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lunes, 9 de diciembre de 2019

Épica renacentista italiana. Orlando furioso, Vol. 2, Ludovico Ariosto


Cátedra, 2002

I.

            Como había supuesto en junio pasado, al entregar la primera parte de esta reseña, la lectura del volumen de marras me ha ocupado parte de los sábados y domingos desde aquel mes hasta el presente. Los autores de cantares de gesta, propios del Renacimiento, han utilizado in extenso las novelas de caballerías para congraciarse con mecenas o poderosos bajo los cuales medrar. Esta obra, dedicada a la familia de Este de Ferrara, no es la excepción.

II.

            El Volumen Uno cerraba con la furia de Orlando a raíz de descubrir –al pasar por medio de un bosque- que su amada Angélica había dejado notable evidencia de su ardiente pasión por el joven Medoro en las cortezas de los árboles donde pudo tomar solaz –que eran… casi todos-. La imagen de un Orlando que se despoja de armadura, espada, rocín y vestimenta, de manera de andar desnudo y a los gritos, estaba entre lo mejor de aquél. En éste, no solo sus amigos son capaces de encontrarse con San Juan Evangelista –que sería más longevo que Matusalén- sino que han de irse hasta la Luna para hallar la cordura perdida por el protagonista y así, mediante ardides varios, recobrarla.

III.

            Ariosto se vale no sólo de la Historia, sino también de elementos fantásticos, hechizos y encantamientos al servicio de una épica que concluye con un duelo –al igual que la Eneida, de Virgilio-, dejando paso a la descendencia que engendrarán Bradamante y el converso Ruggiero, de la que surgirá la casa de Este siglos después, en clara alusión a su protector.

IV.

            En estos veintitrés cantos finales abundan las batallas y enfrentamientos tras el asedio de París y la liberación de los cristianos. Particularmente importante son las muertes del moro Agramante y del fiel Brandimarte, como también la lucha en el terreno del amor entre Ruggiero y León, hijo de Constantino el Grande, por la bella Bradamante.
Testimonio de los volúmenes, a pleno sol
V.

            La traducción de Urrea no se apega del todo al original –mucho menos, cuando se habla mal de España-, pero las correcciones a esa versión por parte de los estudiosos que prepararon esta edición –presentes a pie de página- brindan una solución a los errores, clarifican el texto y comentan otras obras donde las ideas que surgen de los párrafos han tomado cuerpo nuevamente, de manera de ampliar el panorama de la literatura de ese tiempo. Sinceramente, la lectura del Furioso enriquece holgadamente el bagaje cultural del lector.

miércoles, 12 de junio de 2019

Épica renacentista italiana. Orlando furioso, Vol. 1, Ludovico Ariosto


Cátedra, 2002

I.

            Era una cuenta pendiente desde que un colega me lo recomendara y lo comprara a su consejo hace casi dos décadas. Desde entonces esperó hasta hoy. Soy consciente de que una reseña no debiera entregarse por partes, pero debido a la extensión –más de tres mil páginas- me tomo esa licencia. Máxime, cuando la lectura de este primer volumen me ha ocupado parte de todos los sábados y domingos del año en curso. Imagino que otro tanto ocurrirá con el restante.

II.

            Las fuentes en las que abreva el Furioso son, naturalmente, el Orlando Innamorato, de Boiardo; las Églogas y la Eneida, de Virgilio; el Cancionero, de Petrarca; las Metamorfosis, de Ovidio y la Commedia, de Dante Alighieri, entre otras menores. La influencia ejercida por el texto puede hallarse en el Carlo famoso, de Zapata; La Araucana, de Ercilla y, por supuesto, en el Quijote, de Cervantes. Afortunadamente para el profano, esta edición es profusa en citas a pie de página, que revelan origen y alternativas presentes en obras posteriores, como también aclaraciones sobre la traducción del original.

III.

            Basada en el Cantar de Roldán –Orlando, en italiano-, Ariosto retoma el tema de la caballería de aventuras, la defensa del catolicismo, la caballerosidad de los paladines, entre amores, hechizos, batallas, y justas que prueban el temple de los personajes que, en grado sumo, se dan cita en sus páginas. Porque no sólo es el devenir de Orlando y su amada Angélica, sino también de Reinaldo de Montalbán y un puñado de otras figuras menores que sazonan el relato.

IV.

            Ambientada en el siglo VIII, en el asedio sobre la Francia de Carlomagno por parte de los sarracenos, todo el poema –en verso, tanto como su traducción a cargo de Urrea- es una defensa del cristianismo contra el Islam, matizado con historias personales que hacen a la visión épica propia del Renacimiento, cuando Ariosto la escribió, ca. 1530. El poema se estructura en cuarenta y seis cantos –veintitrés en este volumen- escritos en octavas y pueden apreciarse tres planos: el amoroso, que ocupa los primeros trece cantos, da paso a la epopeya carolingia y a fábulas que laudan a la casa de Este, de los duques de Ferrara, mecenas de Ariosto a quienes está dedicado.

V.

            Destaco el estilo narrativo que ha elegido el autor. Cuando considera que ha de aburrir, cambia y centra la historia en otro episodio, al igual que los típicos culebrones contemporáneos. Además, ironiza al hombre racional que la tradición medieval encomiaba. Ariosto se permite incluir la pasión lujuriosa, el deseo y el desatino en los adalides –Orlando está furioso (perdió la cordura, loco de celos y rabia por la infidelidad de Angélica)-, burlándose así de la solemnidad presente en todo cantar de gesta. Un libro atractivo e inconmensurable.