I.
Fue una sentida reseña la que disparó su
búsqueda, hace ya muchos años. Debí esperar largo tiempo hasta su arribo a
estas costas, y tras eso, el ejemplar debió esperar también lo suyo hasta que
me inclinara por él. De hecho, lo había seleccionado junto a otros títulos para
proponer a un ínfimo grupo de lectores, sabiendo que habría de agradar. La inesperada
disolución del mismo me privó la experiencia de compartirlo, pero no revocó mi decisión
de encararlo.
II.
El título de marras lleva el nombre de su
protagonista, una niña de once años que vive en el Big Sur norteamericano.
Afortunadamente, ha podido dejar atrás una infancia trágica: el suicidio de su
madre, un padre alcohólico y maltratador y parientes que solo la refugian por
días, cuando no le dan la lisa espalda. El hallazgo de una nueva mamá que la cobije y le permita crecer en un entorno más
adecuado se conoce desde el principio de la novela. Entonces, ésta narra las
peripecias de todo lo acontecido previamente hasta llegar a ese final feliz.
III.
El texto cuenta con varios aciertos,
comenzando por la construcción de la protagonista. Por un lado, Ellen es una
niña bastante despierta, muy curiosa e inteligente, capaz de enfrentar el
desarraigo y las desigualdades sociales con éxito y salir fortalecida después de
lidiar bajo circunstancias adversas. Por otro, si bien hay cierto juicio de
valor sobre la moral, la frescura con que Gibbons ha dotado a Ellen en sus
maneras de expresarse compensan largamente cualquier sesgo aleccionador. En su
voz, tan infantil como nítida, resuenan otros personajes de novelas de
iniciación.
IV.
Además, la narración aborda el estado
de marginación, las diferencias de clase y la segregación racial con cierta
altura. No es menor que su mejor amiga sea una niña negra, por quien sus propios
padres se desviven, mientras que en su derredor blanco –supuestamente superior- campean la hipocresía y la
disfuncionalidad.
V.
De estilo ameno y coloquial, con
diálogos bien provocados y escenas que contrastan –algunas duras, otras
tiernas, pero siempre sin golpes bajos ni de efecto-, y acompañada por un puñado
de personajes secundarios que refuerzan la solidez del relato, Gibbons ofrece
una obra sobre la resiliencia y la irrenunciable necesidad que todos tenemos –más
un niño- de sentirnos incluidos, de pertenecer a un núcleo humano, familiar o
no. Una lectura entretenida, tan emotiva como luminosa.







