Fueron muchas las señales que me impulsaron a
realizar este Pelibro. Primero, fue un boom editorial tras su lanzamiento en
español a principios de 2024; tal fue así, que la primera edición se agotó
rápidamente –también su reimpresión-. Tuve que esperar hasta fines de ese año para obtener
un ejemplar. Luego, una cinéfila rescató del olvido el film basado en esta
novela. El febrero pasado, al visitar una casa de té japonés, me sentí tentado
de probar este famoso pastelillo y, por fin, durante mis últimas vacaciones la
conserje del hotel me la recomendó encarecidamente.
Libro
Durian Sukegawa (Chai, 2024)
Esta breve novela que tan buena repercusión ha
tenido, toma como punto de partida una pastelería en la periferia de Tokio, que
se especializa en ofrecer esos magníficos bocados, llamados dorayaki. El encargado
de llevar adelante el negocio es Sentaro, un hombre de mediana edad y probada
lealtad, a quien el dueño de la tienda ha ofrecido conducirla para saldar con
él una deuda contraída de la que el propietario se ha hecho cargo.
Aun
habiendo aprendido a elaborarlos, Sentaro solo desea saldar su deuda y dejar su
puesto. Después de haber pasado dos años en prisión, piensa en dedicarse a
escribir, mientras ofrece al público unos pastelillos, cuando menos, mediocres.
El secreto de ellos radica en su pasta interior, de la que se abastece
comercialmente. Una mañana es sorprendido por una anciana, que se acerca para
intentar ocupar un puesto de auxiliar. Ante la negativa inicial, le allega al
poco la pasta elaborada por ella. A partir de allí se entablará una relación de
aprendizaje entre ambos personajes que llevará a la tienda a su apogeo.
Pero
la anciana Tokue tiene los dedos deformados y despierta la sospecha de padecer
la enfermedad de Hansen (lepra). El rumor no se hace esperar y el éxito inicial
se desbarata lánguidamente. La viuda del dueño apremiará a Sentaro para que la
despida, pues la tienda –y ella misma- corren riesgo de supervivencia. Para
colmo, una jovencita clienta, Wanaka, quien está por concluir estudios
primarios, le pide a Sentaro que se haga cargo de su mascota -un canario que
casi no puede volar- porque se han quejado de su canto los vecinos del edificio
donde vive. Ha sido Tokue quien lo ha sugerido, ahora que ella se ha retirado.
Así,
esta obra está basada en tres personajes que responden a generaciones e
historias distintas: aquella que, en la primera posguerra fue encerrada y
aislada según la legislación vigente; el hombre que tras haber sido privado de
la libertad intenta recomponer su vida y una jovenzuela que se debate entre
proseguir estudios o dedicarse a trabajar para ayudar a la economía familiar.
Todos ellos albergan sueños de liberación y cambio.
Con
una prosa concisa y precisa, Sukegawa ofrece una mirada de aquellos que, por diferentes
razones, son marginados, pero que aún conservan la esperanza de una vida mejor
y más plena, sin importar la edad a la que respondan. Siempre se estará
dispuesto a hacer los esfuerzos necesarios para alcanzar los sueños; ése es el
mensaje que guarda el texto. Fluido y ameno, de estilo directo y alternando
buenos diálogos con silencios elocuentes, el libro se vuelve entrañable. Recomendado
para lectores sensibles, que podrán disfrutar de él de un sentón.
Film
UNA
PASTELERÍA EN TOKIO
Naomi Kawase (Nagoya Broadcasting Network, 2015)
En primer lugar, la
realización de la cineasta nipona responde en esencia al espíritu en que fue
inspirada la novela. Si bien ambos finales distan de ser parecidos –el del film
está un poco abreviado-, lo cierto es que comparten la emotividad.
Desde el punto de vista técnico,
rescato la fotografía en primer lugar. Los distintos encuadres, el juego de
contrapunto entre claroscuros y esa imagen de los cerezos en flor –los clásicos
sakura-, símbolo de lo efímero de
nuestra vida según la vivencia japonesa, deleitan al espectador, ofreciendo una
atmósfera tanto de intimidad como de marginalidad. Luego, está la más que
acertada banda sonora del film, siempre al servicio de las escenas. Y también
el montaje, que le otorga una fluida continuidad a la trama.
Respecto del elenco, en su gran
mayoría ilustres desconocidos para el público occidental, desarrollan con
acierto sus roles, de manera que transmiten en sus expresiones el sentir de
cada personaje en todo momento. Quien encarna a la anciana Tokue es la
responsable de la ilación con el resto de protagonistas, que hacen que el
conjunto de figuras se vuelva querible.
En suma, una película de casi dos
horas de duración que prácticamente no se notan, tan bueno es el guion y su
realización. Como última aclaración, es un film que llega a tocar la
sensibilidad del espectador, sin caer en ningún tipo de sensiblería barata; de
alguna manera intenta exponer la realidad de un grupo de enfermos que, aun habiéndose
curado y erradicado la enfermedad, siguen siendo víctimas de la aprehensión humana.
Para disfrutar y conmoverse.
Testimonio del Pelibro 43










