Esperaba esta relectura.
La primera fue en 2008 y sospeché que compartiéndola habría de ofrecer un
debate profundo acerca de los temas que aborda la novela –la pacatería
victoriana, la elección personal en la identidad de género, etc.-. Así, cuando
una destacada académica de Letras decidió incluir esta obra entre sus lecturas
anuales, no dudé un instante en aprovechar la oportunidad y constituir este
Pelibro, tras obtener una copia del memorable film basado en la novela, que
había tenido la ocasión de ver en la época de estreno.
Libro
Virginia
Woolf (RBA, 1995)
Inspirado en su declarado amor
por Vita Sackville-West, Woolf nos relata la historia de un aristócrata inglés
del período romántico, inclinado a la poesía, que se convierte en mujer –sin
pérdida ninguna de sus dotes intelectuales ni virtudes- de la noche a la mañana
y en la que su vida transcurre a lo largo de tres siglos y medio, siempre con la
misma edad.
Lo sorprendente del libro es
que, sin ser explícita, la ambigüedad sexual está llevada de manera natural,
sin apologías ni vergüenzas, con las sutilezas propias del estilo narrativo de
Woolf. Además, la historia le permite ir describiendo como trasfondo los
sucesivos cambios que va sufriendo la sociedad inglesa durante ese período a la
vez que delinea una mirada burlonamente crítica del narrador biográfico de entonces
y del puritanismo victoriano, donde cuenta más el apego a los roles sociales y
la apariencia que las inquietudes que se suscitan en el interior de sus ciudadanos.
No obstante, hay una toma de
posición de parte de la autora. No es casual que Orlando escriba mediocres
poemas siendo hombre y, una vez surgida la transformación, la mujer se deshaga
de esos escritos y los mejore en calidad. Por otro lado, alza su voz contra la
imposibilidad de que, siendo el personaje una mujer, la sociedad no le permita
heredar los bienes ancestrales de su padre; una forma de protestar contra las
normas impuestas a las mujeres de su tiempo.
Disfruté del retrato
fidedigno de su época y la fina ironía de las líneas donde expresa veladamente
sus críticas a la sociedad victoriana (el cumplir con las formalidades del
matrimonio y la maternidad, entre otras), tanto como la adecuada incorporación
temporal de los descubrimientos científicos, los que vuelven más verosímil y sustancioso
al texto.
Aunque reconozco su
carácter ambiguo -muchas asociaciones homosexuales la idolatran y la consideran
poco menos que un icono de reafirmación sexual (sobre todo, lésbica)- no puedo
menos que pensar en que no sólo hace defensa de los derechos de la mujer, sino
también nos lega un mensaje mucho más esperanzador en el que el amor a la
poesía y las letras, la búsqueda de la felicidad y su realización en el amor
humano trascienden los géneros y el tiempo.
De estilo directo y
coloquial, el texto resulta por momentos enrevesado y requiere leerse sin
prisas. El travestismo shakespeariano
transita las páginas –el protagonista de As
you like it lleva el mismo nombre que esta obra-, y más allá de lo
simbólico, el personaje sólo alcanzará la inmortalidad gracias a la letra
impresa. Una obra para analizar, leer, releer y compartir opiniones.
Film
Sally Potter (Adventure Pictures, 1992)
Aun hoy la realización
de Potter convoca mi admiración. No solo por intentar ofrecer una versión a
tono con una novela cuya estructura narrativa impide ser plasmada en un guion
acertado, sino que, más allá de las licencias que todo director se toma al
optar por ciertas escenas, dejando afuera otras –una de sus potestades-, e
incluso habiendo cambiado el final, el film se apega bastante bien al conjunto
de la historia y mantiene el espíritu juguetón, paródico y por momentos sarcástico
que la autora inglesa transmite en sus páginas.
Hay alguna omisión notoria. La
importancia de la poesía y la literatura que Woolf exhibe en su texto está casi
totalmente ausente; solo se acude a ella cuando es funcional a la trama.
Varios son los aciertos. En
principio, la elección de Tilda Swinton –que, a pesar de ser mujer, encarna muy
bien la androginia- para el rol protagónico. Luego está el sorprendente
vestuario, que se adapta a los cambios de los siglos y geografías. Además, está
la música que Potter compuso con David Motion dejándola en manos del entrañable
David Bedford. Los exteriores de San Petersburgo y Uzbekistán componen un landscape memorable.
Otros puntos altos se encuentran
en haber dividido el film en secuencias con títulos introductorios –muerte, sexo,
poesía, nacimiento, entre otros- que acompañan a los años calendarios donde se
desarrollan las escenas; el uso de la mirada a cámara de la actriz, para
cambiar de escenario, y los primeros planos de los ojos de Swinton, verdadera
expresión de la profundidad de la mirada del personaje, que se debate entre la
naturaleza y la melancolía. El resto del elenco está a la altura de la puesta y
el argumento.
En suma, un film que indica que,
más allá de hombres o mujeres, todos somos personas; el dualismo de género es
una construcción artificial que obedece a conceptos educativos simplistas o
perimidos, a necesidades políticas o acuerdos institucionales que no tienen que
ver con la libertad del ser humano. La escena final –totalmente arbitraria- no
deja de corresponderse con las afirmaciones identitarias contemporáneas a la
película, rodada en 1992 y no en 1928, fecha del lanzamiento del libro. Para
disfrutar solo, acompañado, en familia o con amigos, una y otra vez.
Testimonio del Pelibro 42










