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sábado, 22 de septiembre de 2018

El poder del miedo. El orden del día, Éric Vuillard


Tusquets, 2018

I.

            Venía precedido de comentarios encontrados. A algunos lectores les parecía una propuesta original, abordando un momento especial de la historia del nazismo; a otros, les resultaba algo inconexo e inacabado. Como se quiera, el debate había comenzado y, dado el tenor del contenido, no deseaba quedarme fuera del mismo.

II.

            Mucho se ha escrito acerca del partido nazi en el poder. Hasta hoy se siguen detallando sus horrores, sus métodos e idiosincrasia. De igual manera, sabemos que los nazis anexaron Austria sin disparar un solo tiro, ante la atónita mirada de Francia e Inglaterra, que negociaban con el poder alemán en una política de apaciguamiento –una expresión poco feliz de lord Halifax, que encubría el temor a la guerra-. Pero, ¿cómo se gestó su llegada al poder?, ¿cómo Hitler logró persuadir al tirano católico que gobernaba Austria para que le cediera el territorio?

III.

            El libro abre con una reunión: la del 20 de febrero de 1933 en el palacio del presidente del Parlamento alemán. Allí, veinticuatro representantes de la industria, las finanzas y el comercio se iban a encontrar con el canciller, Adolf Hitler. Éste garantizaría mano de obra barata y el fin de la lucha con los sindicatos a cambio de dinero para la campaña de ascenso al poder. Ni decir que estos hombres desembolsaron millones inmediatamente. Luego, sigue con la otra reunión, que tiene lugar en la segunda casa de Hitler, el Berghof, en febrero de 1938, cuando se reúne con el canciller austríaco Schuschnigg en vísperas del inminente Anschluss. Intimidación y guerra psicológica parecen haber sido las estrategias utilizadas en este caso. Y finalmente, la otra reunión se desarrolla en casa de Chamberlain con motivo de la despedida del embajador von Ribbentrop al ascender a canciller, justamente el día en que Hitler invade Austria, una maniobra distractiva perfecta. No, ninguna de estas reuniones figuraban en el orden del día de nadie.

IV.

            Con escasos elementos tomados de la Historia y un puñado de acciones posibles –algunas de las cuales no sobrepasan el terreno de la mera conjetura-, Vuillard plasma una novela breve sobre el ascenso del nazismo, sus ansias de dominio y, fundamentalmente, sobre el poder del miedo al enfrentamiento, que sólo logró posponer la guerra, no evitarla.

V.

            De prosa sólida, precisa, Vuillard no elude las consecuencias: entre ellos, la ola de suicidios debida a la invasión; hasta se burla del ejército alemán al que tilda de inoperante al inicio de las acciones, con una actuación más propia de Hollywood que de orden marcial. La lectura resulta fluida porque hace uso de viajes en el tiempo y adelanta el final de algunos personajes en la horca de Nüremberg en octubre de 1946. Bien narrado, el libro se devora en horas. Para leer y releer.