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sábado, 21 de diciembre de 2024

Trilogía africana. 3. La flecha del dios, Chinua Achebe

Debolsillo, 2014

I.

               Con esta tercera novela concluye la Trilogía africana, que la casa editora ha reunido en un único volumen. Si en la primera se desplegaba la llegada del hombre blanco y el impacto cultural con la sociedad nativa, y en la segunda se ponía de relieve la realidad de aquellos nativos que, merced a su buen desempeño, lograban viajar y adquirir conocimientos en las sociedades occidentales, aquí se plantean las luchas religiosas en un clan, el influjo de los sacerdotes destinados a mantener los ritos en la sociedad tribal y la escalada del cristianismo.

II.

                El protagonista de la novela es Ezeulu, el sacerdote del dios Ulu, una de las deidades que tienen las aldeas que componen el país de Umuaro, en el Bajo Níger. En la cincuentena, con dos esposas y varios hijos, Ezeulu es el encargado de cumplir con los ritos de su dios y establecer el calendario de festividades, momentos de cosecha y siembra, etc. Un hombre perspicaz, gran observador tanto de su familia como de su entorno –en especial de sus opositores- y que se ha granjeado un reconocimiento de parte del capitán inglés Winterbottom, representante del Imperio en esa colonia.

III.

               El problema se suscita cuando la gobernación colonial decide convocar a Ezeulu para que sea parte de ella. El sacerdote se rehúsa y es encarcelado algunas semanas. Como su pueblo no ha exigido su liberación, una vez dispuesta Ezeulu decide vengarse y retrasar el momento de la cosecha, apelando a que no pudo cumplir su parte del ritual por estar privado de la libertad. Obcecado y sin escuchar razones –la pérdida de la cosecha, nada menos-, se deberá enfrentar a su pueblo que, ante la inminente hambruna, escuche las palabras de los cristianos, que ven una oportuna ocasión para que abandonen la religión tribal, incentivando la cosecha.

IV.

                El núcleo central de la trama es el rol de Ezeulu. ¿Hasta qué punto él es solo una flecha del dios Ulu, que parece castigar a su pueblo por no haberle sido fiel, o en qué medida se toma cierto desquite personal, usando el oráculo del dios en nombre propio? Por otro lado, las consecuencias serán capitalizadas por los cristianos que, permitiendo la cosecha, perdonarán a los paganos que se conviertan, con lo que dios y sacerdote pasarán al olvido.

V.

      De estilo fluido y coloquial, los personajes están bien delineados y construidos psicológicamente. Todo el texto está plagado de aforismos tribales que refuerzan las miradas de sus protagonistas y exponen las enseñanzas aprendidas por el pueblo a través de la experiencia de vida –que semeja a los refranes de Sancho Panza en El Quijote-. De los tres libros, es probable que éste sea el que mejor refleje los conflictos personales y religiosos de la sociedad tribal. Necesaria lectura para quien se precie de ser buen lector.

 

jueves, 8 de agosto de 2024

Trilogía africana. 2. Me alegraría de otra muerte, Chinua Achebe

Debolsillo, 2014
 I.

               En este segundo volumen de la trilogía nos adentramos en otra realidad africana: la de quienes tienen la oportunidad de prepararse en el exterior y vuelven a su tierra. Y lo hacemos de la mano de Obi Okonkwo, nieto del protagonista de la novela anterior. Obi es hijo de Isaac, quien abandonara su casa y tribu al convertirse al cristianismo. En esta ocasión, la historia se traslada hacia mediados de los años ’50, poco antes de proclamarse la independencia del país.

II.

                La novela se inicia con un juicio a Obi, cuya condena está al caer. Este joven era una promesa de los habitantes de Umuofia, la aldea familiar, que gracias al empeño y dedicación en sus estudios le permitieron alcanzar una beca para estudiar en Inglaterra, facilitada por la Unión Progresista, entidad cuyo fin principal es lograr instalar en el gobierno a su gente, de manera de forzar la salida del colonialismo. La beca no es gratuita: una vez que el becario regresa a su tierra, debe devolver lo invertido por la Unión, en cuotas.

III.

               Apenas llega, y tras la celebración popular de sus estudios –que debieran haber sido en derecho y fueron en filología inglesa, desairando los mandatos tribales-, consigue un puesto de funcionario auxiliar, con un ingreso importante. Habiendo estado ausente cuatro años y absorbiendo la cultura occidental, Obi intenta alcanzar las aspiraciones de todo joven: tener un auto, conseguir una novia y disfrutar de la vida. Pero el reclamo familiar no se hace esperar y tampoco el recordatorio de su deuda. En su desconocimiento, va cometiendo error tras error y endeudándose cada vez más. La única salida que le queda es la que utilizan los funcionarios de Nigeria: aceptar sobornos.

IV.

                Así, Achebe nos presenta a un joven inexperto, que no responde ya ni a los cánones de sus ancestros ni tampoco a la realidad sociopolítica de Lagos, Nigeria, pues retorna embebido en los valores propugnados por el capitalismo occidental. Es decir, en su tierra Obi es un paria. Para colmo, la joven con la que se compromete pertenece a un estrato igbo incompatible con su familia. El desarraigo, los mandatos sociales y familiares a los que hay que responder, sin incurrir en la deshonra, y la incertidumbre de cómo actuar en un medio social desconocido son el leit motiv de esta novela.

V.

                Con estilo directo y prosa fluida, diálogos jugosos y personajes bien delineados, el autor ofrece un cuadro de época: los problemas de la generación que comenzó a prepararse en el exterior y regresa a un África aún colonial, donde la corrupción estatal está extendida y los va cercando lentamente, aun a quienes se resisten. Una novela breve, con mucho poso para meditar.

jueves, 25 de abril de 2024

Trilogía africana. 1. Todo se desmorona, Chinua Achebe

Debolsillo, 2014

I.

               Lo pesqué apenas apareció; en las librerías duró lo que un suspiro. Junto con Thiong’o, el autor sonaba como lo más representativo de la novela africana contemporánea. Una amiga antropóloga me contaba que lo más difícil de lograr es no idealizar la cultura tribal contra el colonialismo occidental, pues también las tribus han tenido luchas intestinas sangrientas. Empujado por otra amiga lectora, decidí sacarlo del tótem de pendientes después de diez años.

II.

                Esta breve novela narra la historia de Okonkwo, un miembro reconocido y respetado de Umuofia, una de las nueve aldeas que componen el clan igbo en el Bajo Níger. Ambientada poco antes de la llegada de los blancos, Achebe describe la vida cotidiana del protagonista y su entorno social y familiar. Okonkwo tiene tres esposas y numerosa cantidad de hijos. Es un ser parco y violento, tanto con las mujeres como con los demás. Su carácter se forjó para diferenciarse de su padre, un ser más dado a la plática que al trabajo, que condenó a su familia a deudas y penurias.

III.

               Un trágico accidente involuntario lleva a Okonkwo al destierro fuera del clan, refugiándose con su prole en terrenos de su ascendencia materna, a lo largo de siete años. Visitado por uno de sus amigos, se entera de los cambios suscitados en las aldeas con la llegada del hombre blanco y, junto a ellos, de los misioneros cristianos, cuyas enseñanzas están en clara oposición con los rituales ancestrales de la tribu. Así, el enfrentamiento queda planteado, con un fuerte desenlace.

IV.

                Destaco la estructura del texto. Dividido en tres partes, en la primera se narra la vida tribal, con sus tabúes, ritos y creencias. Achebe no elude la violencia ejercida por Okonkwo sobre sus esposas y adversarios, como tampoco los detalles sociales. En la segunda, se describe el exilio en la aldea materna y en el tercero, la despedida y el regreso a la propia. Además, exhibe magníficamente tanto el accionar de los misioneros evangelizadores como la presión que las leyes y las armas de la sociedad blanca dominadora ejercen sobre los miembros aborígenes.

V.

                En un estilo directo, ameno y coloquial, la novela va ganando en tensión con el transcurso de las páginas. La incomunicación que se establece entre los recién llegados –que nada entienden de la vida del clan, y su soberbia civilizadora les impide consideración ninguna- y la cultura ancestral que, en aras de no crear conflictos innecesarios, se avienen a dejarles hacer, en la inocente creencia que no influirán demasiado en la vida tribal, se vuelve el nervio conductor hacia el final del libro. Una obra que no se regodea en el pasado histórico ni acusa culpablemente al hombre blanco del choque de civilizaciones. Lectura más que recomendable.