I.
Fue un contrapunto durante un programa de TV
basado en un juego literario el que ameritó su adquisición. En esa ocasión, los
títulos propuestos abordaban desde distintos ángulos el tema de la belleza. Pasó
mucho tiempo hasta que tomé contacto con una entrevista al autor donde
comentaba lo curioso del caso: no hay ninguna referencia –ni ningún personaje
en su interior- que justifiquen su título. Su explicación rondó sobre su intento
de recrear la mitología griega, donde las diosas juegan roles destacados, casi
siempre provocando cambios irreversibles.
II.
Esta colección de nueve relatos se divide en
tres partes, que incluyen igual número en cada una de ellas. La primera, Maldita moda, aborda ese
mundillo tan deletéreo como despiadado que componen mujeres de belleza
escultural –a veces, inteligentes; la mayoría, anodinas- junto a fotógrafos
reconocidos que intentan captar algo del charmé
y del allure que aquellas puedan
entregar a la cámara, tanto en interiores como en exteriores –y los riesgos de
exponerse a semejante belleza-.
III.
Luego, cambia el registro y nos internamos en Revolución, donde el nervio conductor
son mujeres que despiertan la sexualidad y su carga erótica, ya sea de un
puñado de alumnos; de una pareja mal avenida o de un líder de masas que parece
no poder contenerse. Finalmente, en Hombres
equivocados flamea una única bandera: la de aquello que no tiene futuro, o
solo un futuro incierto: lo que quedó en el pasado junto a la imposibilidad de
evaluar lo que se nos avecina.
IV.
Es de destacar que este eclético –cuanto
menos- conjunto de cuentos tiene como protagonistas un puñado de mujeres bellas
que, al hacer aparición, ponen en duda la solidez de aquello que las rodea. Los
hombres titubean, se fastidian, acrecientan su deseo o simplemente lo
experimentan; la perturbación que provocan son la sustancia que sostiene cada
uno de los relatos. Mención especial es la ficción que Olguín nos entrega sobre
un triángulo amoroso compuesto por Robi Santucho, líder del PRT – ERP, su mujer
–Sayo- y su amante –Clarissa-. Puede o no ser del gusto lector pero, cuanto
menos, bordea la sana irreverencia.
V.
De estilo coloquial, fluido todo
el tiempo y con escenas y descripciones siempre fidedignas, Olguín construye
una obra que rescata el espíritu de las diosas griegas, capaces de modificar el
entorno con un abrir y cerrar de ojos o, simplemente, despojarse de sus
vestiduras. En suma, un conjunto bien balanceado que habrá de ganar adeptos
lectores.







