Anagrama, 2007
Hace
ya algún tiempo lo había visto comentado en la blogosfera y llamó mi atención
el tema. Para más, el autor es chileno y yo no había incursionado en letras de
ese origen hasta el momento. Intenté conseguir un ejemplar, sin éxito. Un día
se me dio por pasar por lo de un librero amigo cuando iba camino de otras
búsquedas y ahí estaba, esperándome.
Es un libro de poco más de un ciento
de páginas en el que Julián, a la espera de Verónica que aun no regresa de su
clase de dibujo, le ha de contar un cuento a la hija de ésta, Daniela, de seis
años, hasta que la madre llegue o bien hasta que él esté seguro de que no
volverá. El cuento trata sobre comentarios que sostienen un baobab y un álamo
ubicados en un parque.
En su desarrollo, Zambra nos acerca
cómo se conocieron sus protagonistas, parte de la vida de Julián desde niño,
las características de Fernando, el padre de Daniela, y algo de la bohemia
esposa ausente.
Lo más interesante de la narración
es que Julián lega por escrito la serie de cuentos que comparte con su
hijastra, con la esperanza de que ella lo lea una vez alcanzada la adultez. Por
eso se la imagina a distintas edades –veinte, veinticinco y treinta años- cuando
ya ha quedado en el olvido no solo el relato sino también su padrastro.
Entre idas y vueltas hacia el futuro
y el pasado, el autor desgrana una sentida trama de quien se queda solo con una
hija heredada, a la que se debe ayudar a crecer. Acaso Julián, en esa noche de
espera eterna, vislumbra un presagio de ausencia que se ha de extender, sin
saber, a su propia existencia y la de la pequeña.
El miedo al abandono, la necesidad
de aprender a ser padre a la fuerza, la impotencia del que se encuentra al borde
del abismo y solo le resta esperar el desenlace, como un espectador
privilegiado de su vida, es lo que transmite Zambra magníficamente en esta
breve novela, construida con elementos cotidianos. Escrita en estilo coloquial
y fluido, se lee rápidamente de un sentón, dejando una nota agridulce.