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jueves, 9 de octubre de 2014

Llegar tarde. El mundo de afuera, Jorge Franco


Alfaguara, 2014

         Leí unas líneas aparecidas en una revista cuando un jurado presidido por Laura Restrepo le otorgó el Premio 2014 de Novela de esta importante casa editora. Luego, recordé que el autor era el mismo de aquella ‘Rosario Tijeras’ –libro que no pude conseguir aun-, que hasta tuvo una puesta cinematográfica. Por una suerte de sustitución decidí comprarlo y, cuando estaba promediando sus páginas, Franco se acercó a esta ciudad a realizar la presentación de este título, a la que no pude asistir por razones laborales.

        Es una combinación entre historia de amor -si se quiere, no correspondido-, un secuestro extorsivo chapucero y el encierro que recrea una fantasía intermedia entre el cuento de hadas y el castillo de cristal. El Mono se enamora de Isolda siendo chicos aun, cuando ella se pasea dentro del jardín que posee el castillo donde vive, que su padre ha construido en las afueras de Medellín, Colombia. El único contacto que ella mantiene con el exterior son las salidas para proveerse de vestidos, siempre acompañada de su institutriz, encargada además de educarla, pues Isolda no asiste a la escuela regular.

            Pasado el tiempo, el Mono y sus secuaces, habituados al robo y al malvivir, deciden realizar el secuestro de Isolda. Pero llegan tarde; su padre ha decidido enviarla al extranjero. Entonces, el plan sigue su curso pero el objetivo ahora es él, don Diego.

            Con diálogos logrados, escenas costumbristas y una prosa fluida, Franco logra componer una novela tensa en la que abundan traiciones, mentiras y toda una gama de artilugios que condimentan el relato, sin eludir el espiritismo y la homosexualidad. Pero también refleja la realidad social de una Colombia dividida entre los dueños de los recursos de producción –o vinculados a ellos- y el resto de la población, que se debate en la pobreza; todo esto sin aludir al narcotráfico aunque, a pesar de la omisión, sobrevuela la obra entera.

            Ambientado en 1971 en medio de un Estado con participación militar, el autor intercala episodios que narran la historia de don Diego -desde su estadía en Berlín, donde descubre a quien sería su esposa, hasta su posterior establecimiento en el país-, con las circunstancias que viven cada uno de los personajes que acompañan al Mono en sus andanzas y los hechos que vinculan a ambos protagonistas.

           Destaco el equilibrio que mantiene la novela a lo largo de su contenido. Esa alternancia entre pasado, presente y actualidad de sus personajes principales le confieren frescura y suspenso hasta su desenlace final. La ilusión de crear un entorno ideal para un hijo, que no se vea contaminado ni amenazado por los sucesos exteriores; la tentación de la vida fácil y disoluta y la imposibilidad de prever el futuro –porque la vida no avisa lo que ha de ocurrir- hacen de ésta una novela entretenida y ligera, dotada de cierta dosis de humor y de una mirada perspicaz de la sociedad de su tiempo.