, todos dirigidos por Keith Gordon. La realización se apega bastante bien a la novela de Vonnegut, por lo que resulta recomendable una vez concluido el libro que, de por si, ofrece una mirada aguda sobre el sinsentido de la guerra.

martes, 5 de noviembre de 2013

Versión Original 3. Qué me dejó el "Ulises", de James Joyce


Cátedra, 2004

            Esta fue la primer reseña que me animé a hacer para otro medio literario, allá por el 2008. Quizás no pude extraer todo lo que hubiera sido útil de una lectura inicial de semejante libro, mas me tomé la molestia de acompañarlo con una buena guía, elaborada por una reconocida escritora e instructora en Joyce del medio local que, si bien no pudo solucionar todos los problemas de interpretación que surgían, al menos permitió que la lectura fuera más fluida. Probablemente hoy no suscriba en parte con el estilo escogido, pero mantengo mis líneas respecto de su contenido.


Introducción
            No tengo muy presente qué motivó la lectura de este texto, considerado por la crítica como “la” novela del Siglo XX, “el libro que todo buen lector no debiera dejar de leer”. Hasta me suena a que hay un club de lectores o algo así que se intitula “Yo no leí a Joyce, ¿y qué?”. Pudo haber sido el tedio de tener que convalecer de una cirugía, unido al aspecto voluminoso de la versión en mi poder, lo que me incitó a la ardua tarea de acometer su lectura. Total… otra cosa no se podía hacer.
            No pasaron más de unos segundos entre abrir la edición de Cátedra y la aparición de la desesperanza, al advertir la necesidad de haber leído con antelación otras obras del propio escritor, como “Dublineses” y “Retrato del artista adolescente” y, por supuesto, el poema épico de Homero donde se narran las aventuras de Odiseo. Obras que, por supuesto, no había leído.
            No obstante, haciendo gala de mi naturaleza obstinada, y “rechiflado en mi tristeza”, me aventuré a adentrarme en el texto con el objeto de, al menos, tomar un primer contacto e intentar una prístina aproximación a la obra.
            La misma, es una recreación del poema homérico en la que se respeta la secuencia de los capítulos, pero en lugar de relatar las desventuras del héroe, en este caso sólo se trata de “un día en la vida” de un par de personajes centrales, Leopold Bloom y Stephen Dedalus, que encarnan los roles de Odiseo y Telémaco respectivamente.


La obra
            No pretendo hacer aquí un resumen del libro; sólo realizar comentarios de aquello que puede resultar significativo. Indudablemente, su autor tenía un dominio colosal sobre las obras de Shakespeare, Goethe, Dante, así como de la historia de la literatura inglesa, puesto que da sobradas muestras de ello en varios episodios o capítulos, y también de los dialectos de la plebe de su Irlanda natal.
            Rescato de su lectura uno de los objetivos de la obra: el lenguaje y las palabras, no como medio de expresión sino como limitación. Toda palabra está constituida por sonidos que nos han sido impuestos, de los cuales es posible desconfiar, puesto que a través de la manipulación de las palabras se puede engañar y llevar a cabo acciones injustas. Es decir, por más que nos esforcemos en hallar el vocablo que mejor corresponda a nuestra descripción, o el estilo literario que mejor se adapte a nuestro sentir, nunca podremos alcanzar su exacta expresión a través de la lengua.
            También plantea la irreversibilidad del pasado y la inevitabilidad del futuro. Nunca podremos volver atrás lo que ya vivimos, como tampoco podemos establecer con certeza qué nos depara el mañana. Somos conducidos como el barco del Odiseo, por capricho de los Dioses y totalmente a la deriva.

Conclusión
            Lo que más me agradó de la obra fue la complicidad que establece el autor con el lector. A lo largo del libro, Joyce deja muchas frases inconclusas, particularmente de los pensamientos que realizan sus personajes, que el propio lector debe hacer el ejercicio de completar para mantener la ilación.
            Por otra parte, el diseño “circular” de la narración resulta original. En cada episodio se van dando sutilmente, como al pasar, algunos detalles acerca de otros personajes que toman protagonismo en episodios anteriores o posteriores, de manera que, si se es observador, se van completando la descripción de los mismos. Y así se teje una serie de interrelaciones que realzan el sentido de la narración.
            Es digno de comentarse que el último capítulo está escrito sin signos de puntuación –¡su lectura es todo un esfuerzo de concentración!-, en ocho párrafos, lo que debe haber inspirado a no pocos autores posteriores.
            Si bien su lenguaje por momentos es tedioso y abstruso –más en una traducción castellana de un original inglés, donde se ponen de manifiesto las dificultades de traslado de modismos de una lengua a otra-, no deja de ser interesante como recreación de un mito.

jueves, 31 de octubre de 2013

Ser y parecer. Las mentiras de la noche, Gesualdo Bufalino


Anagrama, 1998

             Había leído algo acerca de la obra del autor cuando, en un puesto de libros usados sito en un parque, me puse a hablar con el librero una tarde de domingo y, entre otros menesteres, vaya sorpresa, tenía disponible un ejemplar de esta novela –que él mismo, en posesión de otro volumen no había leído-. Al pasar el tiempo, viéndonos periódicamente, nos fuimos preguntando recíprocamente sobre su lectura, con respuesta negativa de ambos. No quise esperar más.
            Cuatro condenados a muerte comparten su última noche en el calabozo de una fortaleza ubicada en una isla de la que resulta imposible escapar. Todos ellos, miembros de una conjura,  han intentado fallidamente atentar contra la vida del rey y han sido capturados. El responsable del cadalso les ofrece un salvoconducto: serán hombres libres si cualquiera de ellos escribe el nombre real del jefe de la conjura, que responde al epíteto de Padreterno. Para ello, arbitra un mecanismo de sufragio de manera de impedir conocer al delator. Antes de la ejecución, él vendrá por la urna para conocer su contenido.
            Acompaña a los reos –un aristócrata, un poeta, un estudiante y un soldado- un falso fraile que, habiendo padecido la tortura, será ejecutado junto a ellos la mañana siguiente. Es éste quien propone contar una historia que merezca ser narrada y que de sentido a sendas vidas, para abordar con hidalguía las largas horas de vigilia que preceden el final.
            Ambientada en el siglo XVIII en territorios borbónicos, en estilo coloquial y fluido, Bufalino se permite cuestionarnos acerca de la validez de la verdad. ¿Cuánta verdad hay en cada uno de esos relatos? ¿Son parte de la vida de sus protagonistas o tan solo sombras ficticias que sus febriles mentes han construido para confundir o entretener a los presentes? ¿Dónde concluye la verdad y dónde comienza la ficción? ¿o es que nada es real? Acaso no sea más que un juego de espejos, en el que ser y parecer intercambian sus roles. El contrapunto entre los narradores y sus reflexiones en una circunstancia tan extrema da paso a un fantástico final que cierra la novela.
            Es un libro breve aunque muy poético, con sólidos personajes perfectamente delineados y descripciones de sentires y emociones propias de seres humanos, que se disfruta mucho y nos deja pensando. Recomendable ciento por ciento.

sábado, 26 de octubre de 2013

Murmullos descuidados. Un héroe de nuestro tiempo, Mijaíl Y. Lérmontov


Nórdica, 2007

            Siempre que puedo, abrazo con cierto grado de fanatismo cualquier novela de origen ruso que ande dando vueltas. Particularmente, aquellas que datan del siglo XIX y que, a lo largo de los años, se han hecho de una reputación bien merecida. No es fácil encontrar la presente, puesto que este título –si bien reconocido ampliamente- no suele ser incluido en catálogos de importantes casas editoras que destinan colecciones a literatura universal. Salvo unas pocas, la mayoría elude obra y autor. Afortunadamente, Nórdica ha rescatado del ostracismo –si no del olvido- un volumen considerado señero de las grandes novelas rusas de fines de aquel siglo y principios del XX.
            Esta novela relata las andanzas de Grígori Alexandrovich Pechorin, un joven oficial ruso quien, a principios de la década de 1820, es destinado a los territorios del Cáucaso –Chechenia, Georgia, Osatia-. Un narrador –que, supongo, es el autor- se vincula con el capitán Maxim Maxímich en medio de un viaje. Éste, propenso a contar anécdotas, refiere ciertos hechos que tienen como protagonista al oficial Pechorin, haciendo una semblanza del mismo y exponiendo su manera de ser y pensar. Con el paso del tiempo, el capitán y el narrador se reencuentran en otra aldea y tienen la suerte de cruzarse con el mismísimo Pechorin durante unos minutos. La frialdad expresada por éste respecto del capitán, lo incomodan tanto que decide dejar en manos del narrador una especie de diario que Pechorin había escrito con antelación y que el capitán guardaba celosamente. En posesión de esos documentos, nuestro autor nos narra otros hechos del personaje principal.
            El libro está organizado con un prólogo y dos partes. La primera contiene dos capítulos que resumen el encuentro de narrador y capitán y los sucesos relatados por éste, junto a un primer episodio del Diario de Pechorin. La segunda, incluye los últimos dos capítulos del Diario. Además, esta edición se acompaña de un prólogo de Vladimir Nabokov, que resulta nada despreciable para comprender la estructura de la obra y objetivos.
            De la lectura, se deduce que Pechorin encarna al joven inescrupuloso y arribista, capaz de alcanzar sus fines sin reparar en los medios a utilizar para conseguirlos. Así, se reconoce frío y calculador, con poca confianza en el género humano y sus emociones.
            Lo destacable es su estructura. Primero, un narrador habla con otra persona acerca de un tercero; luego, el segundo refiere al tercero y, por último, el tercero se hace narrador a través de un Diario. De esta manera, Lérmontov nos hace ir y venir en el tiempo, en una suerte de avance en espiral. Además, es sorprendente el peso que adquieren los ‘murmullos descuidados’ de los que, a lo largo del relato y en muchas oportunidades, los protagonistas se valen para ponerse sobre aviso de lo que se trama contra ellos.
             En estilo coloquial y fluido, el libro mantiene su solidez en base a relatos enlazados entre sí por medio de sus personajes, que alternan protagonismo en aras de sostener el equilibrio y la coherencia interna del mismo. Lérmontov no aborda un tema de actualidad mas, al desnudar en sus líneas los cambios que su sociedad reclama, no deja de ser una obra referente.

lunes, 21 de octubre de 2013

Canoa canadiense. Mi vida querida, Alice Munro


Lumen, 2013

           Una simple y total desconocida. Ésa hubiera sido mi definición de Alice Munro a principios de este año. Alguna noticia de ella tuve a través de la Red, claro, por lo que me había hecho de un par de ejemplares de su autoría, de manera de tener algo a mano para incursionar en sus letras y no correr el riesgo de evidenciar mi absoluta ignorancia como con Mo Yan. Mas mi habitual recelo hacia los libros de relatos, unido a una difícil selección de títulos a leer durante el año en curso la relegaron a una prudente espera. La proclamación como ganadora del Nobel de Letras 2013 los sacó del letargo; quise saber quién era Munro. ¿Cholulo –cotilla-, yo?
            Este libro contiene una serie de cuentos no tan breves y un apartado en el que la escritora ha reunido cuatro relatos de naturaleza autobiográfica. Ambientados todos en pueblos y ciudades del Canadá, Munro despliega su arte narrativo partiendo siempre de hechos concretos de la vida cotidiana. Así, puede servirse de un viaje en tren de una madre con su hija pequeña desde Vancouver a Toronto, de una maestra en medio de un instituto de enfermos tuberculosos, de la relación entre un policía casado y una jovenzuela de una aldea, de un pozo de grava que se llena con agua de lluvia o deshielo, de detalles en vínculos familiares, de una propuesta de matrimonio que no se materializa, del chantaje de una dependienta respecto de una relación clandestina, de un regreso tras la guerra, de la visita a un médico especialista o del reencuentro tras muchos años de quienes tuvieron amoríos cuando jóvenes, para provocar un giro en lo que hasta allí era pura anécdota y mostrarnos otras facetas de los sentimientos y emociones que anidan en sus personajes.
            La sensación que el lector adquiere al recorrer sus páginas semeja a la de un navegante de kayak o canoa canadiense quien, fluyendo con la corriente de alguno de los caudalosos ríos que abundan en esas tierras, atraviesa rápidos y escollos no sin dificultad, para alcanzar remansos donde la soledad y la belleza del paisaje se vuelven indescriptibles.
            Escrita con estilo ameno y coloquial, la lectura resulta dinámica y entretenida. Hacia el final, la narración se vuelve más íntima y Munro repasa escenas de su vida infantil. La muerte de una amiga, la asunción de malos pensamientos, el chismorreo del pueblo y una historia familiar acerca de la casa donde vivió la niñez son elementos disparadores de una cosmovisión de la vida que asombra y emociona. Dueña de un talentoso poder de observación, el arte de Munro está en la forma en que construye sus relatos, no tanto en su contenido.
            En suma, es un libro placentero, que se disfruta mucho y despierta la necesidad de repetir la experiencia. Absolutamente recomendable para personas sensibles.

miércoles, 16 de octubre de 2013

Memorable verano. Antigua luz, John Banville


Alfaguara, 2012

           Impulsado por los buenos comentarios de otros lectores, unido al entusiasmo generado por su novela anterior –que publiqué en este mismo espacio-, salí en búsqueda de su último trabajo firmado por él y no bajo el seudónimo de Benjamin Black, pues considero que Banville se supera como novelista en cada nueva publicación.
            En esta ocasión, Alexander Cleave nos narra en primera persona su enamoramiento e inicio sexual con la madre de su mejor amigo, la señora Gray, cuando ella contaba con treinta y cinco años de edad y él tan solo quince. Los recuerdos de aquel memorable verano acuden a su mente con insistencia, junto a una multitud de detalles que se entrelazan, careciendo de orden y de autenticidad, pues el protagonista, al hacer acopio de memoria, no puede afirmar que algunos de ellos no sean creaciones de su propia fantasía, habiendo transcurrido medio siglo desde ese entonces. Es decir, la evocación es mitad verdad y mitad fábula.
            A la vez, nos notifica su profesión de actor de teatro, por lo cual es convocado a participar en un proyecto cinematográfico, teniendo a su cargo el rol protagónico. En el guión se narra la historia de un farsante adulto, alguien que se ha hecho pasar por otro y enamora a una jovenzuela mediante ardides inescrupulosos –que no es otro que Axel Vander, el protagonista de ‘Imposturas’-, a quien él debe encarnar. Por otra parte, nos enteramos que su vida cotidiana junto a Lydia, su esposa, ya solo es una fachada donde ambos intentan ocultar el dolor que supone el asumir el suicidio de su única hija, de veintisiete años y con evidentes síntomas de inestabilidad emocional,  en un pueblo de la costa italiana, ocurrido diez años atrás.
            En base a una prosa ágil y floreada, Banville construye una ficción con un manojo de personajes secundarios y una serie de circunstancias hábiles en las que alterna su pubertad, el pasado familiar y su condición de artista, donde la historia supuestamente principal, que tiene mucho de complicidad y aventura juvenil, declina en favor de otra, más personal, dolorosa y triste, que debe sobrellevar ahora que ha envejecido.
            En cierta medida, la estructura del relato se asemeja al estilo utilizado en ‘El mar’, basado en un tríptico ‘recuerdo infantil – situación dolorosa – acontecer actual’, sólo que en éste anuda las últimas dos partes a través del viejo personaje aparecido en ‘Eclipse’ e ‘Imposturas’, conformando con el presente una suerte de trilogía.
            Entretenido, con muchos guiños al lector y abundantes reflexiones de alguien que analiza su vida y se encuentra con su propio vacío existencial, el libro se lee rápido y deja un sabor agridulce, con mucho de nostalgia e introspección.

viernes, 11 de octubre de 2013

Apología de la amistad. El sobrino de Wittgenstein, Thomas Bernhard


Anagrama, 2010

            Empujado por otros lectores a incursionar en las letras de Bernhard, decidí hacer mis primeras armas con este volumen corto, que viene precedido por un reconocimiento mundial y ha colocado a su autor en la cúspide de los escritores austríacos más relevantes del siglo pasado.
            Escrito en primera persona, Bernhard describe su relación con Paul Wittgenstein, sobrino del afamado filósofo Ludwig, con quien ha mantenido una relación de amistad con características particulares. Así, expone que el vínculo fue construido por ambos, aun a sabiendas de las enormes diferencias de apreciación que mantenían respecto de los hechos artísticos. Bernhard reconoce que esa amistad ha requerido de ingentes esfuerzos de uno y otro para sostenerse en el tiempo.
            Recluido en un hospital debido a una cirugía de tórax en 1967, el autor comparte el predio con su amigo aunque se encuentran en pabellones distintos; uno, en el de los que intentan recuperarse de una enfermedad pulmonar, el otro, en el manicomio donde son atendidos aquellos que presentan rasgos de locura. Su salud se encuentra tan debilitada que se le hace imposible allegarse hasta el pabellón donde se halla Paul y, en todo ese lapso sólo han podido encontrarse una única vez, más por tenacidad de Paul que por sus propias posibilidades.
            Con una prosa repetitiva, ansiosa y reconcentrada, Bernhard repasa cómo se conocieron, qué rasgos de la personalidad de Paul le atrajeron sobremanera, por qué se hicieron amigos y la importancia de la presencia de Paul en su vida, haciendo de este análisis descarnado y minucioso una apología, un canto a la amistad.
            También incluye su mirada crítica sobre su propio trabajo de escritor y exhibe sin pudor su total descreimiento de los premios que se les otorgan, a los que considera más de índole política y comercial que un motivo de reconocimiento a la trayectoria literaria. El episodio que relata una premiación nacional no tiene desperdicio. Por otra parte, desmenuza los trastornos de Paul –muchos de los cuales parece haber compartido con su tío- sin establecer juicio, pues comprende cabalmente sus obsesiones y exabruptos, su naturaleza excéntrica y desordenada, haciendo una despiadada burla a lo que la sociedad considera ‘normal’.
            Finalmente, escribe este libro para expurgar en parte su sentimiento de culpa por haber abandonado al amigo, negándose a visitarlo en sus últimos tiempos, porque el dolor de asumir el deterioro de los momentos finales le habría causado mucha más angustia que la ausencia; de esta manera, rescata del olvido y la intrascendencia la historia común que los ha tenido por protagonistas de una amistad sui generis.
            Es un texto denso, escrito casi de corrido, con frases que se repiten machaconamente, pero que bien vale la pena atravesar porque su contenido lo amerita. Sin dudas, un muy buen libro.