Periférica, 2006
Había leído un comentario sobre este autor que, al parecer, está considerado por la crítica como representante emergente de la literatura centroamericana contemporánea. Al alcanzar este breve volumen no dudé en llevarlo, pues resulta apropiado para alternar con otras lecturas que requieren mayor abstracción o bien para amenizar al concluir otra de cientos de páginas, como ha sido el caso.
Gina es la protagonista de esta breve historia, aunque no sólo relata su acontecer en primera persona, sino que además poseemos imágenes de su pasado por la presencia de un narrador. Con dos hijas pequeñas y una carrera de antropóloga archivada en el olvido, decide abandonar el matrimonio que la une con Ariel, padre de sus hijas, pues no se encuentra satisfecha con el rol que ella misma ha aceptado. La desilusión, que la realidad impone a nuestros sueños de lo que nos gustaría que fuera, acaba por deteriorar su relación y hacerla naufragar.
Pero Gina no es una sola. Soto se las ingenia para hacernos conocer todas las facetas de su personalidad, saltando hacia adelante y hacia atrás en el tiempo, de manera que Gina se convierte en varias mujeres. Así, la chiquilla que corría a los patos y no los alcanzaba, convive con la mujer de Marvin –un negro- quien se convierte en su pareja año y medio después de separarse; con la estudiante de izquierda combativa para derrocar al dictador nicaragüense Anastasio Somoza; con la niña que ha perdido a su padre en un accidente de tránsito y con la mujer que se ha afincado en el pueblo donde vive.
En este transcurrir poliédrico, el relator nos narra también los hechos salientes de su vida: su primera menstruación, su inicio sexual, su desencanto con la política y otros tópicos que hacen de Gina una multitud de personajes reunidos en uno solo. Quizás Gina encarne, por extensión, a la mujer latinoamericana, mezcla de sueños, realizaciones y frustraciones que representan fielmente al género femenino de nuestras sociedades actuales.
Es un libro cálido, que se lee rápida y fácilmente y que comparte con nuestras mujeres el colectivo imaginario de nuestra vida.