Mostrando entradas con la etiqueta Andréi Biéli. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Andréi Biéli. Mostrar todas las entradas

sábado, 18 de noviembre de 2017

Tríptico Oriente u Occidente. Infancia mágica. 3. Yo, Kótik Letáiev, Andréi Bieli


Nevsky Prospects, 2010

           Una de las obsesiones de la intelectualidad rusa del siglo XIX era el debate acerca de si Rusia era una nación europea o asiática. Dostoievski supo resumir el dilema en esta frase:

‘En Europa somos segundones y esclavos, pero en Asia somos los amos. En Europa somos tártaros, pero en Asia también somos europeos.’

            Esta disyuntiva fue la que inspiró el trabajo del autor.

          Este último volumen del tríptico que Bieli nos propone tiene un carácter más personal e intimista que los anteriores, más ecuménicos. El protagonista –una suerte de alter ego de Bieli- intenta bucear en la prístina memoria personal para rescatar elementos de su propia infancia y del entorno familiar y social que lo rodeaba.

            En su derrotero, que abarca los primeros años de vida, comienza como si la mente pudiera evocar estados de conciencia desde el nacimiento, llegando a la apropiación del Yo y a la diferenciación de los otros. Para ello, se vale de lo que la imaginación infantil puede crear en base a sombras, sospechas, miedos niños y otras fantasías de origen irracional, propias del inconsciente. Luego, da paso a la asunción de significado de elementos cotidianos: las habitaciones, las personas. Por último, refleja las impresiones que un niño de cinco años posee a la hora de representar el mundo circundante.

            En sí, el libro alude a una infancia mágica, plena de escenas familiares donde un padre matemático –que encarna la filosofía occidental- y una madre, de origen asiático, de singular belleza se erigen como los acompañantes centrales del protagonista, junto a un puñado de allegados –la criada, las institutrices, los amigos, etc.- con los que ese Kótik –gatito, en ruso; apodo que su madre destinó al propio Bieli- va haciendo sus primeras experiencias de vida.

         Ambientada en la Rusia zarista, repartida entre San Petersburgo y Kasianovo, Bieli ofrece una singular mirada de cómo un individuo asume su toma de conciencia a partir de los opuestos que aportan sus progenitores. Con una prosa precisa aunque algo fragmentada, el autor construye, en una espiral expansiva, una obra personal que abreva en la psicología y en la historia social.

            Finalmente, las tres novelas que componen este tríptico enfocan distintos aspectos de esa conjunción euroasiática que ha hecho de Rusia y su gente un conglomerado plurinacional con identidad propia. Una obra literaria necesaria para comprender mejor la historia rusa.

Testimonio del Tríptico

miércoles, 8 de noviembre de 2017

Tríptico Oriente u Occidente. Vientos de cambio. 2. Petersburgo, Andréi Biely

Akal, 2009

         Al parecer, nadie había recalado en esta novela hasta que V. Nabokov la incluyó entre las cuatro más representativas del siglo XX -a su criterio-, acompañada nada menos que del Ulises (Joyce), Metamorfosis (Kafka) y la primera mitad de En busca del tiempo perdido (Proust).

         Y es verdaderamente descomunal. Primero, deseo prevenir al lector interesado. Existen dos traducciones en el mercado, que responden a sendas versiones. La primera fue publicada durante 1913 – 1914, mucho más extensa. Luego, el autor recortó su propio trabajo para hacerlo más dinámico, con lo cual la obra se volvió más inteligible, a costa de perder vuelo literario. La presente, de más de setecientas páginas, obedece a la inicial. Para comparar, utilicé una versión digital de la segunda (bajo el sello de Alfaguara)… y no hay atisbo de comparación.

         La novela se ambienta en San Petersburgo alrededor de 1905 y abarca algunos meses del mismo. Biely coloca a sus personajes en un período de efervescencia política. El argumento es bastante simple: Apolón Apolónovich Ableújov es un funcionario de la autocracia zarista, responsable de hacer llegar a los confines del Imperio sus decretos y, por esa razón, un hombre impopular. Con algo más de sesenta años de edad, cuenta con un único hijo en la veintena, Nikolái, con quien mantiene escaso diálogo y sospecha que es un opositor político. Su esposa, Sofía Petrovna, lo abandonó tres años atrás para vivir un romance con un artista italiano. Nikolái, un introvertido estudiante kantiano, debido a una promesa formulada en un arrebato pasional recibe un encargo difícil: debe hacer estallar una bomba en los aposentos de su padre.

            En rigor, es una novela poliédrica. Desde el punto de vista literario, hay una realidad dialéctica que opone al hijo contra el padre (recuerda al Turguéniev de Padres e hijos y al binomio Bloom/Dedalus del Ulises); al orden zarista contra el caos revolucionario; a la ciudad contra las islas aledañas; a la geometría contra la niebla y esa linealidad de la avenida Nevsky –propia de una construcción occidental- con el acontecer zigzagueante de sus habitantes, que asumen una protección fetiche a través de la estatua de Pedro I el Grande –El jinete de bronce, según Pushkin-.

            Además, el entorno pantanoso de la geografía, con sus vapores mefíticos, es el caldo de cultivo de percepciones oníricas donde los objetos se corporizan y despiertan fantasías en las mentes de sus protagonistas. El trasfondo social –de lucha colectiva y reivindicación- subyace en toda la obra, con una atmósfera de muerte que refleja el final de un ciclo y el despertar de otro. Son esos vientos de cambio los que soplan a lo largo de las páginas. La necesidad de dar una respuesta a los oprimidos, alcanzar una cuota mayor de bienestar y adentrarse en el capitalismo en el que las otras potencias europeas ya habían ingresado.

            Con cierta dosis de ironía, misticismo –ya presente en el trabajo anterior-, crítica social y esperanza de renovación, Biely construye una obra que lo excede; a nivel de lo mejor escrito en el siglo XX. Fluido aunque algo enrevesado, con repeticiones que podrían haberse evitado, el libro se disfruta mucho. Para leer con tiempo y sin prisas.

domingo, 29 de octubre de 2017

Tríptico Oriente u Occidente. Delirio místico. 1. La paloma de plata, Andréi Biéli


Laetoli, 2007

          Ante la crítica de su tiempo, que acusaba la falta de conclusión de algunos de sus personajes de la obra, dicen que el propio autor fue quien explicó que se trataba de una trilogía, siendo ésta la primera de ellas -aunque las que la siguieron nada tuvieron que ver-. No obstante, estimé oportuno encarar estas novelas de Biéli (o Biely), un escritor poco difundido entre nosotros pero muy reconocido en su país. Parece que la casa editora se contagió de Biéli: anunció en la contraportada la consecución de la totalidad de la trilogía… pero sólo editó la presente.

            Ambientada en la Rusia zarista de principios de siglo XX, es la historia de Piotr Darialski, un joven introvertido, algo voluble, quien pasa los últimos dos veranos en Tselebeyevo, una aldea rusa a medio camino entre Gugolevo –al oeste- y Lijov –al este-. Se ha enamorado y prometido a Katia, la nieta adolescente de la baronesa Todrabe-Graaben quienes viven en Gugolevo. Pero en la misa dominical del pueblo queda prendado de una mujer atractiva y desenfadada, Matriona, la mujer del carpintero Kudeyárov y decide acercarse a ellos, sin saber que éste es el líder de una secta clandestina –Las Palomas- que espera la llegada de un nuevo Mesías.

            El envejecido carpintero alienta el vínculo entre Darialski y Matriona con el fin de que ésta quede preñada y traiga al mundo al anhelado Mesías. Para ello, invita al joven a vivir con ellos. Darialski, al poco, se da cuenta de que Matriona y también él están bajo el poder de Kudeyárov e intenta abandonar a la pareja y a la secta. Pero los sectarios ven el peligro que genera su renuncia y deciden actuar.

          Rescato dos planos importantes de la novela. Primero, la evolución del protagonista moviéndose desde el oeste hacia el este. Darialski debe visitar a Katia en Gugolevo, donde todo recuerda el carácter occidental de una Rusia burocrática y de ideas perimidas, agotadas, sin futuro (la descripción del lacayo y de su servicio a la baronesa es bien elocuente). Su derrotero hacia Lijov, donde se realiza el ritual de Las Palomas, viene enmarcado por una niebla, con caminos que alternan incertidumbre y una amenaza creciente, en clara alusión al desconocido Oriente. El otro, es la brillante descripción del ritual, en los que se integran no solo las imágenes propias de una liturgia sino que se acompaña del uso apropiado de los colores, que potencian la fuerza escénica.

           Con un estilo frontal algo repetitivo y un puñado de personajes secundarios que aportan el carácter dramático necesario, Biély construye una atmósfera simbólica en donde la tensión crece a cada página, con el contraste entre ese joven pasional aunque ingenuo y el fanatismo religioso revestido de delirio místico. Una obra que pocos conocen; muy interesante.