Random House, 2018
I.
El libro fue propuesto en un taller
de lectura en el que participo. Poco o nada sabía acerca del autor y su
filiación –hijo de dos afamados escritores locales, Héctor Libertella y Tamara
Kamenszain-, como tampoco de su obra previa, pero su contenido y brevedad
decidieron su lectura.
II.
Mauro escribe esta secuencia
biográfica cuatro años después de la muerte de su padre, acaecida en octubre de
2006 –cuando él contaba con veintitrés años de edad-. En ella, no intenta
elaborar una experiencia catártica sobre su desaparición; más bien, narra en
primera persona los últimos años de vida de su padre –enfermo de alcoholismo- y
su entorno familiar. Junto a su hermana Malena y unos pocos amigos, iremos
reconstruyendo ese pasado filial, con claroscuros, a través de recuerdos y
testimonios, sin eludir la sordidez de su desenlace.
III.
Destaco la voz narrativa y su
construcción. Libertella no intenta que el lector empatice con él, como tampoco
acude a golpes de efecto para lograr conmiseración alguna. Por el contrario,
relata descarnadamente cómo ha sido su vínculo, su reciprocidad afectiva y su
propia visión del derrumbe paterno, sin dejar de exhibir su vulnerabilidad en
la hora final. Y hace un esfuerzo notorio en dejar muy bien diferenciadas las
esferas del escritor y la del padre. Quizás ése sea su mayor acierto.
IV.
Con una prosa fluida, directa en su
mayoría y emotiva de a ratos, Libertella elabora un significativo momento en la
vida de cualquiera –como lo es la muerte de un progenitor- haciendo de la
narración una suerte de sentida despedida que un hijo le tributa,
reconociéndole sus flaquezas de ser humano y también su generosidad y su amor
por las letras. En suma, un auspicioso debut en mis lecturas.
