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jueves, 22 de diciembre de 2022

Retratos de Irlanda. Cuentos selectos, William Trevor

 

Edhasa, 2020

I.

               Bien mirado, junio de 2021 ha sido un mes de ingresos destinados a letras del Reino Unido. Entre ellas figuran tres de origen irlandés y dos de Gales. De alguna ya he dado cuenta y ahora le ha tocado a este prolífero autor, con cúmulo de novelas y colecciones de narrativa breve, de los que se ha hecho una selección de lo más granado para este volumen. Como es escaso el material disponible en lengua española, la sola composición de esta antología no puede menos que despertar adhesiones.

II.

                Esta colección se compone de una docena de relatos de variada extensión en los que Trevor expone con notable fineza la realidad de ese pueblo que ha sabido observar a lo largo de su vida. Aquí se dan cita un viejo general, religiosos de distintas creencias, hermanos solterones, personal de oficinas, un director escolar y su familia, dos esposas de un hombre ciego, entre otros personajes. Todos ellos son elementos funcionales al abordaje de temas tan cotidianos como la soledad, el amor no correspondido, el influjo de la tradición, las disputas entre el clero (incluida la pedofilia), la ruptura sentimental.

III.

               Párrafo aparte merece la maravillosa estructura narrativa. En la mayoría de los relatos –si no en todos- la historia se teje entre dos personajes, donde uno de ellos brinda información sobre el otro, de manera que el lector accede a lo que piensa y/o sabe (pero no dice) cada cual respecto de su acompañante. Esta simbiosis compañero – oponente no solo fortalece la narración, sino que hace innecesario el uso de la tercera persona del narrador omnisciente. Una agradable novedad para este lector.

IV.

                Todas las bondades que este libro presenta se ven opacadas por una edición descuidada, donde abundan errores de sintaxis, ortografía, conectivos lógicos y una traducción que raya en lo paupérrimo. No me explico cómo una casa editorial, de la envergadura de ésta, saca al ruedo una colección de relatos en los que, al menos, debe haber casi tres centenas de errores y algunos desconocimientos groseros del lenguaje inglés –o irlandés- del texto que le da origen. Si el lector logra sobreponerse a semejante menosprecio, tiene ante sí una obra magnífica.

V.

               Con diálogos jugosos y escenas memorables, en estilo ameno y coloquial, Trevor construye pequeños retratos de la Irlanda rural y urbana, de sus gentes, sus sueños, sus desencantos. Una mirada fecunda que, aún con los obstáculos que ofrece la presente edición, es imposible dejar pasar. Recomendable ciento por ciento.

miércoles, 11 de septiembre de 2013

Con aromas a pasado. Verano y amor, William Trevor


Salamandra, 2011

            Me preguntaba qué se había hecho de la literatura irlandesa en estos tiempos, por lo que incursioné en el universo de Claire Keegan, hace una temporada ya. Consultando la blogosfera, apareció este autor, entre otros, de quien se tienen cifradas esperanzas de transcender allende los mares. Aunque el título parecía trillado, estaba disponible y consideré una buena ocasión de encarar su lectura.
            La trama transcurre en un pueblito irlandés hacia fines de los años cincuenta, donde una joven huérfana, que ha sido criada por las monjas en un monasterio, es ‘ubicada’ como criada en un rancho, a cargo de un viudo muchos años mayor. Luego de un tiempo de aprendizaje de las tareas domésticas y de ayudar al ranchero, éste le propone matrimonio y ella acepta. Mas el equilibrio alcanzado en el desarrollo cansino y rutinario del quehacer rural en que la pareja pasa sus días, viene a romperse con la llegada de un joven introvertido, cuyo objetivo es liquidar la casa familiar, ahora que ambos padres han muerto, e irse a vivir al exterior.
            El clásico triángulo amoroso toma, en este caso, ribetes telúricos, donde sus personajes viven una pasión relativamente controlada, en medio de un pueblo conservador y tradicional -con los chismorreos típicos de aquellos que elaboran la comidilla de rumores-. Secundados por una serie de personajes que brindan el necesario escenario local, la historia del joven nostálgico y la esposa que descubre el amor se unen al sentimiento de culpa del ranchero, que ha perdido a su esposa e hijo en un extraño accidente y a una historia de otro tiempo, que un lugareño anciano y desvariado les va narrando a los protagonistas, como si aquel pasado volviera al presente y tomara forma nuevamente en ellos.
            Construida con elementos poéticos y escasez de palabras, Trevor desgrana una ficción en la que dominan emociones contenidas; donde lo que no se dice es tanto o más importante que lo que figura en los diálogos. Y donde ningún personaje adolece de inocencia alguna. Cada cual sabe perfectamente qué hace y por qué, asumiendo su responsabilidad en cada decisión. Fluido y dinámico, el texto se disfruta tanto en los hechos como en la manera que encuentra Trevor de exponerlos,
En las calles de ciudades oscuras, en calles que a menudo sólo frecuenta él, imprevistos momentos de luz rasgan la oscuridad y una realidad de segunda mano se extiende en el vacío.”
            En suma, todo el libro resulta una bocanada de aire fresco, que guarda fragancias de otros tiempos. Merece ser leído.