Legasa, 1983
En
el rincón de un viejo mueble que posee mi madre descubrí algunos libros que poblaron
mi adolescencia y primera juventud. Entre ellos, encontré éste, con una
dedicatoria de uno de aquellos amigos con quienes compartía la vida deportiva,
al aire libre, junto con salidas nocturnas en grupo y, ¿por qué no?, amores,
alegrías y desdichas, mientras delineábamos proyectos personales, en busca de
la felicidad. Como no recordaba bien cuál era el contenido, lo intercalé entre
otras lecturas más profundas.
Con un prólogo de Jorge Luis Borges,
un apasionado de Stevenson, se inicia una serie de fábulas breves, cuya
extensión no superan la docena de páginas en el mejor de los casos, llenas de talento
imaginativo y realización contundente,
-
Fíjese bien –dijo el vecino-. Este mercado
es el más grande del mundo.
-
Creo que no –dijo el viajero.
-
Quizá no sea el más grande del mundo, pero
es el mejor –dijo el vecino.
-
Creo que usted está equivocado –dijo el
viajero. Lo puedo asegurar.
Esa
misma tarde lo enterraron.
Así, Stevenson se vale de toda una
galería de elementos de ficción –animales que hablan, personajes de alguna de
sus otras obras; sueños, hechizos y aparecidos, entre otros- para condimentar relatos
creativos munidos, algunos de ellos, de cierta moraleja.
“El
diablo paró una vez en una posada, donde nadie lo conocía, porque se trataba de
gente cuya educación era escasa. Tenía malas intenciones y todos le prestaron
oído durante mucho tiempo. El posadero lo hizo vigilar y lo sorprendió con las
manos en la masa. Tomó una soga y le dijo:
-
Voy a darte de azotes.
-
No tienes derecho a enojarte –dijo el
diablo. Soy sólo el diablo y mi naturaleza es obrar mal.
-
¿Es verdad? –preguntó el posadero.
-
Te lo aseguro –dijo el diablo.
-
¿No puedes dejar de obrar mal? –preguntó el
posadero.
-
Ni en lo más mínimo -dijo el diablo. Sería
inservible y sería cruel dar de azotes a una cosa tan pobre como yo.
-
Es verdad –dijo el posadero. Hizo un nudo y
lo ahorcó.
-
Ya está –dijo el posadero.”
Un libro que compila varias de estas
fábulas, fluido, divertido, que hace gala de un fino humor británico y deja
algunas reflexiones interesantes.
Decidí incorporar esta escueta
reseña porque bajo este sello editorial –nacido con el regreso a la democracia
en Argentina, en 1983- se cobijaron los primeros trabajos serios de
interpretación sobre qué había ocurrido en el pasado reciente – el Proceso de
Reorganización Nacional, la Guerra de Malvinas- y otros que se encontraban
largamente agotados, como la historia del movimiento obrero argentino. La casa
editora perduró hasta 1991. Por otro lado, dudo que haya otra edición de estas
fábulas disponible actualmente. Leerlo ha sido recuperar un grato recuerdo.