RBA, 1995
Este
es un clásico de la literatura universal que la mayoría de quienes lo han leído
lo sugieren como modelo de erotismo. Claro, escrito a fines de la Primera
Guerra Mundial –la Gran Guerra- no dudo que debe haber causado cierta conmoción
en la pacata sociedad inglesa de su tiempo, recién librada del puritanismo de
la era victoriana.
Es la historia de Constance Reid y
Clifford Chatterley, quienes se unen en matrimonio antes de que él se enrole en
la milicia, puesto que su pertenencia a la clase aristocrática lo obligaba a
ello. Al volver, mutilado e inválido, los esposos fijan su residencia en
Wragby, Midlands, un lugar poco propicio para vivir, con la cercanía de las
minas de carbón que los Chatterley han explotado desde siempre. Así las cosas,
la imposibilidad de consumar sexualmente el himeneo y la sombría perspectiva de
una vida sin heredero –cosa no menos importante para la familia- generan el
sitio propicio para un debate de fondo: ¿aceptaría Clifford el adulterio de su
esposa con el fin de engendrar un vástago? Si, con la condición de que no sepa
quién ha sido el responsable.
Pero Mrs. Chatterley, relegada al
papel de asistenta de un discapacitado, necesita darle cauce a su propia
sexualidad. El único varón existente en las inmediaciones es el guardabosque,
Oliver Mellors, separado y con una hija que vive con su abuela paterna. El
descubrimiento del sexo, la pasión y el amor en brazos de este hombre es el
argumento central que Lawrence desarrolla en esta suerte de triángulo amoroso
con visos de ‘adulterio consentido’.
La historia no solo se centra en los
tres protagonistas, sino que no faltan personajes secundarios que brindan el
marco de referencia apropiado para la narración. Tampoco está ausente la mirada
social, particularmente enfocada en la realidad pueblerina opuesta a la vida de
los mineros quienes, para ese entonces, veían disminuir sus ingresos por falta
de la explotación adecuada y el cambio del patrón tecnológico – productivo en
beneficio del novedoso petróleo.
Escrito en lenguaje fluido y
coloquial, el texto es dinámico y lineal. Lawrence construye la ficción en un
continuo contrapunto entre el sopor y aburrimiento que sufre su heroína en su
convivencia conyugal y la realización plena como mujer cuando comparte sus
emociones con su amante. Por ello, la novela destila un sutil erotismo en todas
sus páginas, con una pizca de clandestinidad necesaria para mantener la tensión
y una descripción equilibrada de las sensaciones, sin caer en obviedades ni en
mal gusto.
El tema hoy parece superado, con
todo lo que puede observarse en los culebrones que pululan en las pantallas de
TV. Sin embargo, el estilo literario aun conserva una reminiscencia de la gran
novela inglesa del siglo XIX, bien escrita y fiel reflejo de su tiempo. Un
libro interesante, sin dudas.