I.
Con motivo de la reaparición
relativamente reciente de este mismo título bajo otro sello editorial –que, al
parecer, ha contado con el espaldarazo de Antonio Muñoz Molina quien, además, fuera
el responsable de su prólogo-, han sido varias las voces que se hicieron eco de
ello y emitieron sendas opiniones, todas ellas entusiastas. Tratándose de un ejercicio de memoria, como señala la
propia autora, decidí incluirlo bajo esta etiqueta.
II.
El breve libro que apenas excede el
ciento de páginas cuenta con una Introducción a cargo de Geoffrey O’Brien,
quien fija el contexto en que fuera escrito y se explaya sobre las letras y el
estilo de Hardwick. Estructurado en diez capítulos, ella repasa parte de su
biografía, sus viajes y estadías en distintas ciudades de E.E.U.U. y Europa.
Pero no se circunscribe al mero recuerdo, sino que cada evocación dispara
reflexiones, citas de autores –entre ellas, las de Borges, Pasternak, Louise
Colet, Dostoyevski visten sus páginas- e interpretaciones personales, mientras
desgrana historias y testimonios varios.
III.
La definición del libro se vuelve
evasiva. Es una suerte de diario que se acerca a lo que hoy se conoce como
autoficción –aunque sospecho que el vocablo era impensado en 1979, año de su
aparición-. Una prolífica madre que cambiaba continuamente de lugar, las
carreras de caballos en Lexington, Kentucky; los compañeros de cuarto y el
inicio sexual; ser testigo de un triángulo amoroso en Ámsterdam; una semblanza
más que interesante de Billie Holiday; la vida de las criadas que supo conocer,
son parte del derrotero elegido por Hardwick para hablar sobre la vida, los
afectos, los vínculos familiares, sociales y de pareja.
IV.
Con una pluma ágil y apreciaciones
inteligentes, Hardwick construye un trabajo del que no está ausente su cercanía
con los menesterosos, los desamparados, los solitarios que abundan en las
grandes ciudades, puesto que ella misma participa de esa naturaleza. Y al igual
que Olivia Laing, Vivian Gornick y Lauren Elkin –autoras que también se
encuentran bajo esta etiqueta-, defiende su derecho a pasear por las urbes y
observar –y describir- la vida de sus gentes y el rol de la mujer en ellas.
V.
En resumen, un libro que abarca un período de tiempo importante –entre los ’40 y los ’80 del siglo pasado-, con su cuota de libros, autores y jazz incluido, y que se disfruta mucho. Agradezco a un par de amigas lectoras –Ana B. y Utopía- quienes, cada una en su momento, me descubrieron título y autora. Sus opiniones personales pueden visitarse con sólo hacer click en sus nombres.













