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sábado, 22 de junio de 2019

Sensaciones. La primavera llegó en un carro tirado por caballos, Riichi Yokomitsu


También el caracol, 2019

I.

            Leí un comentario en una revista y lo apunté. Siendo el autor amigo de Kawabata no podía dejarlo pasar. Para colmo, el volumen era breve. Lo encontré en una librería donde comparten espacio títulos de editoriales de escasa tirada o, como es el caso, noveles que se lanzan al albur del éxito de ventas, basadas en textos marginales o de autores poco difundidos. La presente es una traducción local y un esfuerzo importante realizado por amantes de las letras orientales.

II.

            El libro está compuesto por cinco relatos de diferente extensión. Las preocupaciones por la vida de una sobrina recién nacida, por parte de un tío adolescente que se enamora de ella; las diversas historias por las que cinco pasajeros desean abordar con premura una carreta que los conduzca a la ciudad; la desesperación de un joven marido que ve apagarse la vida de su esposa; los recelos mutuos de un par de dependientes por robar la fórmula de un colorante que los haría ricos y la fuga de un grupo de trabajadores -que han sido estafados por su empleador- por salir de su hospedaje sin pagar no parecen tener un hilo común. Sin embargo, Yokomitsu captura las sensaciones, las elucubraciones de los personajes, los motivos y las acciones construyendo algo así como una literatura de la percepción.

III.

        Con diálogos afilados, protagonistas bien delineados psicológicamente y escenas que alcanzan un lirismo sin par, en el estilo oriental habitual pero con buen ritmo narrativo –raro para textos de origen nipón escritos entre 1921 y 1931-, Yokomitsu nos cuestiona cuánto de lo que percibimos termina siendo como lo suponemos y en qué medida somos los únicos artífices de lo que acaba por ocurrirnos.

IV.

            El texto se acompaña del Obituario de la muerte del autor -acaecido en 1948-, escrito por Yasunari Kawabata, en un sentido homenaje a quien fuera su amigo, y de un Estudio Preliminar a cargo de Miguel Sardegna, que sugiero leer a posteriori porque sus líneas develan gran parte de cada historia. El único baldón es que la presente traducción utiliza giros y modismos propios del lenguaje local con lo que, en aras de una mejor llegada al público nacional, restringe en cierta medida al resto, nada desdeñable, de habla hispana. Aún así, es buena ocasión para incursionar en él.