Eterna Cadencia, 2017
I.
El título se propuso en un taller,
para debatir durante el mes en curso. Al reunirnos, éramos muchos más que la
vez anterior. Quizás el tema fuera convocante, aunque de ninguna manera una de
esas lecturas de verano. No tenía
noticia ni de obra ni de autor, razón por la que presté mi participación y
escuché los comentarios.
II.
Mella construye una novela que puede
ser definida como ficción del yo –tan
de moda en estos días- en base a un suceso extraordinario: Alejandro, su
hermano seis años menor, muere durante una violenta tormenta desatada una noche
en la costa uruguaya, en febrero de 2014, debido a la descarga de un rayo en la
casilla de la playa donde oficiaba de guardavidas. Ante el hecho inexplicable,
sus padres y hermanos restantes intentan sobrellevar la circunstancia sin caer
en el regodeo del dolor por la pérdida, reconstruyendo parte de la historia
personal y familiar del difunto.
III.
Pero el autor no se cierra sobre el
suceso sino que lo aprovecha para contar sus propios avatares desde que decidió
dedicarse a las letras, sus idas y vueltas con su ex – mujer y madre de sus dos
hijos, las coincidencias y diferencias de puntos de vista con sus padres y
hermanos, los sentimientos de culpa, miedos y deseos que anidan en todos ellos
y las reflexiones que disparan la ausencia de un ser querido.
IV.
Narrada en primera persona,
entremezcla hechos que sucedieron en un pasado con otros que habrían de ocurrir
posteriormente, convirtiendo el pasado en presente y el futuro en pasado.
Además, no hay un cuestionamiento serio sobre la negligencia del protagonista –dormir
en la casilla en plena tormenta- que lo llevó a tan triste fin, como tampoco
una hagiografía del héroe. Mella se libra con holgura de caer en tópicos
lacrimógenos a la vez que da lugar al desarrollo de un puñado de sentimientos
encontrados.
V.
De estilo directo y frontal, sin
golpes bajos ni la búsqueda de efectos en el lector, la novela discurre en una
calma expectante, no exenta de escenas violentas, con diálogos ricos entre esos
protagonistas que han debido atravesar una prueba dolorosa. La única nota
discordante es la narración autorreferente del éxito alcanzado con sus novelas
anteriores, que bien podría haberse soslayado. Por lo demás, una novela sentida
y sustanciosa.
