martes, 15 de agosto de 2017

e-book 20. Alas de libertad. Las virtudes del pájaro solitario, Juan Goytisolo


Alfaguara, 1994

I.

            Iniciarse en las letras de Juan Goytisolo nada menos que con este título era todo un desafío, acaso una quimera. Estaba advertido de la complejidad, tanto de estructura como de contenido, pero había llegado como respuesta a un ruego personal a mis amigos lectores y no quería –ni quiero- dejar de ser agradecido con aquellos que me han facilitado buenos libros como el presente, favor que Yossi Barzilai me lo allegara hace algo más de dos años.

II.

           Libro raro si los hay. Según el propio autor, ‘es la Obra Completa de San Juan de la Cruz la que vertebra la estructura de la novela’, aunque hace plena referencia al Cántico Espiritual y entronca con la tradición sufí de la mística musulmana –particularmente con la obra de Ibn al Farid, a la que también alude-. En principio, carece de núcleo narrativo; es más un montaje de escenas que se superponen unas a otras, que una novela en sentido estricto. De esa manera, Goytisolo sólo sugiere posibles cursos de acción que el lector deberá elaborar.

III.

             Del poliédrico texto rescato un par de planos principales. En principio, no hay un solo narrador sino voces que van cambiando y relatando distintos aspectos, pero el principal protagonista se solapa con la figura del Santo: parece ser un estudioso del Cantar de los Cantares a quien han apresado en un edificio y sometido a cierta clase de tortura –como lo hacía el Tribunal del Santo Oficio de la Inquisición-. Fuera del edificio, ha habido una catástrofe cuya naturaleza no está clara: podría ser de origen nuclear -se habla de radiación, becquerels, etc.- o de una epidemia de HIV –sugerido a través de la aparición de la Parca en medio de un grupo de mujeres que prestan servicios de carácter prostibulario-.

La versión que gentilmente me allegó Yossi Barzilai

IV.

           Otro plano lo ocupan contrapuntos entre onirismo y realidad; la vida mística y la mundana; el libre albedrío y la obediencia totalitaria que impone el poder. Así, ese pájaro solitario que evoca Goytisolo ya no es aquél que encarnaba el alma del hombre según el Santo, sino que ahora se ha convertido en emblema de libertad, capaz de contagiar a otros pájaros como él, por lo que debe ser apresado, confinado y destruido, para que los demás no sigan su ejemplo. 

V.

              Goytisolo construye un relato totalmente original, no siempre evidente para el lector, pero que se disfruta si éste participa del juego propuesto. Eso sí, lo hace a través de una prosa exquisita, con ribetes poéticos y líricos en muchos pasajes, que valen el esfuerzo de armar la novela con entera libertad; ejercicio arduo pero satisfactorio. Un gran libro, sin duda.

jueves, 10 de agosto de 2017

El Don apacible. Libro 4, Mijaíl Shólojov


DeBolsillo, 2009

            Última entrega de esta epopeya rusa de inicios del siglo XX, que comienza con el avance indeclinable de las fuerzas comunistas. Constituido por dos partes finales, Shólojov concluye su relato alcanzando el año 1921 y la consolidación del poder soviético.

            En la Séptima Parte, se dan indicios de la derrota final de los insurrectos y del Ejército Blanco. Los cosacos han tenido que cambiar de margen del río Don, dejando atrás propiedades y bienes. La pelea sigue siendo sostenida, pero es desigual. Las defecciones cosacas son cada vez más numerosas; se han hartado de luchar y sólo desean volver a sus aldeas, a sembrar y cosechar –algo que el autor deja muy en claro en toda la novela-. Y la ayuda que propician los zaristas lejos está de ser real. Para colmo, los oficiales blancos no dejan pasar oportunidad para hacer sentir a la oficialidad cosaca –entre ellos, nuestro protagonista, Grigori Mélejov- la diferencia de educación y civilidad, tratándolos de paletos e ignorantes.

          Desencantado de la propuesta blanca, Grigori termina en la desembocadura del Don en el mar de Azov, dispuesto a embarcar hacia costas turcas, como la gran mayoría de las divisiones del Ejército Blanco. Pero… sólo hay lugar para unos pocos elegidos. Por lo que decide volver a la aldea, cueste lo que cueste.

            En la Octava Parte, Grigori toma consciencia de su realidad familiar. Su hermana menor se ha casado con el asesino de su hermano; su madre y su padre, así como su hermano, su cuñada y su esposa, han muerto. Solo restan sus hijos –niño y niña de corta edad, al cuidado de ellos- y el amor incondicional que le guarda Axinia Astájov, esposa de su vecino. Pero no tiene suerte. Su cuñado, ahora presidente del Comité Revolucionario de la aldea, está dispuesto a delatarlo, obligándolo a migrar nuevamente. Como fugitivo es descubierto y puesto a las órdenes de un viejo amigo, que planea una insubordinación debida a la exacción en especies que el gobierno soviético realiza a los cosechadores, tomando gran parte de su trabajo. Desde allí, se suscitan nuevas aventuras de este viejo combatiente al que la vida ha obligado a estar a la altura de las circunstancias. Habiéndose convertido en un bandido y saqueador, decide abandonar a sus compañeros y volver a su hogar, aún a sabiendas del costo de ello. Y el costo es altísimo. Sin claudicar, Grigori regresa a su aldea, con toda una historia a cuestas y muchos muertos por los que hacer silencio.

            Un final acorde a la épica narrada por Shólojov a lo largo de dos millares de páginas. No esperaba menos, aunque se podrían haber ahorrado un ciento de ellas, lo menos. Las descripciones del entorno geográfico son parte destacable de todo el relato; como si el autor se hubiese pasado horas en la observación de los movimientos de la naturaleza en la región.

            En mi humilde opinión, aborda muy bien un periodo no muy claro de la historia rusa y de los cosacos, antes de ser sometidos al poder soviético. Pero no está a la altura literaria de Tolstoi, Chéjov o Dostoyevski, con personajes mucho más elaborados desde el aspecto psicológico que los que ofrece Shólojov en su extensa obra.

sábado, 5 de agosto de 2017

Desde el patio interior. El mundo, Juan José Millás


Planeta, 2012

          Es muy vasta la obra de Juan José Millás como para seguir ignorándola. Con varios títulos suyos en mis estantes, había leído buenos comentarios en la blogosfera acerca de éste, galardonado con el Premio Planeta 2007. No es que la premiación hubiera ablandado mi postura –que señala, justamente, que los premios son motivo suficiente para no leerle- sino que a otros lectores les había resultado un libro querible, al abordar temas de su infancia. Como se había armado revuelo -si el reconocimiento había llegado por la obra o por la trayectoria de Millás-, decidí averiguarlo por mí mismo.

            El libro se estructura en cuatro relatos donde el propio Juanjo, cuarto hijo de un total de nueve, narra en primera persona parte de su biografía – tal vez lo fuese-. Así, en el primero repasa la sensación de un frío que cala los huesos, del que aún adulto no ha podido desprenderse. Ese frío lo lleva asociado a la mudanza de toda la familia desde Valencia a Madrid, que con la remanida excusa de que ‘allí hay más oportunidades de mejorar’ los padres encaran el traslado a un suburbio de esa capital, descampado y solitario, sin poder ocultar la estrechez de recursos y el estado de pobreza que lo obligaba, dejando así la costa soleada y cálida en aras de un lugar más amplio, aunque más gélido espiritualmente hablando.

            Luego, desarrolla lo que considero el nervio central del texto: la calle, o el ombligo del mundo de Juanjo. Pero no lo enfoca desde la ventana de su casa; se apropia de la cosmovisión que brinda un ventanuco ubicado en el interior de un sótano, a ras del suelo, de la casa de un amigo vecino. Desde allí, Juanjo reelabora su relación con los demás, sus amigos, su gente, su familia. Esa mirada se extenderá a lo largo del libro hasta el final.

            La tercera propuesta surge del frustrado primer amor. La muerte de su amigo le ha generado un vacío que sólo podría llenarlo una tibia relación con su hermana. Pero ésta le confiesa que él no le resulta interesante y, ante ello, sólo puede hallar refugio en la fantasía. Una fantasía que finalizará en un encuentro sincero entre ambos, muchos años después en Nueva York. Y finalmente, encara una anécdota tragicómica. Con su tendencia a aplazar los estudios, Juanjo es dirigido a una academia donde lo prepararán para acometer con éxito sus exámenes. Pero los maestros ejercen la violencia física con sus alumnos –a veces, de manera sádica-, con lo que el protagonista no encuentra mejor salida para evitar los castigos que confiarle a sus padres que desea ser sacerdote misionero. Por esa razón, se lo llevan a Valladolid a iniciar el curso en el seminario.

            Con estilo coloquial y ameno, Millás compone un libro emotivo, plagado de buenas historias nacidas en el patio interior de su biografía, con personajes que generan empatía en el lector y hacen de él una buena lectura. Como nota opaca, Millás se florea a sí mismo, refiriéndose continuamente a sus otros títulos y a su obra en general, lo que recarga al lector con una suerte de envanecimiento personal que no aporta nada y lo aleja del núcleo narrativo. No obstante, el libro se disfruta y fluye rápidamente.