Mostrando entradas con la etiqueta Alejandro Zambra. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Alejandro Zambra. Mostrar todas las entradas

jueves, 13 de febrero de 2014

Presagio de ausencia. La vida privada de los árboles, Alejandro Zambra


Anagrama, 2007

              Hace ya algún tiempo lo había visto comentado en la blogosfera y llamó mi atención el tema. Para más, el autor es chileno y yo no había incursionado en letras de ese origen hasta el momento. Intenté conseguir un ejemplar, sin éxito. Un día se me dio por pasar por lo de un librero amigo cuando iba camino de otras búsquedas y ahí estaba, esperándome.

           Es un libro de poco más de un ciento de páginas en el que Julián, a la espera de Verónica que aun no regresa de su clase de dibujo, le ha de contar un cuento a la hija de ésta, Daniela, de seis años, hasta que la madre llegue o bien hasta que él esté seguro de que no volverá. El cuento trata sobre comentarios que sostienen un baobab y un álamo ubicados en un parque.

            En su desarrollo, Zambra nos acerca cómo se conocieron sus protagonistas, parte de la vida de Julián desde niño, las características de Fernando, el padre de Daniela, y algo de la bohemia esposa ausente.

             Lo más interesante de la narración es que Julián lega por escrito la serie de cuentos que comparte con su hijastra, con la esperanza de que ella lo lea una vez alcanzada la adultez. Por eso se la imagina a distintas edades –veinte, veinticinco y treinta años- cuando ya ha quedado en el olvido no solo el relato sino también su padrastro.

              Entre idas y vueltas hacia el futuro y el pasado, el autor desgrana una sentida trama de quien se queda solo con una hija heredada, a la que se debe ayudar a crecer. Acaso Julián, en esa noche de espera eterna, vislumbra un presagio de ausencia que se ha de extender, sin saber, a su propia existencia y la de la pequeña.

               El miedo al abandono, la necesidad de aprender a ser padre a la fuerza, la impotencia del que se encuentra al borde del abismo y solo le resta esperar el desenlace, como un espectador privilegiado de su vida, es lo que transmite Zambra magníficamente en esta breve novela, construida con elementos cotidianos. Escrita en estilo coloquial y fluido, se lee rápidamente de un sentón, dejando una nota agridulce.