sábado, 24 de octubre de 2020

e-book 71. Patrulla en fuga. Una comida en invierno, Hubert Mingarelli

Siruela, 2019

 I.

            Sonaba rotunda cuando le apunté y me hice de un ejemplar ni bien pude. Las historias de guerra abundan, aunque son pocas las que se narran desde el lado perdedor. Es evidente que las mismas no venden. Sin embargo, hay algunas que valen la pena ser visitadas, al arrojar una mirada distinta en la que pocos se han puesto a reparar. La presente es una de ellas, y su brevedad la vuelve más contundente aún.

II.

            El narrador, junto a Emmerich y Bauer, conforman una patrulla de registro alemana. El lugarteniente Graaf les ha permitido salir, bajo la consigna de que ‘le traigan uno’. Así, no tendrán que participar en los fusilamientos de judíos y, seguramente, serán destinados a una nueva búsqueda. Se encuentran en medio de los bosques polacos hacia fin del invierno, con un frío polar y una hambruna que no les va en zaga. Cuando capturan su presa y tienden a volver, recalan en una cabaña abandonada donde intentan prender fuego para hacer una sopa en base a nieve, un poco de sémola y lo que Bauer ha robado. A ellos se les suma un cazador polaco, quien se unirá a la ingesta aportando aguardiente como pago.

III.

             Pero Emmerich les comparte un dilema. Es el único de los tres que tiene un hijo y se pregunta quién lo hará crecer si él no vuelve. Esto quiebra la silenciosa indolencia del resto, que se ven obligados si no a comprometerse, al menos a decir algo que alivie al compañero. Además, los tres participan de esa caza porque es una suerte de fuga, ya que fusilar a inocentes los hace polvo y la culpa no los deja dormir. Ahora se preguntan si liberar al judío cautivo no les brindaría una ocasión de despojarse de ella, con el solo hecho de recordar ese gesto. Aunque esto les valga una reprimenda de su superior y volver al pelotón al día siguiente.

La versión digital, gentileza de Epublibre

IV.

            Esta exquisita novela habla de un feroz sentimiento de culpa, de la solidaridad entre camaradas, del antisemitismo –no solo alemán-, de la realidad de la guerra para quienes luchan en condiciones extremas –sin importar de qué lado estén, ni cuestionarse en qué creen-. Lo maravilloso es que el autor demuestra palmariamente que pueden transmitirse las dudas y cuestionamientos que alberga el interior humano sin derramar sangre ni disparar una bala, describiendo sólo el sentir de sus personajes, sin escenas de violencia.

V.

            En estilo directo, con prosa fluida y amena, haciendo uso temporal de la narración –yendo hacia atrás y hacia adelante-, Mingarelli construye en algo más de un centenar de páginas una ficción colosal, capaz de formular preguntas y reflexiones sobre las emociones de quienes han tenido que ser parte en lo que no han querido, so pena de traición. Entre lo mejor de mis lecturas del año. Más que recomendable para todo buen lector. Para no dejar pasar.

lunes, 19 de octubre de 2020

Mi lucha. 5. Tiene que llover, Karl Ove Knausgård

Anagrama, 2017

I.

            Penúltima entrega de la obra completa del autor. En este caso, el título refiere a sus años de permanencia en Bergen, ciudad costera del sur noruego, donde parece que la lluvia es una constante en la vida urbana. El presente volumen abarca catorce años, desde su llegada en 1988 -con casi veinte años de edad-, hasta que la abandona en 2002.

II.

            Las casi setecientas páginas se dividen en dos partes. La primera, comienza con su arribo, después de haber trabajado como profesor en el norte de Noruega, pues ha sido aceptado, junto a otros siete postulantes, en la Academia de Escritura de Bergen, a cargo de dos renombrados escritores locales. El ingreso como becario le permitirá instalarse en la ciudad y participar del Taller de Escritura a lo largo de un año. Esta Sexta Parte narra entonces sus peripecias, sus dudas y miedos, sus limitaciones frente a la escritura y el descubrimiento de un primer amor, que concluye cuando su hermano mayor, aún al tanto de su sentir, se lo apropia.

III.

            En la Séptima Parte da rienda suelta a sus problemas con el alcohol, su escasa creatividad y la necesidad de ganarse la vida. Para ello, se inscribe como auxiliar en un par de centros para discapacitados o con enfermedades mentales, a la vez que se enamora, se casa y alcanza, después de tantos esfuerzos y frustraciones, el éxito de la primera publicación. No obstante, también desgrana el contacto con su familia y hace un racconto de las lecturas que encara en ese período.

IV.

             Rescato dos elementos importantes. Uno de ellos es su mirada crítica hacia los centros de salud mental, como instituciones destinadas a quitar lo feo, lo que no es normal, de la vista de la sociedad –algo que ya venía planteando Zygmunt Bauman en ‘Vidas desperdiciadas’ con respecto a los desechos urbanos (y su similitud con los que se quedan sin trabajo)-, logrando que los internos desarrollen una vida que no es más que un remedo grotesco de la vida social en el exterior. El otro, es su cruda exposición de quien, siendo joven, en su afán de ser parte de un mundillo que le es esquivo, cuando logra su propósito, intenta destacar en los medios y abandona todo aquello que le ha servido de vehículo y soporte -matrimonio incluido-.

V.

            Con la prosa fluida que es su estilo, describe sus inclinaciones por la música pop y el análisis de ciertas obras literarias, la bohemia de ser parte de una banda de rock, sus pérdidas familiares, su experiencia en una radio estudiantil, su recelo por los estudios académicos, en una suerte de desnudo artístico que trasluce su pensamiento, sus contradicciones y sus sentimientos a flor de piel. En suma, un volumen a la altura de los anteriores.

 

miércoles, 14 de octubre de 2020

Incunables 11. Atracción gravitatoria. Loxandra, María Iordanidu

Lumen, 2000 

I.

            Fue el lanzamiento de una nueva edición del título de marras –bajo otro sello editorial- el que hizo que le apuntara. La pesquisa me condujo a una primera edición, que la Fortuna me allegó a través del canal de libros usados. Se me hacía necesaria una obra amena, previendo lecturas de más largo aliento, y opté por ésta debido a su contenido.

II.

            Hay ocasiones en que una figura condensa en sí misma la realidad de toda una familia, un modo de vida, una cultura esparcida por doquier, como si en ella sola se pudiera resumir un período histórico y social. Para la autora, su abuela Loxandra encarnaba el centro de ese universo y Constantinopla, en la segunda mitad del siglo XIX hasta la Primera Guerra Mundial, el lugar en el que ejercía esa suerte de atracción gravitatoria.

III.

            El libro no es una biografía, sino una novela que incluye hechos reales. Iordanidu focaliza la narración en la extendida comunidad griega que vivía en esa metrópoli, bisagra geográfica entre Oriente y Occidente, bajo el Imperio Otomano. Y lo hace describiendo el entorno de esta mujer singular -quien no solo criara a sus hermanos menores, sino también a sus propios hijos y a los cuatro que venían con su marido viudo-, desde el interior de la casa. En este sentido, el clima íntimo y familiar, con el bullicio propio de una dinámica vida social, dota al relato de versatilidad y fluidez, convirtiéndolo en un friso de época.

IV.

            Tan supersticiosa como generosa, Loxandra está pendiente de todo aquello que la rodea. Amores y desavenencias, bodas y sepelios, nada escapa a su interés. Ella es la gran protagonista de un mundo que va cambiando. Las luchas étnicas, la aparición de los nacionalismos y el deterioro del Imperio sólo se dejan entrever mediante una mínima alusión a lo que ocurre en la calle. Esto también es un acierto, pues los sucesos externos temporalizan la historia sin interrumpir el núcleo narrativo ni perder intimidad.

V.

            Con una prosa coloquial de estilo costumbrista, diálogos y escenas bien construidos, Iordanidu nos lleva a una ciudad y un período en que la magia de la vida era pura efervescencia, con una figura señera, que tal vez la Justicia –a sabiendas de lo que sobrevendría- haya hecho desaparecer junto con su tiempo. Una novela que se devora, capaz de deleitar a cualquier lector.


viernes, 9 de octubre de 2020

e-book 70. Paternidad solar. La calle de los cocodrilos, Bruno Schulz

 

Centro Editor de América Latina, 1982

I.

            Libreros amigos me habían propuesto las letras de Schulz que, según sus opiniones, cabalgan entre Kafka y Gombrowicz. En aquel momento, no había nada disponible en el mercado local, por lo que acudí a la Red y hallé este libro. Años posteriores pude hacerme de un volumen que abarca la totalidad de sus obras. Preferí comenzar por lo más breve.

II.

            El libro, constituido por trece relatos, apareció en medio de una colección de títulos de diversos escritores. Incluye un Estudio Preliminar a cargo de Elvio E. Gandolfo –que sugiero leer a posteriori, para no develar su contenido-, en el que intenta exponer al eventual lector local quién fue este poco menos que ignoto autor, y el motivo por el que ha sido incluido en aquélla, además de realizar un análisis detallado de los textos presentes.

III.

            La mayoría de estos relatos tienen como nervio conductor la figura paterna. Una paternidad solar desmedida, desmadrada, omnipresente pero carente de opresión. Acaso imaginativa y prolífera. Donde un tendero de paños es capaz de albergar aves exóticas, proponer una nueva teoría sobre el Génesis o prodigarse hacia los bomberos, mientras que su autoridad siempre manifiesta puede ser desbaratada por el sólo gesto de su empleada doméstica amenazándolo con hacerle cosquillas.

La versión digital, gentileza de Epublibre

IV.

            Existen planos a destacar. En principio, la importancia de la comunicación gestual; los gestos descriptos en el texto dicen mucho acerca de los personajes y su composición psicológica. Luego, la defensa de la imaginación creativa –por momentos, rayana en la locura- que su hijo, el narrador, hace de las ocurrencias de su padre. Un padre que adquiere dimensión sobrenatural pero que puede empequeñecerse de manera inmediata; un Demiurgo estrafalario, tan capaz de elucubrar devaneos irrelevantes como de someterse al sensual dominio femenino.

V.

            En un estilo poético, con descripciones que rozan el lirismo, Schulz expresa su aversión por el mercantilismo, su amor por la fecundidad de la naturaleza, la vejez y enfermedad como ciclos a asumir y el rescate de la infancia como época de prístina madurez –madurar hacia la infancia-. En suma, un libro muy interesante, más que apropiado para iniciarse en el universo literario de Schulz.


domingo, 4 de octubre de 2020

Fábulas del Japón. La constelación de los cuervos y otros cuentos mágicos, Kenji Miyazawa

 

Satori, 2018

I.

            Existen momentos en que la realidad supera tan ampliamente la ficción, que se hace necesario recurrir a un refugio donde guarecerse. Donde recobrar acaso un poco de cordura entre tanto sinsentido. La literatura japonesa resulta uno de los bastiones apropiados cuando arrecian los malos tiempos; sobre todo, cuando se ha perdido el rumbo y se carece de imaginación para hallar una salida coherente. Ése ha sido el motivo de la elección de este libro.

II.

            Miyazawa desgrana en esta decena de relatos un arte sin igual. Bajo una apariencia naif y bucólica, muy impregnada de una revalorización de la ecología y del medio ambiente, de la necesidad de hallar un equilibrio con él, dándole cabida a todos los seres que habitan la propia geografía, el autor nos participa en sendas ficciones sobre la desigualdad, el horror de la guerra, la manipulación y dominio de los demás seres, etc. En ese aspecto, para relatos que datan de 1924 y 1926, resulta adelantado a su tiempo, por más que muchos de ellos hayan sido fruto de su experiencia personal.

III.

            ¿Cuánto importa que un escuadrón bombardero, destinado a eliminar a los enemigos, esté constituido por cuervos en lugar de humanos?, ¿acaso cambia mucho si el impartir justicia quede a cargo de un gato montés que ejerce sobre unas bellotas altivas?, ¿se perderá en la nada si la injusticia sobre la explotación la expone un elefante?, ¿o si la tala de los bosques se denuncia cantando a la luz de la Luna? Todo buen lector encontrará en estas fábulas del Japón motivos diversos para volver a centrarnos en lo importante. Ése es el gran mérito de estas creaciones de Miyazawa.

IV.

            Con una prosa poética, que abreva en los haiku y fábulas japonesas de tradición oral, el autor nos allega una retahíla de circunstancias donde pone de manifiesto su amor por –y su defensa de- la naturaleza y su observación meticulosa de las bajezas humanas mientras intenta rescatar aquél estado primigenio, donde el hombre se hallaba identificado con su hábitat. Así, no resulta difícil entender por qué sus cuentos se incluyen en los textos nipones de nivel primario.

V.

            Haciendo gala de una imaginación desbordante, con robles que hablan, espíritus de las montañas que se hacen presentes, ciervos que deliberan o bosques que cobran vida real, Miyazawa nos ofrece una oportunidad de seria reflexión acerca de nuestro influjo sobre el planeta y la coexistencia pacífica de todos los seres vivos. Al menos, sus líneas brindan la paz que por momentos escasea. Más que interesante.

 



martes, 29 de septiembre de 2020

Trilogía Hermanos. 3. Los hermanos Karamázov, Fiódor Dostoyevski

 

Alianza, 2002

II.

            Quería concluir esta trilogía con la relectura de este afamado título de Dostoyevski. En sentido estricto, es algo más que una novela; es un debate continuo entre el gnosticismo religioso y la creencia en Dios llevado al paroxismo; es un cuestionamiento sobre la moral humana y cuáles deben ser sus límites; es asimismo el testamento de las propias ideas que el autor nos lega acerca de las pasiones humanas, la bondad y la justicia.

III.

            Fiódor Pávlovich Karamázov es un hombre egoísta, codicioso y avaro, ocupado más en vivir la vida y en cómo hacer fortuna que en la crianza de sus hijos. De su primera esposa nace Dmitri quien, al fugarse su madre al poco, es criado por Grigori y Marfa, sirvientes de su padre. De la segunda esposa, provienen Iván y Alexéi, a los que deja en manos de otros parientes al morir aquella. El cuadro familiar se cierra con Smerdiakov, un presunto hijo bastardo de Fiódor, que sufre de epilepsia.

IV.

            Dmitri (Mitia) encarna al hombre gobernado por las pasiones, incapaz de meditar sobre su vida, juerguista, canalla pero generoso de corazón. Oficial del ejército, sólo necesita dinero para derrochar, sin preguntarse jamás cómo ganarlo. Iván, un intelectual con preparación académica, posee ínfulas de filósofo y descree prácticamente de todo. Alexéi (Aliosha) es un alma pura e inocente, quien intenta amar a la humanidad –para lo cual ingresa en un monasterio- sin dejar de observar y meditar sobre los actos humanos, aún a pesar de su juventud. Smerdiakov es un cobarde y engreído que bajo una máscara de fidelidad se presta al desprecio y la traición.

V.

            Ambientada en un entorno rural hacia fines de siglo XIX, los problemas se presentan entre Mitia y su padre merced al dinero que el primero debiera recibir en herencia de su madre –cesión a la que Fiódor es mezquino-. Para peor, ambos protagonistas parecen enamorarse perdidamente de la misma mujer, una aldeana atractiva y calculadora (Grúshenka), que juega con uno y otro. A esto hay que sumarle la presencia de una orgullosa y joven heredera (Katerina), despechada por la renuncia de Mitia a su amor. La necesidad imperiosa de dinero de éste, unida a la sospecha de que el padre no ha sido justo con la provisión de la herencia, se convierte en una seria amenaza de muerte para Fiódor.

VI.

            El tema del parricidio aparece entonces como nervio conductor de la narración. La incontinencia verbal de Mitia, pasional e irreflexivo, se contrapone con la figura de Fiódor, lujurioso y taimado, de manera que la tensión entre ambos crece con el correr de las páginas. El desenlace se anuncia desde el inicio. Los personajes secundarios, con sus aportes, fortalecen esa tensión y permiten al autor expresar algunas reflexiones de interés. Él mismo se vuelve narrador de los hechos, haciéndose presente en ciertos momentos para efectuar aclaraciones al lector o explicar por qué soslaya –o no se explaya– en algunas escenas.

VII.

            Existen varios planos a destacar. Primero, la maravillosa construcción psicológica de cada personaje. Dostoyevski dota a cada uno de ellos con un arquetipo perfectamente delineado –el pasional aunque generoso, la altiva despechada, el intelectual introvertido, el inocente bondadoso, el patán adinerado, la frívola calculadora, etc.-, tejiéndolos con un arte rayano en la filigrana. Después, están las argumentaciones morales que pone en boca de los protagonistas acerca de la existencia (o no) de Dios; entre ellos, el leit motiv de la obra: si no existiera, todo estaría permitido. Además, el autor aprovecha el debate para criticar el rol de la Iglesia –traidora de las enseñanzas de Cristo-, dejando entrever el juvenil nihilismo ruso y la pujante necesidad de un cambio social. Por último, las fundamentaciones –jurídicas y psicológicas- de los abogados durante el juicio se encuentra entre lo más granado de la obra, junto a la alocución final de Aliosha, tan esperanzadora como emotiva.

VIII.

            En estilo coloquial y ameno, la lectura posee la fluidez necesaria para que el texto, de más de un millar de páginas de la presente edición, no se vuelva tedioso. La traducción a cargo de Augusto Vidal parece apegarse al original, por más que la preservación del estilo le haga perder cierta dosis de frescura. En conjunto, la novela resulta colosal; una obra maestra de la literatura. Todo buen lector debiera brindarle una oportunidad. En lo personal, la mejor novela que he leído en mi vida.

I.

            Enero de 1997 en las sierras de San Luis, Argentina. Semana de vacaciones veraniegas en un hotel cuatro estrellas, dotado de spa, piscina al aire libre y un extenso parque verde provisto de iluminación nocturna. La pareja había quedado exhausta tras una excursión larguísima. Tomaron un baño y salieron a cenar. Al volver a la habitación, ella se quedó dormida ni bien reposó su cabeza sobre la almohada. Él decidió concluir el libro que tenía entre manos, yendo al parque a leer. Hora y media después, entró sigilosamente al cuarto. En silencio y a oscuras, depositó el libro y su ropa en una silla. Se tendió y apoyó en el respaldo de la cama. Las lágrimas que bañaban sus ojos comenzaron a fluir lentamente por sus mejillas. La magia de este libro.


jueves, 24 de septiembre de 2020

Apología del caminante. El paseo, Robert Walser

Siruela - Grupal, 2015

I.

            La experiencia previa sobre las letras de Walser había sido tan agradable que decidí volver a uno de sus escritos más breves. Y nuevamente me despido colmado de belleza; de un ejercicio literario mayúsculo, por más que el contenido sólo sea una mera descripción del acontecer de un caminante y las reflexiones, diálogos y suposiciones que, en su derrotero, va desgranando a medida que interactúa con personas y objetos.


II.

            Narrado en primera y exclusiva persona, el protagonista se asume como un poeta sin éxito, quien necesita de un paseo para salir del encierro que le provoca su búsqueda, y así hallar una inspiración que le permita plasmar algo sobre un papel en blanco. En medio de un entorno rural, se afana en describir lugares y situaciones tanto como pensamientos propios o supuestamente ajenos, en una suerte de esgrima literaria que intenta justificar sus argumentos, a sabiendas que él mismo es víctima de sus asertos.


III.

            La charla con un librero, el paso por la sucursal bancaria en busca de fondos –que han sido donados-, el encuentro con alguien a quien teme, una joven que entona una canción, son algunas de las circunstancias que disparan sendos soliloquios, acompañados por una bucólica y romántica mirada sobre la belleza del día y de las casas que le rodean, sin eludir la ironía y la burla.


IV.

            Es cierto que su prosa puede llegar a pecar de parecer ampulosa y un tanto engolada pero, a cambio, desarrolla magistralmente cada pensamiento sin economizar vocablos. Por momentos, recuerda esos magníficos y extensos párrafos descriptivos de Proust. Y la presente traducción, a cargo de Carlos Fortea, sólo refuerza esa sensación con la vastedad y riqueza de la lengua española.


V.

            De estilo coloquial y ameno, haciendo gala de una destreza sin igual en el uso del lenguaje, Walser demuestra palmariamente que no se requiere encarar grandes objetivos ni abordar temas de actualidad que inquietan a los lectores para lograr buena literatura. Aún el más banal de los paseos puede servir como elemento disparador. Un libro que deleita; tan breve como brillante.