lunes, 17 de junio de 2019

Versión Original 22. Niels Lyhne, Jens Peter Jacobsen


Acantilado, 2003

           Rescato del recuerdo un título grato a mi formación lectora. Ha pasado casi una década de su lectura y aún evoco ciertas escenas y diálogos de él. Por ello, quiero ofrecer en esta ocasión mis antiguas líneas acerca de un libro que guardo entre los mejores que he leído. Ojalá ellas sean capaces de disparar la curiosidad de buenos lectores que aún permitan emocionarse.


            Había leído una frase incluida en este título en la que se hacía referencia al talento que poseen los jóvenes que, una vez superado el período de la juventud, lo pierden al igual que a éste. La misma resuena toda vez que me encuentro con algún antiguo conocido con quien otrora compartimos tareas o proyectos y nos ponemos al día acerca de lo que han deparado aquellos viejos sueños y anhelos. Por otra parte, tuve que insistir varias veces a un librero amigo para que me allegara un ejemplar, porque parecía casi saldado. Afortunadamente para ambos, quedaba alguno en los anaqueles.

            Es un libro vibrante, extremadamente sensitivo y comparable al Werther, de Goethe -o Peer Gynt, de Ibsen-, donde se narra la historia de este descendiente de una acomodada familia danesa, propenso a dejarse fluir con la vida. Ambientado a fines de siglo XIX, Lyhne va descubriendo la amistad, el arte, la poesía, el amor, el desengaño, toda una gama de vínculos y pasiones humanas unidas a los altibajos que la vida le va mostrando a cada paso.

            Lo maravilloso del texto es la fluidez y el estilo poético del relato. Jacobsen abunda en sutilezas del lenguaje, giros y expresiones de hondo contenido emotivo para delinear a los personajes que acompañan a su protagonista. A la vez que los construye, los hace partícipes de la trama en que se desenvuelven con tal maestría, que el conjunto se vuelve un todo indisoluble.

            Lyhne encarna esa juventud destinada a sentir, soñadora, dotada de una cuota no despreciable de ingenuidad, sin maldad ni codicia ninguna. Como si todo fuera un lento transcurrir desde el nacimiento hasta la muerte sin otra virtud mayor que la de amar la vida por encima de todas las cosas, a flor de piel. Los amores y las muertes se suceden unas a otras, tanto como la felicidad y el desencanto. Pero se viven naturalmente, sin rencores ni euforias.

            En suma, una obra plena de emoción y romance, cuya lectura acompañada de una luz tenue y el susurro de los “Preludios”, de Claude Debussy –entre otros posibles- la convierten en un deleite más que gozoso. La recomiendo para todo aquel que aun se reconozca a sí mismo como un ser sensible.

miércoles, 12 de junio de 2019

Épica renacentista italiana. Orlando furioso, Vol. 1, Ludovico Ariosto


Cátedra, 2002

I.

            Era una cuenta pendiente desde que un colega me lo recomendara y lo comprara a su consejo hace casi dos décadas. Desde entonces esperó hasta hoy. Soy consciente de que una reseña no debiera entregarse por partes, pero debido a la extensión –más de tres mil páginas- me tomo esa licencia. Máxime, cuando la lectura de este primer volumen me ha ocupado parte de todos los sábados y domingos del año en curso. Imagino que otro tanto ocurrirá con el restante.

II.

            Las fuentes en las que abreva el Furioso son, naturalmente, el Orlando Innamorato, de Boiardo; las Églogas y la Eneida, de Virgilio; el Cancionero, de Petrarca; las Metamorfosis, de Ovidio y la Commedia, de Dante Alighieri, entre otras menores. La influencia ejercida por el texto puede hallarse en el Carlo famoso, de Zapata; La Araucana, de Ercilla y, por supuesto, en el Quijote, de Cervantes. Afortunadamente para el profano, esta edición es profusa en citas a pie de página, que revelan origen y alternativas presentes en obras posteriores, como también aclaraciones sobre la traducción del original.

III.

            Basada en el Cantar de Roldán –Orlando, en italiano-, Ariosto retoma el tema de la caballería de aventuras, la defensa del catolicismo, la caballerosidad de los paladines, entre amores, hechizos, batallas, y justas que prueban el temple de los personajes que, en grado sumo, se dan cita en sus páginas. Porque no sólo es el devenir de Orlando y su amada Angélica, sino también de Reinaldo de Montalbán y un puñado de otras figuras menores que sazonan el relato.

IV.

            Ambientada en el siglo VIII, en el asedio sobre la Francia de Carlomagno por parte de los sarracenos, todo el poema –en verso, tanto como su traducción a cargo de Urrea- es una defensa del cristianismo contra el Islam, matizado con historias personales que hacen a la visión épica propia del Renacimiento, cuando Ariosto la escribió, ca. 1530. El poema se estructura en cuarenta y seis cantos –veintitrés en este volumen- escritos en octavas y pueden apreciarse tres planos: el amoroso, que ocupa los primeros trece cantos, da paso a la epopeya carolingia y a fábulas que laudan a la casa de Este, de los duques de Ferrara, mecenas de Ariosto a quienes está dedicado.

V.

            Destaco el estilo narrativo que ha elegido el autor. Cuando considera que ha de aburrir, cambia y centra la historia en otro episodio, al igual que los típicos culebrones contemporáneos. Además, ironiza al hombre racional que la tradición medieval encomiaba. Ariosto se permite incluir la pasión lujuriosa, el deseo y el desatino en los adalides –Orlando está furioso (perdió la cordura, loco de celos y rabia por la infidelidad de Angélica)-, burlándose así de la solemnidad presente en todo cantar de gesta. Un libro atractivo e inconmensurable.

viernes, 7 de junio de 2019

Renacimiento. El viaje vertical, Enrique Vila-Matas


Debolsillo, 2015

II.

            Federico Mayol, exitoso y adinerado empresario catalán, nacionalista, de convicción católica y padre de tres hijos, al día siguiente de celebrar sus bodas de oro es expulsado de su casa por su esposa –quien desea descubrir quién es ella-. Con setenta y siete años, tras constatar la frialdad de sus hijos –que no son todo lo felices que aparentaban-, debe encarar una nueva vida frente a la perspectiva de la soledad y de la muerte. Sin amigos significativos –porque los valiosos ya no están, y los nuevos le saben mediocres-, decide abandonar Barcelona para dirigirse hacia el sur, pasando por Porto, Lisboa y recalando finalmente en Madeira. Una suerte de viaje vertical –como lo indica el título- que a su vez acompaña su descenso a su propio abismo.

III.

            Mayol no está solo en su periplo. Le acompaña Pablo, un sobrino dueño de una cadena de lavanderías en Madeira –al que su mujer se le fue con otro-; y ese otro, llamado Pedro Ribera que, además de ser el director del hotel donde se hospeda Mayol, es el narrador de la historia. Así, el encuentro entre Pedro y Mayol deparará algo más que un vínculo. En un contrapunto memorable, el lector asistirá al renacimiento de un viejo autodidacta que aún no se da por vencido, mientras que el narrador hará de la historia del anciano su primera novela como escritor.

IV.

            Más allá de lo obvio de la trama, y del juego por el cual el protagonista se transforma en personaje mientras que el narrador nace a la escritura, Vila-Matas asume la defensa de aquellos a quienes la Guerra Civil les privó de una instrucción adecuada y les cercenó la posibilidad de alcanzar un estudio universitario, razón de la inferioridad que siente Mayol al ser tratado de inculto por uno de sus hijos, que sabe que ese self made man no ha leído un libro en su vida. Mayol se lamenta de haber vivido una vida para satisfacer las necesidades de otros y no de las propias, aunque ahora, hacia su final, esa vida le ofrece un resarcimiento.

V.

            Confieso que siendo éste mi inicio en la obra del autor, no pudo ser más auspicioso. Cautiva su prosa directa, sin eufemismos, que alcanza ribetes poéticos en algunas frases. Diálogos bien provocados junto a escenas magníficas, hacen el deleite de todo buen lector. Un libro fluido, ameno, que se disfruta ampliamente. Recomendable ciento por ciento.

I.

            Dejé el comienzo para el final. No sabía bien de qué iba el libro ni la razón de su elección pero, a medida que transitaba sus páginas, podía empatizar algo más con Mayol. Cuando nuestras mujeres nos abandonan –como es el caso de quien escribe, desde hace un par de meses-, debemos enfrentar no sólo la soledad, sino cómo habremos de encarar nuestro tramo final. Mayol me ha brindado una mirada optimista. Una ocasión para bucear en mí y hallar las respuestas.

domingo, 2 de junio de 2019

e-book 44. Efectos de la colonización. El río que nos separa, Ngũgĩ wa Thiong’O


Kailas, 2017

I.

            Pocas obras exponen tan palmariamente los efectos de la llegada del hombre blanco a las regiones dominadas por tribus africanas como la presente. El intento de modernización de las sociedades tribales, con su séquito de creencias y prácticas a cuestas, se conoce bien; no así los daños colaterales que conlleva, con su cuota de expolio y dominación. Estos fueron los elementos disparadores de esta lectura.

II.

            En el terreno keniano de los kikuyu existen dos cordilleras que corren paralelas, separadas por el río Honia, o ‘río de la vida’. En una de ellas, el hombre blanco ha generado una Misión Cristiana y ha convertido a algunos miembros de la tribu, quienes han renegado tanto de sus creencias como de sus prácticas ancestrales. En la otra, se concentra el grueso de la población que mantiene sus ritos, entre ellos la circuncisión femenina –la ablación parcial o total del clítoris, con el objeto de erradicar el placer sexual de las mujeres, en un acto de total sumisión al hombre-.

III.

            La novela narra la vida de Waiyaki, un niño al que aún le falta nacer de nuevo, en su paso hacia la adultez. Su padre le enviará a la Misión con el fin de tomar lo bueno que allí puedan ofrecer, sin apostatar de su origen. Waiyaki se da cuenta de lo importante que es la educación sistemática para el progreso de su pueblo y, una vez de regreso, se erige en el adalid de la docencia. Pero el rechazo religioso a las prácticas tribales paganas se agudiza y las facciones en pugna están a punto de estallar. Para colmo de males, Waiyaki se enamora de la hija del jefe cristiano y la rivalidad con otros líderes tribales despierta celos y suspicacias varias. Tendrá entonces que lidiar con el tironeo interno entre el amor y su fidelidad al pueblo.
Portada de la versión digital, gentileza de Epublibre
IV.

            De lenguaje fluido, coloquial, y estilo ameno, Thiong’O expone de manera peculiar el conjunto de bondades y vicios aparejados por la colonización blanca. Entre las primeras destacan la educación como forma de erradicar la ignorancia y el atraso; la medicina occidental, complementaria de la medicina natural ejercida por las tribus y el intento de alcanzar la igualdad entre hombres y mujeres en cuanto a derechos. Entre las segundas, sobresale el fanatismo e intolerancia religiosa, el despojo colonial de los terrenos y la aparición del cobro de impuestos.

V.

             Con un inicio algo lento, que cobra fuerza a medida que se desarrollan las acciones, el libro se disfruta al combinar la trama –que no deja de ser el descubrimiento del amor entre los jóvenes protagonistas- y las contradicciones que instaura el colonialismo en las sociedades primitivas. Un libro recomendable.

martes, 28 de mayo de 2019

Pelibro 16. Expiación, Ian McEwan

           Este Pelibro surgió por propuesta de un taller de lectura. En rigor, ha sido una relectura; en el 2006, la ansiedad de mis amigos exigía mi opinión sobre el texto. Una vez expresada, con frialdad y falta de entusiasmo,  no conformó a ninguno de ellos. Tiempo después me acerqué a la pantalla grande para ver la versión de Wright. Ésta, entonces, también es una re-visión.

Libro

EXPIACIÓN


Ian McEwan (Anagrama, 2003)

       Por comenzar, lo encaré a inicios de 2006; tras su relectura, reafirmo mi parecer y ahondo: una novela brillante, cuyas sesenta páginas finales justifican las más de trescientas anteriores.

            El libro está constituido por tres partes y un epílogo. La primera, se ambienta en una mansión de Surrey durante el tórrido verano de 1935. Briony, la menor de los Tallis, prepara una obra para agasajar la llegada de su hermano Leon. Para ello cuenta con la participación de su prima Lola –un par de años mayor- y sus pequeños hermanos gemelos, quienes se hospedan en calidad de refugiados mientras sus padres ejecutan el divorcio. La otra hermana, Cecilia, está de regreso de sus estudios al igual que Robbie Turner, el hijo de la sirvienta, a quien Jack Tallis lo ha prohijado desde que su padre los abandonara. La combinación de una frustración, un accidente doméstico, una mala interpretación de lo que se ve, unas líneas equivocadas en manos de una niña curiosa de mente febril, y una búsqueda que acaba con un acto de violencia, desencadena hechos que cambian por completo el iniciático amor que se prodigan Cecilia y Robbie.

            La segunda parte transcurre en el norte de Francia, en 1940, durante el repliegue de las fuerzas británicas hacia la playa de Dunquerque. Un Robbie herido y un par de compañeros entran en contacto con la realidad del bombardeo de la población, la escasez de agua y alimentos y las evacuaciones que van teniendo lugar con el avance alemán. Entre él y Cecilia sólo hay intercambios de cartas. Ella ha abandonado el hogar, peleándose con el resto de la familia y alistándose como enfermera en la isla.

          La tercera parte es la narración que hace Briony de lo acontecido entre ella, su hermana y Robbie durante la guerra. Su actividad como enfermera –al igual que Cecilia-, su remordimiento por el error cometido y su intento de expiar sus culpas son el núcleo central. Por último, el epílogo cierra con el festejo del cumpleaños de Briony en 1999, en esa mansión que fuera su morada -ahora transformada en hotel- con el cariño familiar y el reconocimiento de una afamada novelista, a sabiendas que el diagnóstico de su enfermedad no es nada alentador.

            Una novela mayúscula, que sólo alcanza esa dimensión con lo ocurrido en realidad y el por qué de una ficción. Briony ha sido consciente de su equívoco, y del precio que han pagado su hermana y Robbie. La expiación literaria también sirve para exorcizar nuestros demonios. Un libro que deparará al lector el placer y el bienestar de la gran literatura.

Film

EXPIACIÓN, DESEO Y PECADO


Joe Wright (Focus Features, 2007)

            El film transcurre, en gran medida, como lo indica la historia de McEwan. La primera hora podría estar entre las mejores de los últimos años: la trama mantiene la tensión narrativa, los roles protagónicos están perfectamente ensamblados, la fotografía es impecable y la banda sonora realza todas las cualidades anteriores.

            El problema es que en la segunda parte esa tensión decrece. Estamos durante la guerra y no hay mucho que contar, por lo que la película cae en un bache y se aletarga. Y el plano secuencia final sobre la playa de Dunquerque –magnífico desde todo punto de vista- es más un lucimiento personal de Wright que un aporte a la historia de Robbie y Cecilia.

            Afortunadamente, la tercera parte –con una siempre oportuna y talentosa Vanessa Redgrave- recupera el brillo de la primera, quien toma a su cargo el desenlace de la verdadera historia y cómo Briony Tallis expía su culpa.

            La pareja que componen Keira Knightley y James McAvoy (Cecilia Tallis y Robbie Turner, respectivamente) alcanzan una química entre ellos poco frecuente en el plató. Esa química se extiende al resto del elenco, con una Saoirse Ronan (Briony a los trece años) que destaca por encima de sus compañeros. El vestuario y, sobre todo, la música dirigida por Darío Marianelli son, asimismo, dos perlas a tomar en cuenta.

            En conjunto, el film se disfruta partiendo de las sólidas actuaciones de Knightley y McAvoy –él, por encima de ella, a mi parecer-, con una eficaz Redgrave hacia el final, y toda la técnica cinematográfica que despliega Wright para hacer de la adaptación un trabajo memorable. Sólo le ha faltado el festejo del cumpleaños con el que concluye el original –sustituido por una entrevista-, pero aún así es muy buena película.

Testimonio del Pelibro 16

jueves, 23 de mayo de 2019

Novelas de Stefan Zweig. 5. Ardiente secreto, Stefan Zweig


Acantilado, 2012

I.

            Necesitaba intercalar un libro breve con otros de más largo aliento y se me ocurrió que éste de Zweig, con el que se abre la compilación de trabajos contenidos en este volumen, sería propicio para ello. De hecho, me encontré con un texto que, aunque no supera la centena de páginas, no por eso puede tildarse de superficial. Por el contrario, su contenido aborda pasiones humanas, magistralmente expuestas con su característico estilo narrativo.

II.

            Un joven barón austríaco se toma vacaciones en Semmering en busca de una nueva aventura amorosa, pero en la concurrencia no existe objetivo de interés, salvo una mujer judía en la cuarentena, acompañada por su hijo de doce años. Para alcanzar los favores de la madre, el barón decide llegar a ella a través de su hijo Edgar, un pequeño enfermizo aunque listo, para quien la llegada de un nuevo amigo satisface su necesidad de captar atención. Para Mathilde, su mamá, el flirteo con el barón tal vez sea una de las últimas oportunidades de sentirse amada, tras una vida aburrida junto a un hombre exitoso pero distante.

III.

            Así, la novela se apoya en una relación triangular –hombre joven, madre e hijo- que concentran sendos sentimientos. Al amor fugaz que se desata entre el barón y la mujer, hay que oponer los celos entre madre e hijo -quienes compiten por la atención del barón-, y el odio que nace entre Edgar y éste, uno por sentirse desplazado y el otro, por considerarlo un estorbo. La fuga del niño hacia la casa de su abuela en Baden desencadena el final del idilio y la reconciliación entre Edgar y su madre, al compartir el secreto del motivo de la misma ante la inquisición del padre.

IV.

            Son varios los tópicos que Zweig brinda para la reflexión lectora. En principio, está el complejo de Edipo típicamente freudiano; luego, el rol que la mujer casada tenía a inicios del siglo XX; además, el cuestionamiento tanto sobre la rígida educación de los niños como de la infidelidad conyugal. Para ser una obra tan breve, deviene profunda en sus apreciaciones. Con el estilo fluido que es marca personal, junto a diálogos bien provocados y escenas oportunas, el autor ejerce una mirada crítica sobre la sociedad de su tiempo, haciéndonos partícipes de su vocación humanista. Una muy buena novela.

sábado, 18 de mayo de 2019

Entre humo y alcohol. Principiantes, Raymond Carver


Anagrama, 2010

I.

            Lo adquirí por recomendación de una fanática de Carver a fines del 2010, cuando apareció esta versión completa de los manuscritos originales que compusieron en su momento De qué hablamos cuando hablamos de amor, libro de culto del autor, cuya extensión es casi la mitad que el de marras tras los recortes que Gordon Lish -editor, corrector y mentor de Carver- efectuara para la publicación del mismo. Un título que, por otra parte, estaba ausente en las góndolas en aquel momento. Fue la propuesta de lectura compartida en un taller la que lo sacó de su letargo.

II.

            Los personajes de Carver son hombres y mujeres de carne y hueso, quienes sostienen diálogos habituales en medio de situaciones cotidianas, en escenarios verosímiles ambientados en su mayoría en el Medio Oeste americano. Pertenecientes a la clase media o media baja, con tendencia al ámbito rural, no se distinguen por su heroísmo, fiereza o suspicacia ninguna. Cualquier lector podría identificarse con ellos –y en eso radica gran parte del éxito literario-. Lo que destaca es que todos se hallan, de alguna manera, al borde de un inminente cambio, una inflexión en sus vidas.

III.

            Un par de parejas amigas que tertulian en el ocaso de una tarde de verano; un hombre que ha sido abandonado por su familia; un compañero de trabajo que se convierte en silvicultor de percas; una disputa por la tenencia de un bebé o cuatro amigos que se marchan a pescar, entre otros relatos, todos impregnados en humo y alcohol, no parecen tener nada en común. Sin embargo, a partir de un hecho fortuito –la aparición de un cadáver, un llamado telefónico, una toma fotográfica, un baile- alguno de los personajes se verá tan afectado como para dar un vuelco irreversible donde ya nada podrá seguir siendo igual.

IV.

            A la inmediata empatía que surge en el lector con protagonistas tan comunes como burdos, hay que sumar la precisión del lenguaje utilizado, de manera que cada palabra expresada sea la apropiada para que el conjunto de relatos gane en concisión y fuerza narrativa, por más que en algunos de ellos las historias secundarias bien podrían ausentarse. Creo que eso es lo que Lish se dio cuenta al recortar éstas en gran medida, aunque la poda literaria a la que sometió al texto –con el objetivo de ganar estética artística, estimo- corre riesgos serios de ser considerada una lisa y llana mutilación, a juzgar por la reducción de páginas entre ambas versiones.

V.

        Con estilo directo, crudo y descarnado, Carver nos habla de amor, felicidad, desesperanza, abandono, soledad; huellas que deja el paso del tiempo en nuestras vidas. Es que, al decir de uno de los personajes ‘en el amor, no somos más que unos completos principiantes’. Un librazo.