miércoles, 7 de octubre de 2026

El lento fluir de las vidas. Las olas, Virginia Woolf

Cátedra, 2007

I.

                Veníamos abordando su obra a razón de un título por año, y si bien no lo hemos hecho al completo –en especial con sus primeros trabajos-, lo cierto es que ésta habrá de ser la última y broche de oro de las novelas de la autora inglesa, lo que no quita que en algún momento volvamos sobre alguno de los faltantes. Es que la sensibilidad expresada en frases poéticas, unida a la construcción narrativa que elude repetir sus esquemas ya publicados, hacen de su estilo un buceo literario de las formas, que convierten al texto en un modelo de vanguardia.

II.

                Ordenado en nueve capítulos sin títulos, cuyos inicios en bastardilla aluden a sendos momentos del transcurso de un día -expresados líricamente-, el lector accede a una composición coral donde cada uno de los seis personajes, amigos entre sí, que se conocen al compartir cursos en una institución que oficia de parvulario y que los reúne tanto en sus tareas como en los recreos, van atravesando distintas épocas de sus vidas, no siempre en contacto unos con otros.

III.

                Cuesta entrar en materia, pues Woolf ha elegido hacer conocer lo que piensa cada personaje, tanto de sí mismo como de los demás, mediante una serie de soliloquios que, a la vez que se superponen se enlazan, de manera de construir un relato a partir de las distintas imágenes que esboza cada cual. Allí está Bernard, el amante de contar historias; Susan y su pasión por el ámbito rural y la maternidad; Neville, buscando satisfacer su amor homosexual; Jinny, una belleza estética en medio de relaciones sociales; Louis, el extranjero en pos de aceptación a través del poder que otorga el dinero; Rhoda, con sus incertezas y ansiedades que la empujan a la soledad y un séptimo, Percival, de quien no conoceremos su voz, pero al que referirán todos los demás, como si fuera el personaje que nuclea y da vida al grupo.

IV.

               Existen varios planos que hacen de esta obra una exquisitez literaria. En principio, están las descripciones poéticas sobre el paso del sol y de la luz durante un único día y cómo se suceden las variaciones de colores y perspectivas que arrojan las sombras a medida que el sol se desplaza. Luego está la elaboración psicológica de los personajes, donde cada uno responde a una forma de ser única, que se mantiene y respeta a lo largo del texto. Finalmente, la rueda de pensamientos, uno tras otro, que se suceden casi sin fin y que anudan el lento fluir de esas vidas que imitan el vaivén de las olas. De fondo, Woolf no elude el paso del tiempo en el decadente Imperio Británico.

V.

               En estilo que combina poesía y ficción, solo al llegar al último capítulo –donde el soliloquio se convierte en monólogo- se alcanza el verdadero sentido de lo que se ha leído. Allí, el lector cae rendido a los pies de Woolf, verdadera artífice de una obra monumental. Imperdible.

viernes, 2 de octubre de 2026

Promesa cumplida. El hombre ilustrado, Ray Bradbury

Minotauro, 2018

II.

               Esperaba, como la mayoría que pertenece a esta colección, su momento. Al no visitar tan a menudo libros de relatos y, menos, de ciencia – ficción, intercalé el volumen entre otros títulos más frondosos. La obra se compone de una Introducción a cargo del autor, un prólogo con el título de marras, un epílogo -que retoma el prólogo- y entre ambos, una serie de cuentos de variada extensión. Esta edición traducida responde a la de Avon Books, de 1997 y de William Morrow, de 2001 –omite Los globos de fuego y añade El Hombre Ilustrado al final de la misma-.

III.

               Su presentación, cuanto menos, resulta muy original. En el Prólogo, el narrador se encuentra con un hombre con una particularidad: está totalmente tatuado. Aparentemente, una hechicera capaz de viajar en el tiempo había realizado el trabajo, con una condición: cada uno de los dieciocho tatuajes compone una historia que, durante la noche puede desplazarse, cobrando vida narrativa. Por consiguiente, el lector se adentrará en cada una de ellas, a partir de allí.

IV.

               Una nave espacial arriba a un planeta pero nadie sale a recibirla; unos padres permisivos dejan que sus hijos jueguen en una jungla a través de una pantalla; la tripulación de una nave es despedida al Cosmos tras un impacto; un matrimonio intenta refugiarse de una guerra biológica navegando en el tiempo; un hombre compra un robot idéntico a él para zafar de su esposa, son algunos de los tópicos compilados en este volumen hacia 1951, donde el hilo conductor reposa en una mirada crítica acerca de la frialdad que caracteriza a la tecnología, mientras explora la psicología humana -sentimientos de soledad, culpa, predación, vacío, etc.- en universos posibles.

V.

                De estilo coloquial, ameno y directo, con construcciones imaginativas y una elegancia narrativa más que precisa, Bradbury indaga el comportamiento humano en situaciones límites, como la búsqueda de amparo bajo una lluvia densa que nunca se detiene o la necesidad de ver crecer a un hijo cuando el padre es enviado a misiones espaciales que duran meses. Para quien desee iniciarse en la narrativa del autor, es un libro más que adecuado; mantiene la tensión en cada relato y deja material para la reflexión. Un libro que no dejará a nadie indiferente.

I.

Poco antes de renunciar, dijo que éramos un grupo que le resultaba abiertamente hostil. Así era; el año anterior sólo seis de la veintena que componía el curso no suspendió su asignatura. Pasé el verano siguiente auxiliando a mis compañeros para que los daños fueran menores. Pero en ese efervescente 1977 me hizo descubrir a Bradbury a través de La larga lluvia y despertó mi curiosidad sobre sci-fi. Luego vinieron Elton John y Bernie Taupin, e hicieron otro tanto con Rocket Man, también incluido en el libro. Me juré que algún día lo leería al completo. Casi medio siglo después, cumplo. Sirva de pequeño homenaje a Ana M. Salemme, mi profesora de Literatura.

domingo, 27 de septiembre de 2026

e-book 218. El desmoronamiento. El ojo de Goliat, Diego Muzzio

Las afueras, 2024

I.

                El título surgió como el gran ganador en nuestra última elección lectora. Venía precedido de auspiciosos comentarios desde su aparición en 2022 -bajo otro sello- y quienes ya lo habían leído lo impulsaban con entusiasmo. Desconociendo obra y autor, decidí incluirme entre quienes habrían de encararlo, con la seguridad de que el intercambio final sería enriquecedor.

II.

                Ambientado en Escocia tras la Primera Guerra Mundial, el doctor Pierce dirige una institución destinada a recuperar enfermos mentales y a quienes padecen estrés pos traumático. Él mismo sufre en carne propia las secuelas de aquélla y trata de aplicar una terapia de cura en base a hipnosis, descartada por la comunidad médica mundial. A Pierce acude el director de una compañía que construye faros con el objeto de pedirle ayuda: un primo suyo, Bradley, parece haber enloquecido tras un período de aislamiento en un faro ubicado al sur de Argentina, conocido como El ojo de Goliat.

III.

                Para aplicar los recursos clínicos adecuados al paciente, Pierce se nutre de un diario que Bradley fue llevando en su estancia en el faro, donde da muestras del deterioro mental que acrece a medida que debe pelear contra las fuerzas de la naturaleza en un estado de completo aislamiento y soledad. A su vez, Bradley cita una bitácora escrita por agentes anteriores –en particular, un tal Evans-, que fueran destinados allí voluntariamente, al ser presos del cercano penal de Ushuaia. La mejora circunstancial que la hipnosis produce en el paciente, fortalece a Pierce en su lucha contra sus pares que han condenado dicha práctica. A las obsesiones propias de los enfermos, ahora también se añade la del doctor.

La versión digital, gentileza de EpubLibre

IV.

               En esta novela psicológica, dividida en tres partes, Muzzio despliega una maestría sin par. Por un lado, toda la historia está impregnada de dualidad, un juego de espejos donde el bien y el mal intercambian sus roles; donde cada personaje va despojándose de su yo y convirtiéndose en otro, en una suerte de desdoblamiento de la personalidad, al mejor estilo Jekyll – Hyde. Por el otro, el lector asiste al desmoronamiento del doctor, que comparte con sus pacientes el trauma de la guerra, el sentimiento de culpa y la naturaleza violenta y salvaje del animal.

V.

               De estilo coloquial, fluido, en medio de una atmósfera de inquietud y con descripciones acertadas, Muzzio construye una novela que expone la fragilidad de la propia identidad ante circunstancias tan extremas como los horrores de la guerra y las consecuencias que acarrean en sus damnificados. Una excelente novela, recomendable ciento por ciento.

 

martes, 22 de septiembre de 2026

Los viajes de Chatwin. 2. Los trazos de la canción, Bruce Chatwin

Península, 2005

I.

                En el segundo volumen que compone esta trilogía, Chatwin narra las peripecias de un viaje sui generis a Australia. En stricto sensu, es la crónica que toma cuerpo mientras intercambia gentes y geografías en busca de un mito que circula en el territorio: los aborígenes australianos delimitaban sus terrenos en base a una canción que cada propietario conocía, única en su melodía. Esa canción servía de frontera de las parcelas a la vez que resguardaba los lugares sagrados.

II.

                Para proveerse de material de primera mano, Chatwin entra en contacto con Arkadi, un ruso residente, quien no solo le servirá de guía en su travesía sino que se encargará de las negociaciones con los pueblos originarios para respetar los lugares santos, en vista a la construcción de una nueva línea ferroviaria que atraviese esos terrenos. Así, a partir de este vínculo se abrirá una aventura junto a un puñado de personajes tan circunstanciales como entrañables, en la Australia profunda, en una atmósfera de escasez y supervivencia extrema.

III.

                Por sus páginas desfilan camionetas desvencijadas, viviendas precarias, tabernas desconchadas y otros elementos del entorno que, con la maestría literaria de las descripciones del autor, no solo se vuelven reales; el lector siente lo que está siendo narrado. Por otra parte, al estructurar la obra en breves capítulos, cada uno de ellos puede ser leído como si fuera un relato o episodio unitario.

IV.

               Destaco un plano no menor que alcanza la obra hacia el final de la misma. Allí, Chatwin se despoja un tanto de lo narrativo para darle espacio a una serie de reflexiones de naturaleza antropológica, filosófica y conductual, haciendo gala de meditaciones sobre el comportamiento humano, su agresividad, su predación de especies y naturaleza, su condición gregaria, su tendencia al sedentarismo y la vida nómade, que hacen del conjunto un texto memorable, que no se restringe al ámbito de un libro de viajes, como lo han catalogado. Es un compendio enriquecedor al ya vasto esfuerzo de poner en palabras toda una cultura basada en canciones.

V.

               De estilo coloquial, ameno y fluido, con profusión de escenas propias de un western y un sabio reparto entre diálogos y silencios, Chatwin ofrece una obra que conjuga tintes autobiográficos con recursos narrativos y elementos de ficción, en una amalgama que mantiene el interés lector hasta el desenlace. Una maravilla que asombrará al lector más entrenado. Para no dejar pasar.

 

jueves, 17 de septiembre de 2026

Silencios del desarraigo. Una familia bajo la nieve, Monica Zwaig


 Blatt & Ríos, 2026

I.

               Fue propuesto durante el cierre de un libro anterior, como al pasar, sin ahondar mucho en el contenido. Traía un incentivo extra, a lo exiguo de su costo: para la reunión final habría de asistir su autora. Como no frecuento letras locales –y quien me proveía de esos títulos se llamó a cuarentena-, aproveché la ocasión para renovar contacto con novel autora.

II.

               Harmonica es la tercera de cuatro hermanos, ella y su hermana menor nacidas en Francia, hijos todos de una pareja de exiliados argentinos durante la última dictadura que viven en los suburbios de París. Narrado en primera persona, la novela se divide en tres partes. En la primera se presenta la multitud de personajes familiares con su historia a cuestas. En la segunda, se habla sobre la llegada de Harmonica a Argentina, como jurista especializada en crímenes de lesa humanidad -quien acaba de romper con su pareja-, y en la tercera, se recoge lo sucedido durante los siete días que su madre la visita en Buenos Aires.

III.

               Un padre de origen judío y burgués, militante de izquierda en los candentes años ’70 de Argentina, se ve obligado a poner rumbo al exterior, llevándose a su hijo de dos años y a su bebé de meses junto a su esposa. Radicados en París, con el tiempo la familia ha crecido; el cambio de hábitat a una casa más grande y espaciosa es su señal. Si bien todos se esfuerzan por mantener el equilibrio interno, existen prístinos silencios que hacen difícil la convivencia. Máxime cuando la lengua que se maneja entre todos no es aquella en la que se guardan secretos y angustias que toda familia conlleva.

IV.

                Es de destacar tres grandes aciertos de su autora. Uno, haber escrito la obra en español y no en francés, consolidando así las expresiones que le brindan frescura y fluidez a todo el texto. Luego, no remitirse a un testimonio, sino que utiliza ser hija de exiliados para plantear algo más evanescente pero importante: el desarraigo lingüístico –y, por extensión, cultural- de quienes se refugian en otras geografías y que se ven obligados a callar. Por último, los cambios de registros narrativos –capítulos con títulos, que trocan en fechas de un diario y de ahí a una enumeración de los días- hacen del conjunto una novela tan versátil como comprometida.

V.

               De estilo directo, con cierto tono infantil –propio de quien no maneja el idioma en que se expresa-, descripciones precisas de sentires y escenas desopilantes que arrancan sonrisa o carcajada –una madre extasiada con canciones de Julio Iglesias o madre e hija plantando en la ESMA –de manera clandestina, obvio, un ginkgo biloba-, hacen de la novela una lectura entretenida. Para brindarle una oportunidad.

sábado, 12 de septiembre de 2026

Inquietudes. El Aleph, Jorge Luis Borges

La Nación, 2005

I.

               He sido mucho más devoto de su obra poética que de su narrativa. Al ser hijo de la ciudad que también fuera la suya, siento que sus poemas me describen mejor. No obstante, un taller de lectura recaló en este título y, tras una veintena de años, encaré su relectura, extendiendo la propuesta a un grupo con quienes comparto el placer de ella. Lo que sigue es un compendio de miradas surgidas al calor de nuestros encuentros, que para nada intentan agotar las posibles interpretaciones que dispara el conjunto de diecisiete relatos que componen el volumen.

II.

                Al inicio, nos preguntábamos cómo realizar una síntesis, cuando cada uno de los cuentos es un universo en sí mismo. Descartamos esa veleidad, focalizando en los temas recurrentes que aparecen en ellos, que son parte de las inquietudes que el propio Borges se planteó –y nos legó después- a lo largo de su vida. Aquí están el hombre frente al infinito; la otredad como contracara necesaria del yo –un dualismo existencial-; la importancia de la escritura como memoria colectiva de las sociedades; las limitaciones que impone el lenguaje a la hora de comunicar emociones, entre otras.

III.

               La búsqueda de la inmortalidad; la recreación del mito del Minotauro; una sugestiva biografía del compañero de Martín Fierro; la ejecución de una venganza; la obsesión que genera un objeto casi sin valor o la posesión de un lugar al que convergen todas las miradas del universo, son algunas de las escenas de las que Borges se vale para exponer sus elucubraciones acerca de la naturaleza del tiempo, la identidad, el sentido de la vida, la importancia del azar, la soledad… Para ello, utiliza todos los elementos que componen su marca registrada: el juego de espejos, la existencia de un doble, el laberinto, el tigre, el cuchillero, los jeroglíficos, por citar algunos.

IV.

                Esta colección, aparecida en 1949 cuando el autor frisaba el medio siglo de edad, también incluye una profusión de citas y referencias bibliográficas –muchas de las cuales son infundadas; una manera de burlarse de aquellos colegas que las usan como medio de fortalecer aseveraciones, no siempre claras- y cierto tono socarrón sobre las premiaciones que en el campo intelectual se realizan con el concurso de jurados que valoran las obras, de las que siempre mantuvo distancia y un cierto escepticismo.

V.

               De estilo directo, con múltiples recursos literarios, haciendo gala de una erudición y un preciosismo lingüístico sin par, Borges construye una obra memorable, con riqueza de descripciones y párrafos que merecen quedar en la memoria de todo buen lector. Quien desee iniciarse en las letras de Borges, ésta es una de las obras óptimas para hacerlo. No solo se disfruta; nos interpela y obliga a pensar.

 

lunes, 7 de septiembre de 2026

e-book 217. Marginalidad feérica. Como bestias, Violaine Bérot


las afueras, 2023

I.

               Me la habían mentado hasta cansar. Parecía que nadie podía sustraerse a su contenido y, por ello, ha sido uno de los títulos más trasegados en los clubes de lectura. Además, con la brevedad de su extensión, pingües negocios para todos: talleristas, libreros, lectores, editorial. Me quedaba espacio en el cronograma de lecturas y decidí incluirla. Me llevó sólo unas horas.

II.

               En una aldea cerca de los Pirineos, y en una zona aislada, una mujer en la treintena –Marietta- decide enviar a su hijo a la escuela. Su descomunal talla y su incapacidad de hablar, tan solo de gruñir cuando se siente amenazado, le han valido el mote de el Oso. Son tantas las situaciones de bullying por parte de sus compañeros, que la madre decide sacarlo de la escuela y dejar que se críe al aire libre entre las escarpaduras, aun ante la seria crítica de su maestra.

III.

                Pasados los años, el chico se convierte en joven, mucho más en contacto con los animales que con los humanos. Parece poseer el don de entender el sufrimiento de las bestias y ayudar a su cura o convalecencia. Su bucólica vida marginal concluye cuando la policía se entera que junto a él convive una niña desde hace algún tiempo. Todos suponen que fuese su hija, pero nadie puede aseverarlo. Al final, es capturado como un animal, detenido y encarcelado en espera de que su situación se aclare. Una ocasión de liberación se le presenta, precipitando el final.

La versión digital, gentileza de EpubLibre

IV.

               El texto presenta dos partes bien definidas. Por un lado, está la historia de Marietta y su hijo, con un intento fallido de adaptación a la institución escolar. Por el otro, está el mundo de las hadas, al que parece responder su protagonista. Las hadas no roban bebés; suelen acunarlos y cuidarlos. Algo de ello hay en la sensibilidad de él, que cuida de una niña pequeña –quien nadie sabe de dónde surgió- y le ha conseguido un burro de mascota y compañía. Sin embargo, la policía, que interroga a todos aquellos que han tenido contacto con él o su madre, incluso a ésta, no parece tomar en cuenta las características anómalas de la situación, que se resolverá, como fuera de esperar, de la peor manera.

V.

               De estilo coloquial y muy fluido, el libro puede leerse de un sentón –como ha sido el caso-. Bérot construye en un área rural y en base a testimonios, una original historia de marginalidad e incomprensión social que se lleva muy bien hasta un desenlace apresurado y algo escapista, que impide una valoración superlativa. El previsible final deja gusto a poco, cuando la historia podría haber dado para mucho más. Así y todo, netamente recomendable.