Andrés Bello, 1992
I.
Tres largos años habían pasado después
de La metamorfosis, hasta que en un taller
se incluyó este título como lectura del año. No dudé en ser de la partida;
sobre todo, tras evaluar cuán importante es leer ciertos textos en compañía entrenada,
cuyos aportes enriquecen –y, a veces, clarifican- la propia interpretación. Si sumamos
la idoneidad de quien lo propuso, de parabienes todos.
II.
Josef K., apoderado de un banco, despierta una
mañana en la habitación que ocupa en la pensión de la Sra. Grubach, acompañado
por dos desconocidos, que aguardan para notificarle que, en base a un proceso
que se ha declarado contra él, se encuentra detenido. En situación humillante,
K. es conducido a otra habitación de la misma pensión para ser interrogado por
un juez de primera instancia acerca de su culpabilidad o no. K. desconoce la
causa –y nadie le informa acerca de ella-. La detención solo es formal, no
impide que siga asistiendo a su trabajo.
III.
Pasados los días, K. es convocado
a un tribunal, sito en una buhardilla de un condominio que, ocupada por una
familia, ésta debe liberarla para dar cabida a una multitud que será testigo de
su juicio y sus argumentos de defensa. Llegando tarde y desestimando la
convocatoria, decide no darle importancia. Pero un tío suyo, radicado en el
campo, se apersona para hacerle saber que él supo de la acusación, y que desea
ponerlo en manos de un abogado conocido suyo, capaz de enfrentar con ciertas posibilidades
de triunfo su caso. A partir de aquí, se desatan una serie de escenas que
alternan lo grotesco, lo bizarro y lo irrisorio, hasta el desenlace previsible.
IV.
Destaco la atmósfera que Kafka crea en torno a
su protagonista: K. nunca sabe el motivo de su acusación; es incapaz de
preguntar adecuadamente y ningún subalterno puede explicarle: sólo cumplen
órdenes. Luego, se ve visitando a interpósitas personas –una vecina, el abogado
y su enfermera, un pintor y un capellán- para seguir en la misma situación de
ignorancia. Como si toda una niebla burocrática se extendiera en derredor,
imposibilitando la defensa adecuada. Finalmente, con supuesta evidencia abrumadora
en su contra, K. termina preguntándose si, en definitiva, él no resulta
culpable de aquello que se lo acusa –aunque desconoce la razón-. Una obra
maestra, donde un sistema de Justicia omnímodo dispone la vida o la muerte de
un ciudadano, sin necesidad de justificar su resolución.
V.
De estilo coloquial, ameno aunque
opresivo, Kafka construye una obra que expone la fragilidad que acecha a cualquier
persona ante un sistema normativo tan burocrático como arbitrario. Para leer,
releer y meditar.








