Mostrando entradas con la etiqueta Jean-Paul Didierlaurent. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Jean-Paul Didierlaurent. Mostrar todas las entradas

viernes, 16 de febrero de 2018

e-book 26. Locos lindos. El lector del tren de las 6.27, Jean-Paul Didierlaurent


Seix Barral, 2014

I.

            Me decidió la lectura que había hecho Agnieszka de este libro, hace ya un tiempo. Creo que todos los lectores somos proclives a enternecernos con aquellas historias que tratan de otros lectores, obras literarias o librerías, por simple afinidad con lo que nos es querido: el mundillo del libro en general. Por eso mi disposición era un tanto escéptica al encarar el título de marras, aunque no le quitaba mérito.

II.

            No hay nada raro en este libro. A lo sumo, un protagonista –llamado Guibrando Viñol- que opera una máquina de origen alemán –qué raro- que tritura papel para reciclarlo, y quien suele infligir un castigo impune a los demás pasajeros del tren que aborda todos los días para ir a trabajar: lee en voz alta alguna de las páginas rescatadas de la Cosa. Que la alimentación de esa Cosa –así como él la llama- son libros, sólo libros. Que sus mejores amigos son un lisiado cuyas piernas se comió la Cosa, y un guardia de acceso, que suele expresarse a cualquiera en alejandrinos dodecasílabos. Que, al escucharlo, un par de ancianas le soliciten realizar lecturas en el instituto para mayores donde habitan, los fines de semana. Como dije, nada extraño.

III.

             Pero un día se topa con la historia de Julie, una aseadora de baños en un centro comercial, que no tiene mejor idea que poner por escrito lo que vive, y pierde en el tren ese pendrive que concentra toda su mirada acerca de sí misma y de la sociedad que la rodea. En el afán de conocer a la autora, Guibrando va declamando el acontecer de Julie día tras día sobre ese tren hasta que, con ayuda de la tecnología y sus amigos, llega hasta ella.

IV.

            No es una historia de amor in stricto sensu, ni tampoco una novela profunda y señera; más bien parece destinada a tocar nuestra fibra sensible y empatizar con el pobre Guibrando, de vida gris y rutinaria –como tantos de nosotros-, por su amor por la lectura y los libros. Por creer que, más allá de una tarea aburrida y mediocre, que solo nos permite ganarnos el sustento, existe un mundo de posibilidades que la literatura nos brinda a la vuelta de la esquina y, quizás, hasta guarde para nosotros una promesa de amor.

V.

            Con escasos elementos narrativos aunque bien dosificados, el autor nos conduce, gracias a un puñado de locos lindos, hacia un final emotivo, a través de diálogos jugosos y reflexiones sobre la lectura y el oficio de leer. Ameno, coloquial, el libro será siempre del agrado del mundo lector.

La versión digital, gentileza de Epublibre