sábado, 26 de octubre de 2013

Murmullos descuidados. Un héroe de nuestro tiempo, Mijaíl Y. Lérmontov


Nórdica, 2007

            Siempre que puedo, abrazo con cierto grado de fanatismo cualquier novela de origen ruso que ande dando vueltas. Particularmente, aquellas que datan del siglo XIX y que, a lo largo de los años, se han hecho de una reputación bien merecida. No es fácil encontrar la presente, puesto que este título –si bien reconocido ampliamente- no suele ser incluido en catálogos de importantes casas editoras que destinan colecciones a literatura universal. Salvo unas pocas, la mayoría elude obra y autor. Afortunadamente, Nórdica ha rescatado del ostracismo –si no del olvido- un volumen considerado señero de las grandes novelas rusas de fines de aquel siglo y principios del XX.
            Esta novela relata las andanzas de Grígori Alexandrovich Pechorin, un joven oficial ruso quien, a principios de la década de 1820, es destinado a los territorios del Cáucaso –Chechenia, Georgia, Osatia-. Un narrador –que, supongo, es el autor- se vincula con el capitán Maxim Maxímich en medio de un viaje. Éste, propenso a contar anécdotas, refiere ciertos hechos que tienen como protagonista al oficial Pechorin, haciendo una semblanza del mismo y exponiendo su manera de ser y pensar. Con el paso del tiempo, el capitán y el narrador se reencuentran en otra aldea y tienen la suerte de cruzarse con el mismísimo Pechorin durante unos minutos. La frialdad expresada por éste respecto del capitán, lo incomodan tanto que decide dejar en manos del narrador una especie de diario que Pechorin había escrito con antelación y que el capitán guardaba celosamente. En posesión de esos documentos, nuestro autor nos narra otros hechos del personaje principal.
            El libro está organizado con un prólogo y dos partes. La primera contiene dos capítulos que resumen el encuentro de narrador y capitán y los sucesos relatados por éste, junto a un primer episodio del Diario de Pechorin. La segunda, incluye los últimos dos capítulos del Diario. Además, esta edición se acompaña de un prólogo de Vladimir Nabokov, que resulta nada despreciable para comprender la estructura de la obra y objetivos.
            De la lectura, se deduce que Pechorin encarna al joven inescrupuloso y arribista, capaz de alcanzar sus fines sin reparar en los medios a utilizar para conseguirlos. Así, se reconoce frío y calculador, con poca confianza en el género humano y sus emociones.
            Lo destacable es su estructura. Primero, un narrador habla con otra persona acerca de un tercero; luego, el segundo refiere al tercero y, por último, el tercero se hace narrador a través de un Diario. De esta manera, Lérmontov nos hace ir y venir en el tiempo, en una suerte de avance en espiral. Además, es sorprendente el peso que adquieren los ‘murmullos descuidados’ de los que, a lo largo del relato y en muchas oportunidades, los protagonistas se valen para ponerse sobre aviso de lo que se trama contra ellos.
             En estilo coloquial y fluido, el libro mantiene su solidez en base a relatos enlazados entre sí por medio de sus personajes, que alternan protagonismo en aras de sostener el equilibrio y la coherencia interna del mismo. Lérmontov no aborda un tema de actualidad mas, al desnudar en sus líneas los cambios que su sociedad reclama, no deja de ser una obra referente.

6 comentarios:

  1. Ahora ya sé tu agrado (fanático) por la literatura rusa del XIX. Y a continuación debo confesar, ¿me lo perdonarás?, mi ignorancia acerca de dicha literatura fuera de algunos autore clásicos como Chéjov, Gorki y, especialmente, Tolstoi (los tres a caballo con el siglo XX si no me equivoco que hablo de memoria).

    No conocía ni autor ni novela que reseñas, pero la anoto por si es posible encontrarla por aquí.

    Un abrazo!!

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  2. No me malinterpretes, Laura. Considero que la literatura rusa del XIX ha sido el producto más acabado de las letras como canal de expresión de la realidad social, donde la trama de la ficción se convierte, por momentos, en excusa para mostrarnos cómo se vivía en esos tiempos, rol que también ha sido utilizado por los escritores de la Rusia soviética.
    Pero corresponde más al 'siglo de la novela' - el XIX- que a las sociedades contemporáneas. Por eso alterno entre ambas. No tengo nada que perdonarte, por cierto. Sobre gustos... hay mucho escrito! Un beso grande para ti.

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  3. Pues iba a comentar casi lo mismo que Laura Uve, pero se me ha adelantado :) No es la novela rusa, ni del XIX ni del XX y si me apuras ni del XXI, una de mis "especialidades". No sé muy bien porqué, la verdad, porque los clásicos rusos que leí no me decepcionaron, pero por algún extraño mecanismo mental suelo evitar a los autores rusos. Sirva pues este comentario para arrepentirme e intentar reconducir este defecto literario (no es el único) que tengo. Si no es con este que nos recomiendas como obra referente o sea con otros. Pero este me lo anoto también.

    Gracias! Besos

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    1. Al menos, este espacio podrá permitirte -humildemente- hacerte llegar algunas de esas obras, con entusiasmo pero también con mesura. Éste es bueno; aunque hay otras lecturas más interesantes, del mismo origen. Gracias por darte una vuelta, Ana. Un beso para ti.

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  4. Te he echado de menos y he venido a verte! No sé por qué no me han actualizado tu entrada. Un libro que me encanta, me gustó mucho y más aún me gusta encontrarlo por aquí, todo lo que toque Rusia de la manera que sea me gusta y quizás sea eso lo que me entusiasma del libro, no diré que es una opera magna, tú lo dejas perfectamente nivelado pero me gustó. Un abrazo :)

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    1. Me ha pasado lo mismo, Yossi. Pégate una vuelta cada 5 o 6 días, porque es el período en que publico novedades. Me alegra saber que seguimos coincidiendo en nuestros gustos literarios. Lo cierto es que me pareció un buen libro, al que nadie le 'jugaba una ficha', si me entiendes. Todos leemos a Chejov, Tolstoi, Dostoyevski, y Turguenev, algo menos; pero Lérmontov... Y sin embargo, junto a Pushkin, son los pilares de lo que vino después... Un fuerte abrazo.

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