Seix Barral, 2013
Primero
fue Ana, después Yossi, luego Utopía y finalmente Mientras Leo los que
acercaron su parecer sobre el libro de marras. Al hacerle saber a la primera mi
imposibilidad de acceder al mismo en estas landas, decidió allegarme espontáneamente
una copia en formato digital a fin de que deje
de llorar por la carencia. A tono con el título, escogió una sutil manera
de hacerme notar que yo también envejezco. Aún así, agradezco públicamente a
Ana tamaña gentileza.
Todo transcurre en Assys, un poblado
de Francia, el 9 de julio de 1961 cuando Suzanne, la guapa y joven esposa de
Albert Chassaigne ha de recibir en su domicilio el primer televisor del lugar y
así poder ver en vivo un reportaje en el
que aparecerá su amado hijo mayor, Henri, quien se encuentra destinado
militarmente en Argelia y se ha tomado la molestia de avisarle de él por carta.
Simultáneamente, Albert está
buscando un motivo valedero para tomar coraje y quitarse de en medio, pues
siente que su vida carece totalmente de sentido, con un hijo mayor ausente, una
esposa por la cual ha perdido todo interés –si es que alguna vez lo tuvo- y un
hijo menor, Gilles, que le resulta ajeno pues sólo parece interesado por la
lectura, en especial Eugenia Grandet,
de Balzac.
Completan el cuadro de situación
Madeleine, la anciana madre de Albert que va perdiendo los recuerdos; Liliane,
la hermana amada aunque díscola y su esposo André; Paul Marsan, el empleado de
correo, amante de su esposa, y Antoine, el viejo maestro jubilado que orientará
al joven Gilles tanto en ortografía como en sus lecturas.
Con estilo fluido que incluye
matices poéticos, el autor construye un relato que intenta contraponer la
vacuidad de la modernidad y su desaprensión por los sentimientos humanos,
frente al desmoronamiento de un mundo basado en las tradiciones y viejas
costumbres que esa misma modernidad ha venido a reemplazar.
La novela transita el horror de la
guerra, la sensación de fracaso personal, la abulia de un matrimonio sin
comunicación, las diferencias generacionales dentro de una familia y la
necesidad de evasión de una vida gris. En ese entorno, el único elemento
destacable es la literatura, ejercida como instrumento de interpretación de la
Historia, pues Gilles podrá comprender su vida familiar a través de las
Letras.
Al final, ese joven devenido
profesor de Letras, cuarenta años después, efectuará una apología de los hombres que compusieron el
–quizás- mayor error bélico francés -la línea Maginot- de la que su padre,
Albert, ha sido parte. Una suerte de reivindicación y reconocimiento.
Recurriendo a algunos clichés y
escenas previsibles que opacan la trama, Seigle asume la defensa de ese mundo
perdido donde cada cual cumplía un rol y la solidaridad iba de la mano de la
emoción. Interesante, aunque un poco melancólico.
