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lunes, 20 de junio de 2016

Versión Original 13. Trenes rigurosamente vigilados, Bohumil Hrabal


El Aleph, 1997

           Escribí la siguiente reseña hace casi seis años y al releerla me sorprende la vigencia que ese puñado de palabras mantiene respecto de mi propio recuerdo de este ya clásico libro de Hrabal. Además, pareciera que el mundillo editorial local se esforzara por sostener la sensación, dado que desde esa fecha hasta el momento, la única edición disponible sigue siendo la de marras; por cierto, acudiendo –invariablemente- al mercado del libro usado.


            Una frase del autor –ignoto para mi hasta ese entonces- que expresaba su necesidad de escribir como última ratio ante el suicidio, me llevó a indagar sobre él. De todas sus obras, este título resonaba por causas mayores: el texto se ha llevado a la pantalla grande, y el film ganó el Oscar en 1967 como “Mejor Película Extranjera”. Pregunté por él a todo mi catálogo de proveedores, sin éxito. Sólo quedaba un ejemplar en una sucursal de las grandes cadenas –en las antípodas de mi domicilio-. Hasta allí fui y lo compré. Cuando regresaba, se me dio por entrar en una librería lindera al Botánico a preguntar si había algún ejemplar distinto. Otro cliente que me escuchó, dijo que éste era el libro que había que leer (¡no sabía que ya estaba dentro de la bolsa!). Ahora, sólo me queda conseguir –y ver- la película.

            Apenas lo empecé, me pareció divertido… tragicómicamente divertido. Es la historia de Milos Hrma, un joven de veintidós años, aprendiz de “factor” –algo así como “oficial”- de una estación de trenes en un pueblo perdido de Checoslovaquia, durante el final de la ocupación nazi, en el año 1945. Descendiente de una familia donde abundan las rarezas, el joven se ve conducido –casi sin querer- a ser parte de un acto de la resistencia checa contra el invasor alemán, aun a riesgo de su vida.

            Lo genial de esta triste pero entretenida historia es que los personajes poseen una mezcla de inocencia y rusticidad que los vuelve humanos y profundamente creíbles. El autor no escatima la ironía a la hora de delinearlos, pero los muestra en una realidad primitiva, como si el desparpajo fuera una condición inherente al ser checo, un “retrato de familia”.

          En un lenguaje hasta por momentos simplote, donde escasean los conectores lógicos de toda trama, Hrabal se las ingenia para burlarse de su sociedad, de su estrechez de miras e inacción, de la parafernalia bélica alemana –donde la muletilla “rigurosamente vigilados” encarna justamente el sarcasmo de quienes no cumplen con ello- y donde la vida y la muerte acontecen como un detalle, sin dramatismos ni heroicidades.

            Uno no puede dejar de transitar las páginas con el pseudo equilibrio que otorgan las carcajadas junto a la tristeza de un final anunciado que, por otra parte, ya está implícito en el inicio del relato.

            La novela romántica, que une la resistencia local y el despertar sexual de un joven en medio de una guerra que no concluye aun, pero que da signos de agotamiento, constituyen el nervio central de este texto, que se lee amenamente y deja un sabor agridulce al concluirse.

              Difícil de encontrar, es un libro que vale la pena ser leído por su sentido del humor y lo absurdo de las circunstancias cotidianas. Una perlita.

viernes, 24 de abril de 2015

Amigos somos los amigos. Tierno bárbaro, Bohumil Hrabal


Galaxia Gutenberg, 2014

           Hrabal es un autor al que le he cobrado bastante cariño. Ya sea porque supo ser muchas cosas antes de dedicarse a las letras, o porque sus líneas contienen una rara combinación de tristeza, optimismo y un humor irreverente que se burla tanto de sí mismo como del entorno, volviendo profano aquello que intentó ser solemne –v.g., la opresión soviética sobre los países de Europa del Este, República Checa en particular-.

            Este libro condensa la historia de Vladimír (Boudnik), quien junto al narrador –el autor, sospecho, apodado Doctor- y Egon Bondy, deambulan en una suerte de bohemia suburbana. Tres marginales que comparten una amistad sin límites, con mínimos recursos pero con una fortaleza fraterna a prueba de cualquier régimen dominador.

               Así, Hrabal repasa esas noches de discusiones filosóficas acerca del arte, la cultura y la vida, compartidas al calor de alcoholes varios, haciendo de Vladimír el eje y nervio de todas las andanzas, cargadas de caprichos, extravagancias, rupturas de modelos preestablecidos –como el uso de materiales desechados para convertirlos en vanguardia de expresión artística- y una gama de insolencias que se mofa de los convencionalismos sociales de la época.

            Con ese estilo directo, algo fragmentario pero siempre enfocado en el acontecer de su amigo, Hrabal dispone acertadamente los episodios que han tenido al artista plástico que fue Boudnik como protagonista central de este relato, confiriéndole al texto un carácter testimonial de lucha contra un arte oficialista monótono y chato, al que catalogaban de ‘cáscara vacía’.

            Escrito en 1973, en medio de un confinamiento autopropuesto y con la prohibición de sus obras, Hrabal recurre a sus excelentes recuerdos del amigo, antes de que éste se quitara la vida, para elaborar un canto a la amistad asociado a la nostalgia de su ausencia; una permanencia en el interior quien con su figura proyecta luz a un presente gris, cargado de abulia e intrascendencia.

              Una vez más, el checo logra cautivar, entretener y preguntarnos acerca de qué nos resulta significativo para la existencia. Tan breve como inconmensurable, el libro fluye rápidamente en manos del lector. De a ratos conmovedor; entrañable siempre.

domingo, 25 de mayo de 2014

Crónicas del subsuelo. Una soledad demasiado ruidosa, Bohumil Hrabal


Galaxia Gutenberg, 2012


           Leí la reseña que Claudia Pérez realizó acerca de este título aquí mismo, pues no tuve la oportunidad de hallar un ejemplar como para compartir la lectura en tiempo y forma. En una suerte de ‘Estéreo póstumo’, rindo homenaje tanto al autor como a mi compañera con la que iniciamos este espacio.

            Es un libro breve, distribuido en ocho capítulos escritos casi de corrido, donde se narra parte de la historia de Haňt’a, un hombre que hace treinta y cinco años trabaja en un sótano sórdido y mal iluminado acarreando papel de descarte para alimentar una máquina que ha de compactarlo. Cada tanto, escamotea un libro destinado al desguace, para engrosar su biblioteca personal, lo que le permite convertirse en un hombre culto ‘a pesar de sí mismo’, como él lo indica. Vive en una habitación desvencijada, próximo a la miseria, y su mayor alegría consiste en disponer réplicas de cuadros de Cezanne, Manet, Van Gogh y otros pintores con los que envuelve los fardos de papel una vez constituidos.

         La lectura puede realizarse en varios planos. En principio, el protagonista es un defensor de las letras. Con su actitud de quedarse con algún ejemplar que considera valioso y darse de lleno a su lectura, Haňt’a resume su placer por aprender y el valor intrínseco que poseen los libros en la formación de los seres humanos.

            Además, Haňt’a es un artista, al intentar envolver el producto del desecho de manera que ofrezca una imagen reconocible por quienes pudieran verlo o manipulen ese fardo al final de su vida útil.

          También, Haňt’a propicia una simbiosis hombre – ratón. Los ratones que hacen nidos en el papel muchas veces acaban con él dentro de la compactadora, en su afán por acompañar lo que consideran su alimento y vivienda. De alguna manera, la metáfora de terminar nuestros días a mano de las máquinas no deja de tener un correlato en lo que acontece hacia el final; una brigada de jóvenes enrolados en el partido oficial desplazan a Haňt’a de su labor cotidiana, relegándolo al retiro y, con él, al olvido. La crítica a las nuevas generaciones -desprovistas de consideración hacia los más viejos- junto al auge de una tecnología inhumana al servicio de un régimen frío y despótico se manifiestan abiertamente en el desenlace.

          En síntesis, Hrabal ha compuesto en poco menos de un ciento de densas páginas un relato que abarca su visión del autoritarismo y de la modernidad como contraposición al rescate de la literatura, único refugio de aquel que todo lo ha perdido. Con una prosa precisa y rotunda, es una obra concisa, sustanciosa, sujeto de múltiples lecturas. Recomendable ciento por ciento.

miércoles, 15 de agosto de 2012

Una denuncia transformada en poesía. Anuncio una casa donde ya no quiero vivir, de Bohumil Hrabal.


     Bohumil Hrabal (Moravia 1914 - Praga 1997), escritor Checo, lo descubrí con su novela "Una soledad demasiado ruidosa"; y cuando me topé con este título no dudé en comprarlo. Sabía lo que tenía entre manos: una narrativa que mastica poesía; una obra poética como ninguna.
     El ejemplar contiene siete relatos: Kafkiana, Qué gente tan rara, El ángel, Lingote y lingotes, La traición de los espejos, El tambor roto y Hermosa Poldi; todos a lo largo del libro se unen para describir y sobrevolar la Checoeslovaquia comunista de la posguerra; y las historias, que del mismo modo son muy diferentes entre sí, se unen en algún punto por la ironía, el humor, la libertad y el sinsentido que se respira en ellas y que el autor lo maneja de una forma fenomenal.
    
Anuncio una casa donde ya no quiero vivir, título que extrae de la frase de Viola Fischerová que cita al comienzo del libro, a modo de presentación:
Una lechería podría vender incluso en la oscuridad.
Empezar a vivir sola es más que nacer.
Se puede entender la falta de fe
como una atención que no hace distinciones.
Con todo, anuncio una casa
donde no quiero vivir.”

     Uno podría interpretar que a través del título Anuncio una casa donde ya no quiero vivir, publicada en 1965,
Hrabal anunciara que ya no quiere vivir más en aquella Checoeslovaquia, una Checoeslovaquia comunista de posguerra. A mi entender, este libro como también las obras de “Clases de baile para adultos y alumnos aventajados” y “Trenes rigurosamente vigilados”, ambas publicadas en 1964, le valieron su censura tiempo después. Según su biografía, en la década del ´70 el autor fue censurado por adherirse a la “Anticarta” en la Primavera de Praga, medida por la cual fue expulsado de la Asociación de Escritores Checos, se retiraron todas sus obras de las librerías y de las bibliotecas.
    
Anuncio una casa donde ya no quiero vivir es una obra excelente, donde Hrabal nos sigue deleitando con su habilidad literaria; describe de manera descomunal su visión acerca del mundo y, con el humor que lo caracteriza, detalla lo absurdo de aquella vida cotidiana.
     Es una lectura amena para acercarse a este escritor, que tanto vale la pena descubrir.  


                                                                             Claudia Perez

sábado, 4 de agosto de 2012

Relatos del sinsentido. Anuncio una casa donde ya no quiero vivir, Bohumil Hrabal


El Aleph, 2006

            Emblemático y trascendente. Este libro es una colección de siete relatos en los que Hrabal, un eximio observador de la realidad checa, construye sendas historias cargadas de imaginación, ironía, sarcasmos y humor, utilizando como elementos disparadores el absurdo y sinsentido de la vida cotidiana.
            En ‘Kafkiana’ entreteje la locura y la cordura del protagonista a través de la superposición de imágenes diarias, sin nexo alguno entre sí, como disrupciones que denotan una esquizofrenia avanzada. Una burla ácida acerca del régimen comunista de posguerra en Checoslovaquia, donde el encargado de la grúa de una acería es un ex - asesor jurídico, y en el que un decreto que hace a los operarios aumentar la producción, deviene en una huelga ‘hasta esperar que el enlace’ explique el por qué, es el tema de ‘Qué gente tan rara’.
            Un guardia-cárcel que, sin dejar su marcialidad en medio de un reciclado de chatarra, se vuelve flexible con el reglamento, permitiendo el acercamiento entre prisioneras y prisioneros es el núcleo narrativo de ‘El ángel’. Una alegoría establecida entre una joven condenada, su violación y la argamasa que devuelve la fusión de los hornos Martin respecto de toda la escoria y desecho de posguerra, se encuentra en ‘Lingote y lingotes’. Particularmente interesante es la visión de Hrabal sobre el ‘reciclado’ de todo aquello que se considera obsoleto –incluyendo los seres humanos, insertos en una nueva realidad-.
            Un artista trashumante y funambulesco que intenta competir para ganar un premio oficial –y repite uno de los dos motivos más representados por los concursantes-, con la ayuda de un Voluntario Civil –magnífica imagen del clásico ‘soplón’ del sistema- es parte de ‘La traición de los espejos’. ‘Hermosa Poldi’ es un relato de la acería en la que se consume la vida de aquellos que se ven forzados al ‘trabajo voluntario’ –otro eufemismo para denotar la disidencia- de más de cien días, con sus rarezas y miserias.
            Finalmente, lo más destacado resulta ‘El tambor roto’, un cuento fantástico cuyo protagonista es un acomodador obsesivo, fanático del orden, al que la disputa entre música culta y popular termina por hacerlo partícipe en una gresca de proporciones; un grotesco inimaginable que captura la atención del lector, poniendo de relieve el más absoluto sinsentido, que atraviesa a todos y a cada uno de los relatos presentes en este volumen.
            El libro resulta entretenido, fluido y ameno, con escenas imperdibles y propuestas a más que inverosímiles en medio del contenido. Esa casa donde Hrabal ya no quiere vivir, es la Checoslovaquia del comunismo, de la irracionalidad, del totalitarismo. El retrato de la opresión, la censura de posguerra, el intento de recuperación económica y las ilusiones muertas de toda una generación son parte de él y convierte al texto en una mirada cáustica y desesperanzada.
 Marcelo Zuccotti

domingo, 16 de octubre de 2011

Una sabia soledad. Una soledad demasiado ruidosa, de Bohumil Hrabal



Ediciones Destino Áncora y Delfín, 1990

     Deambulando por las redes sociales con el fin de encontrar algo interesante para leer, me topé con el título Una soledad demasiado ruidosa. Algo dentro de mí se accionó, puesto que empecé a averiguar sobre ella, alcanzando ese grado de excitación que poseo cuando me enfrento a los estantes repletos en una librería: espero que algún libro me agarre del cuello y me suplique que lo lleve. Eso fue exactamente lo que me ocurrió: este libro quería que lo comprase. Además, confieso que todo aquello que tenga relación con la soledad se halla entre mis temas favoritos de lectura; es que debe haber algo que despierta en mi una fuerza interior que logra que yo deje de ser yo, desarmándome por completo y dejándome rendida a los pies de las descripciones más nimias de la cotidianeidad, tal como me sucedió al leerlo.
     La obra pertenece a una vieja edición de Áncora y Delfín. La cubierta color celeste pastel se acompaña de un dibujo que semeja un barco moviéndose en altamar luchando al andar contra grandes olas, pero que, en realidad, es una figura construida por pedazos de una ciudad; un rompecabezas armado, con sus partes pegadas desprolijamente unas sobre otras, como si el tema central sólo fuera eso: una soledad construida por situaciones aisladas, inconexas, superpuestas gracias al relato del protagonista.
     Es una obra poética de lo más deliciosa, exquisita desde la primera hasta la última página. Ordenada en capítulos, con pocas comas y algunos puntos, en ella Bohumil Hrabal se desliga totalmente de los párrafos; pero, ¿para qué los querría?, ¿para despedazar aún más la soledad?
     Una soledad demasiado ruidosa transcurre en un subsuelo solitario, húmedo y oscuro, donde se mezcla el bullicio de las ratas, corriendo por las alcantarillas, junto a la sordidez mecánica que emite el ruido monótono de la máquina de prensar papeles. El estilo narrativo resuma tanto realismo, que se transpira una pastosa humedad en la que el amor por los libros traspasa el papel, trepa por las piernas y se apodera del lector, que puede palpar la angustia del personaje con la misma sensación táctil que brindan los granos de azúcar entre los dedos. Además, trasmite percepciones a través de imágenes cinematográficas y metáforas poéticas dejándole anonadado, con la boca abierta, tanta es la poesía contenida -que se halla reunida en pocas páginas, pero con un valor inmenso-.

"Hace treinta y cinco años que trabajo con papel viejo y ésta es mi love story. Hace treinta y cinco años que prenso libros y papel viejo, treinta y cinco años que me embadurno con letras, hasta el punto de parecer una enciclopedia, una más entre las muchas de las cuales, durante todo este tiempo, habré comprimido alrededor de treinta toneladas, soy una jarra llena de agua viva y agua muerta, basta que me incline un poco para que me rebosen los más bellos pensamientos, soy culto a pesar de mí mismo y ya no sé qué ideas son mías, surgidas propiamente de mí, y cuáles he adquirido leyendo, y es que durante estos treinta y cinco años me he amalgamado con el mundo que me rodea porque yo, cuando leo, de hecho no leo, sino que tomo una frase bella en el pico y la chupo como un caramelo, la sorbo como una copita de licor, la saboreo hasta que, como el alcohol, se disuelve en mí, la saboreo durante tanto tiempo que acaba no sólo penetrando mi cerebro y mi corazón, sino que circula por mis venas hasta las raíces mismas de los vasos sanguíneos.”

      Así comienza el relato de este escritor checo, que bien podría interpretarse como una carta dirigida a los lectores -con el objeto de generar conciencia sobre la importancia de la lectura- tanto como ser parte de un diálogo que el protagonista mantiene interiormente consigo mismo. Es la historia de Haňt’a, un hombre que adora el trabajo, se desvive reproduciendo paquetes prensados como si fuera una obra de arte de Piccaso, Klimt, Cézanne, Monet y que se pone contento cuando llena la propia cartera de libros para descubrir luego, en su casa, algo más de lo que él es. El trabajo para Haňt’a representa un calmante para aliviar el alma; es el alimento para apaciguar el hambre que despiertan tantos y tantos libros prensados y tirados a la basura. De todos modos, dice de ellos:

“…porque cuando un libro comunica algo válido, su ritmo silencioso persiste incluso mientras lo devoran las llamas, y es que un verdadero libro siempre indica algún camino nuevo que conduce más allá de sí mismo.”.

     Es un libro para aquellos que disfrutan de la profundidad de las palabras, de la soledad y de la sencillez de lo cotidiano.                                                    
 
Claudia Perez