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viernes, 22 de enero de 2016

Versión Original 9. Poética contra el totalitarismo stalinista. Cuadernos de Voronezh, Osip Mandelstam


        Esta reseña apareció hace casi cinco años en un espacio desaparecido. No obstante, he decidido hacerlo conocer puesto que en su momento fueron varias las personas a las que llegó por primera vez un testimonio disidente de la más brutal represión de Stalin respecto de sus opositores. Una lectura que mantenemos con U-topía disparó esta resurrección. ¡Enhorabuena!

Cantus Árcticus*
        
         Quien accede a unos versos como los siguientes, escritos en 1934,

                            “Vivimos sin sentir el país bajo nuestros pies,
                                   nuestras voces a diez pasos no se oyen.
                                   Y cuando osamos hablar a medias,
                                   al montañés del Kremlin siempre evocamos.
                                   Sus gordos dedos son sebosos gusanos,
                                   y sus seguras palabras, pesadas pesas.
                                   De su mostacho se burlan las cucarachas,
                                   y relucen las cañas de sus botas.”

no puede dejar de imaginar el anunciado desenlace, sobre todo si el destinatario de tamaña diatriba no es otro que Josep Stalin, en pleno ejercicio del poder omnímodo. Realmente, dieron ganas de conocer la poética de un miembro “opositor” –ridícula palabra en aquellos tiempos de censura, destierro y muerte- al régimen soviético y despertó mi curiosidad sobre la literatura contestataria de la dictadura stalinista. Allí surgieron escritores como Pasternak, Ajmátova, Gumiliov, Brodsky, Tsvietáieva y este rudo poeta de origen polaco, que acabó sus días en un campo de trabajos forzados en 1938, a la edad de 47 años. Me refiero a Osip Mandelstam, del que he leído “Cuadernos de Voronezh” (Igitur, 2002).

El pájaro de fuego

         La obra es una colección de poemas, en edición bilingüe, que el autor lleva a cabo cuando es desterrado a la ciudad homónima. Está escrita en tres cuadernos escolares, tomando como modelo la Divina Comedia, y en donde cada cuaderno representa el Infierno, el Purgatorio y el Paraíso respectivamente.
         Entre estos poemas se cuentan aquellos que evocan a su tierra, las mujeres amadas, su condición de desterrado, sus conocimientos sobre Pushkin, Dante, Lermontov y otros autores, muchos de los cuales recrea, como éste de Ovidio,

                                   “Privándome del mar, del vuelo y del correr,
                                   Y dando al pie el apoyo de una tierra herida,
                                   ¿Qué habéis logrado? Excelente cálculo:
                                   No podréis arrancar mis labios trémulos.”

         El libro también cuenta con un extracto tomado de “Páginas de mi diario”, de Anna Ajmátova donde recuerda a Mandelstam y un Epílogo en el que se resume la vida del autor y los poemas dedicados a Stalin que le valieron su segundo y último destierro a Vladivostok.

El cascanueces

         Asombra la forma con que Mandelstam expresa simbólicamente sus ideas, muchas de las cuales serían inaccesibles al profano si la edición no estuviera acompañada de una serie de notas explicativas que permiten comprender cuáles son los motivos de las alusiones. En el caso de,

                                               “Con temblorosos racimos de uva
                                               Nos amenazan estos mundos,
                                               Y de ciudades furtivas,
                                               Dorados lapsus, delaciones,
                                               Bayas de hielo tóxico, penden
                                               Las elásticas tiendas de campaña de las constelaciones,
                                               los dorados sebos de las constelaciones.”

los “racimos de uva” representan el gas tóxico usado en la Primera Guerra Mundial, y “los dorados sebos” aluden al sebo de las cartillas de racionamiento y, por ende, elípticamente, al hambre.
         Por otro lado, el uso de las palabras en las descripciones en varias ocasiones está dotado de cierta musicalidad que demuestran los vastos conocimientos del autor sobre la literatura clásica, y de la destreza en el manejo de los versos y su simbolismo.

In tempus præsens

         El presente no parece un tiempo para poesías; con su vorágine cotidiana nos conduce más hacia otros géneros que éste, cuyo dominio de la métrica y rimas ameritan mayores esfuerzos tanto en la escritura como en su significancia. Sin embargo, mi sensación fue que en sus líneas el lector vive la nostalgia del exilio, de los amigos y los amores que sólo perduran en el recuerdo, de reconocerse un paria sin querer renunciar a decir lo que los demás murmuran pero todos callan. Con esta obra, Mandelstam se convierte en una de las voces que aun hoy clama en ese desierto que conlleva toda clase de opresión y sometimiento a los semejantes. 

* Único encabezado cuyo autor no es de origen ruso en la presente reseña, pero es acorde con la tragedia del poeta.