Adriana Hidalgo, 2019
I.
Apenas lanzado al ruedo, lo
apunté por dos razones: la buena experiencia previa con otra obra de la autora
y el anuncio de que la trama recorría nada menos que la convulsa historia de
nuestro pasado reciente. Habiendo dedicado más tiempo al estudio de la historia
contemporánea argentina que a la literatura, me preguntaba cómo encararía Dimópulos
una ficción sin caer en el amarillismo panfletario ni en la mirada escatológica
de esa sociedad. La irrupción del encierro sanitario del año 2020 la
postergaron hasta la fecha.
II.
La novela cuenta con dos
protagonistas de exclusión. La narradora, una mujer en la medianía, con un hijo
que vive en el exterior y con otro con el que no se trata, ambos adultos, sale
en busca del paradero final de Lila, una prima algo mayor, que hacia mediados
de los pasados años ’70 decidió enrolarse en la militancia activa para hacer la Revolución Socialista como
miembro del Partido Revolucionario de los Trabajadores y su brazo armado, el
Ejército Revolucionario del Pueblo (PRT-ERP).
III.
Su curiosidad se ve espoleada ante el silencio
familiar de quienes conocían a Lila, como si todos se hubieran puesto de
acuerdo en realizar un forzoso olvido, desterrando de sus mentes a aquella loca quien, como tantos jóvenes de su
tiempo, fueron combatiendo, primero, el origen de las desigualdades –las empresas
capitalistas- y las instituciones represoras al servicio de éstas, después, ejerciendo
la lucha armada. Algunos dicen que está muerta; otros sostienen que se halla en
el exterior, exiliada. Para la narradora, solo se puede salir de dudas consultando
documentos de la época y haciendo contacto con otros supervivientes que la
conocieron o trataron.
IV.
Destaco la estructura en que se
presenta la historia en el texto. A medida que el lector se adentra en la
investigación de la narradora, Dimópulos alterna sabiamente el acontecer de
Lila y su deriva militante, de manera que la tensión narrativa se reparte entre
los sucesos de aquellos años y los que tienen lugar en tiempo presente, tras
los testimonios que su protagonista recoge. Así, hurgando en los albores de una
Revolución que no fue, ambas historias se solapan hacia el final, cuyo
desenlace sorprende al desprevenido.
V.
De estilo directo y coloquial, trepidante y siempre amena, la novela cierra con un profuso listado de material bibliográfico utilizado por la autora en su construcción. A escasos días de cumplirse el medio siglo del golpe militar que acabara con la vida de miles de personas, sirva esta lectura como un ejercicio de memoria sobre quienes, persiguiendo un ideal, ofrendaron su vida en aras de una sociedad más justa. Recordar el horror hace más difícil que se repita.









