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lunes, 13 de marzo de 2017

Borrachera en tránsito. Moscú - Petushkí, Venedikt Eroféiev


Marbot, 2010

I.

            Era una deuda contraída con U-topía. Al compartir la lectura de Limónov, de Carrère, le confesé por vía privada que este título despertaba mi curiosidad pues se refería a él en el capítulo dedicado a su vida entre 1967 y 1974, en medio de un clima de fracaso intelectual y artístico que se vivía en el Moscú de Brezhnev. En ese momento aparece –clandestinamente- esta obra.

II.

            La novela parece autobiográfica. Al menos, se encuentra basada en las propias experiencias del autor mientras se desempeñaba como operario del tendido de la red telefónica hacia el otoño de 1969 en Sheremiétievo. Narrada en primera persona del singular, relata las peripecias de un joven que debe dirigirse un viernes hacia Petushkí, aldea distante poco más de una centena de kilómetros, subido a un tren de cercanías que cubre ese trayecto, movido por dos razones: la pasión que ha despertado en él una mujerzuela de ojos albos y la visita que semanalmente realiza a su hijo pequeño, que vive allí junto a su madre.

III.

            Eroféiev testimonia la vida habitual de un borrachín de clase medio baja que comienza su viaje en Kursk, cuyo único capital son un par de botellas de vodka de distinta calidad y una botella de vino, junto a unas golosinas destinadas a su crío. Las peripecias de su viaje, desde una cierta sobriedad hasta la más sublime borrachera y pérdida del conocimiento no son óbice para evidenciar la forma de vida de la población rusa, adicta a la bebida alcohólica como única vía de escape de la indigencia, el hambre y la ignorancia.

Eroféiev en Santa Rosa de Calamuchita, Pcia. de Córdoba, Argentina

IV.

            Por otra parte, Eroféiev aprovecha la trama propuesta para exponer cómo se puede sobrevivir con un Estado omnipresente pero con poco control, engañándolo en las tareas asignadas hasta que son descubiertos. En este sentido, el relato cobra ribetes de testimonio personal.

V.

         Con una prosa directa, informal y por momentos graciosa, el autor compone una novela donde el protagonista comparte cartel con las distintas bebidas que lo mantienen, si no con esperanza, al menos con un mínimo de vida hasta el final. Una obra bien crítica del comunismo soviético y de la estrechez de miras de un pueblo ignorante, atrasado.