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sábado, 5 de abril de 2014

Huellas dactilares. Piezas en fuga, Anne Michaels


Alfaguara, 1997

          Lo puse dentro del morral al seleccionar qué libros llevaría en mis merecidas vacaciones. Dio la casualidad que Esther –quien descubrió este título- se comunicó conmigo por vía privada y me recordó que aun lo tenía pendiente. Sentí que era la ocasión de dejarme acompañar por otros lectores amigos, que me han sugerido algo más que buenos títulos y lecturas, y cargué con varias propuestas aparecidas en otros espacios.

            Jakob Beer, un niño de cinco años, juega con Bella, su hermana mayor, una noche de otoño de 1939, en las cercanías de las ruinas de Biskupin, Polonia. La irrupción de soldados alemanes que capturan y se llevan a toda su familia, sólo dejan un resquicio en una pared para Jakob, que tras largo deambular termina ocultándose en el barro de Biskupin. Allí lo encuentra y protege un arqueólogo griego, Athos Roussos, quien lo transporta a su casa -ubicada en una isla griega- y lo educa, en medio de mapas, libros, objetos de arte y piezas botánicas.

          El volumen se divide en dos partes. La primera narra las alternativas de Jakob y Athos desde su salida de Polonia hasta establecerse en Toronto, Canadá, a cuya universidad es convocado Athos para enseñar. El aprendizaje de idiomas –para lo que cuenta con especial habilidad- permite a Jakob encontrar un modo de ganarse la vida. Hacia la muerte de Athos, Jakob comienza a dedicarse a la poesía, que encarna la memoria de aquellos que se quedaron sin voz debido al horror nazi.


Anne Michaels en Bahía Tacul, Bariloche, Argentina

            En la segunda parte, Ben, un profesor de meteorología de origen judío en contacto con Salman -amigo de Jakob-, es enviado a rescatar los cuadernos que quedaron en la lejana isla griega, a la inesperada muerte de éste y de su esposa. Relatadas en primera persona las peripecias del viaje, unidas a la propia historia familiar de Ben –hijo de padres que sobrevivieron al Holocausto- y su admiración por la poesía de Jakob, la trama deriva en un reencuentro entre generaciones, donde el común denominador es la identidad, el sentido de pertenencia a una comunidad que, como una huella dactilar, imprime su sello allí donde vaya. Una huella en la que sus miembros se reconocen, independientemente de la geografía, el lenguaje y las fronteras.

          Escrito en estilo ameno y coloquial, el libro no omite descripciones de los hechos sucedidos dentro de los campos de concentración nazis, imágenes que pueden conmover y herir al lector sensible. Michaels, en base a investigaciones, ha sabido construir entre estas dos historias un puente que supera lo anecdótico y nos lleva a descubrir cuán importante puede ser la vida de otros seres en la propia cuando el pasado común se presenta como una marca de nacimiento.

            Una obra que no solo resulta agradable a la comunidad judía en general, sino que la humanidad que destilan sus páginas, con una multitud de frases que entrañan conocimiento y experiencias de vida, se ofrece a todos aquellos lectores que conservan en la memoria sus propias raíces.

             Una lectura que se disfruta mucho más si, en tono bajo mientras se lee, transcurren los acordes de la sinfonía n° 2, de Gustav Mahler, ‘Resurrección’. Nada más apropiado.