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sábado, 28 de noviembre de 2020

La voz de la ciudad. El secreto de Joe Gould, Joseph Mitchell

Quinteto, 2000
 

I.

             Un solitario comentario en la Red acerca de este libro me procuró el interés necesario para buscarlo. Luego apareció algún otro título del autor que me recordó la espera del presente. Finalmente, al querer orillar la literatura periodística decidí incluirlo entre mis lecturas del año, en especial porque tenía más de investigación o semblanza que de novela al uso. Algo de lo que Truman Capote explotaría con creces.

II.

            Este trabajo es un compendio biográfico de Joseph Ferdinand Gould, un egresado de Harvard proveniente de una acomodada familia de Nueva Inglaterra, que arribó a Greenwich Village, Nueva York, hacia 1916 y por espacio de cuatro décadas hasta su deceso se dedicó a una vida bohemia, en calidad de escritor, mendigo, gorrón… es decir, un personaje local conocido por todos.

III.

             Dividido en dos partes, Mitchell realiza primero una semblanza de Gould, aparecida en The New Yorker –del que  era redactor- en 1942. Diminuto y de baja estatura, Gould es un hombre que dice entender el lenguaje de las gaviotas; ha medido el cráneo de los indios Chippewa –de los que ha aprendido su baile étnico- y confiesa estar escribiendo la Historia oral de nuestro tiempo, una suerte de colección de diálogos, entrevistas y observaciones de los ciudadanos de Nueva York con los que el propio Gould ha interactuado, cuyo material –reunido en cuadernos- asciende ya a varios volúmenes de la Biblia, en extensión.

IV.

            Luego, bajo el título de marras, Mitchell vuelve a Gould ya como conocido, como alguien a quien le ha seguido la pista a lo largo de los años, cautivado por el misterioso contenido del supuesto libro que Gould guarda tan celosamente. Si bien el protagonista le facilita algunos ensayos –que lo tienen como figura principal-, nunca accede a enseñarle lo que pudiera haber recogido como testimonio de los demás, algo que Mitchell considera como la voz de la ciudad. A la muerte de Gould, se dispara la búsqueda de tamaña obra, aunque aquél ya supone su desenlace.

V.

            Asistiendo a fiestas a las que no estaba invitado; durmiendo en los bancos de estaciones de bus o en albergues para vagabundos, solicitando ‘aportes’ para la Fundación Joe Gould, este hombrecito parece haber encontrado una manera de sobrevivir sin molestarse por lo que digan de él. Con una prosa que alterna lo periodístico con lo conmovedor, fluida y amena, Mitchell construye un texto a la altura de tan significativo personaje, con el telón de fondo de un Village que ha sabido de sus andanzas y excentricidades. En suma, una lectura agradable y tiempo bien invertido. Hay película del año 2000, dirigida y protagonizada por Stanley Tucci, con Ian Holm en el rol de Gould.