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lunes, 4 de septiembre de 2017

e-book 21. Intriga veneciana. Qui pro quo, Gesualdo Bufalino


Anagrama, 1992

I.
            He contado alguna vez que mi devoción por el género policial se agotó con Agatha Christie, de quien leí todos los títulos aparecidos en la Biblioteca Oro a lo largo de dos años, mientras me desempeñaba como pinche de mandados para un par de instituciones, con cuyos ingresos me costeaba mis estudios superiores. He vuelto a aquél de la mano de Bufalino quien, en este caso, rinde homenaje a la célebre creadora de Hércules Poirot, su detective estrella.

II.

             Estamos ante el caso de la muerte de Medardo Aquila, un director editorial al que el busto de Esquilo tallado en mármol, que pendía de una columna en un lugar veraniego de Venecia, se le desplomó encima, aplastando su cabeza. Acompañaban su descanso un grupo de familiares y amigos que se vuelven sospechosos al aparecer dos cartas del occiso que advierte de un posible asesinato.

Bufalino, por gentileza de Lectulandia

III.

          La persona encargada de la narración de los hechos es su secretaria, Esther Scamporrino, más conocida como Agatha Sotheby debido a su afición por los policiales. Y sus suposiciones, unidas a su pericia como lectora del género –y escritora amateur-, encaminarán las investigaciones del comisario de policía, no sin intercambiar algo por algo, como sugiere el título. La persistente presencia del muerto a través de los escritos y los posibles móviles de un crimen destacan sobremanera en un texto lineal, al mejor estilo de la autora inglesa.

IV.

        Con elementos propios del género –pistas falsas, conversaciones a medias, elucubraciones varias y toda una gama de artilugios-, Bufalino construye una ficción en donde todo parece ser de una manera y termina resultando de otra. Con estilo ameno, coloquial, escenas bien provocadas y un puñado de personajes un tanto estereotipados, la novela mantiene la tensión hasta el desenlace. Quizás no sea de lo mejor del maestro italiano, pero se disfruta como un buen policial.

jueves, 31 de octubre de 2013

Ser y parecer. Las mentiras de la noche, Gesualdo Bufalino


Anagrama, 1998

             Había leído algo acerca de la obra del autor cuando, en un puesto de libros usados sito en un parque, me puse a hablar con el librero una tarde de domingo y, entre otros menesteres, vaya sorpresa, tenía disponible un ejemplar de esta novela –que él mismo, en posesión de otro volumen no había leído-. Al pasar el tiempo, viéndonos periódicamente, nos fuimos preguntando recíprocamente sobre su lectura, con respuesta negativa de ambos. No quise esperar más.
            Cuatro condenados a muerte comparten su última noche en el calabozo de una fortaleza ubicada en una isla de la que resulta imposible escapar. Todos ellos, miembros de una conjura,  han intentado fallidamente atentar contra la vida del rey y han sido capturados. El responsable del cadalso les ofrece un salvoconducto: serán hombres libres si cualquiera de ellos escribe el nombre real del jefe de la conjura, que responde al epíteto de Padreterno. Para ello, arbitra un mecanismo de sufragio de manera de impedir conocer al delator. Antes de la ejecución, él vendrá por la urna para conocer su contenido.
            Acompaña a los reos –un aristócrata, un poeta, un estudiante y un soldado- un falso fraile que, habiendo padecido la tortura, será ejecutado junto a ellos la mañana siguiente. Es éste quien propone contar una historia que merezca ser narrada y que de sentido a sendas vidas, para abordar con hidalguía las largas horas de vigilia que preceden el final.
            Ambientada en el siglo XVIII en territorios borbónicos, en estilo coloquial y fluido, Bufalino se permite cuestionarnos acerca de la validez de la verdad. ¿Cuánta verdad hay en cada uno de esos relatos? ¿Son parte de la vida de sus protagonistas o tan solo sombras ficticias que sus febriles mentes han construido para confundir o entretener a los presentes? ¿Dónde concluye la verdad y dónde comienza la ficción? ¿o es que nada es real? Acaso no sea más que un juego de espejos, en el que ser y parecer intercambian sus roles. El contrapunto entre los narradores y sus reflexiones en una circunstancia tan extrema da paso a un fantástico final que cierra la novela.
            Es un libro breve aunque muy poético, con sólidos personajes perfectamente delineados y descripciones de sentires y emociones propias de seres humanos, que se disfruta mucho y nos deja pensando. Recomendable ciento por ciento.