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viernes, 13 de julio de 2012

El precio de una pasión no correspondida. La balada del Café Triste, Carson McCullers

            

             
            Este trabajo es parte de una colección de obras de McCullers que la casa editora Seix Barral compiló en el 2008 bajo el título “El aliento del cielo”, tomándolo de su relato homónimo. La misma no sólo comprende los cuentos completos y sus tres novelas breves, una de las cuales reseñamos en esta ocasión, sino también viene acompañada de un prólogo y comentarios del escritor Rodrigo Fresán a propósito de la obra.
            Ambientada en el típico sur norteamericano, en un pueblo en el que solo existe una fábrica de hilados de algodón y granjas a su alrededor, ésta es la historia de Miss Amelia Evans, una mujerona de más de metro ochenta de estatura y musculatura masculina que ha heredado de su padre una casa que, antiguamente, solía ser un almacén. Miss Amelia prospera con las ganancias del comercio y con las que le propina una destilería clandestina en las afueras del pueblo donde elabora el mejor whisky de la región. Una mujer solitaria y trabajadora, para quien el amor de pareja nunca ha sido de su interés, no obstante haber estado casada por espacio de diez días cuando joven.
            La llegada de un jorobado que aduce ser su primo, y la compañía que le proporciona a Miss Amelia, va cambiando la fisonomía del lugar, hasta convertir al viejo almacén en un café, único lugar de reunión al que asiste la mayoría del pueblo.
            Narrado en tercera persona, se nos hacen conocer los detalles de la boda, el por qué del desencuentro y el desenlace final, con las consecuencias nefastas sobre Miss Amelia y el café.
            Yendo al texto, McCullers construye un relato en base a una observación minuciosa del entorno sureño, con sus chismes, idiosincrasia y fantasías colectivas, donde abundan múltiples elementos secundarios que sostienen esta historia de amores no correspondidos. Porque Miss Amelia se enamora de su primo Lymon –razón por la que se dulcifica su vida de sociedad- y a éste sólo le interesa sí mismo y los beneficios que le reporta estar junto a su acaudalada prima. Pero también –y más precisamente- es el amor no correspondido de Marvin Macy, el esposo capaz de caer en la ignominia y jurar venganza al marcharse, debido a los desplantes y el desprecio de que es objeto por parte de Miss Amelia.
            Hay una página que la autora ha decidido incorporar, que nos aporta su propia visión del amor. En ella, habla del amado y del amante.
“En primer lugar, el amor es una experiencia común a dos personas. Pero el hecho de ser una experiencia común no quiere decir que sea una experiencia similar para las dos partes afectadas. Hay el amante y hay el amado, y cada uno de ellos proviene de regiones distintas. Con mucha frecuencia, el amado no es más que un estímulo para el amor acumulado durante años en el corazón del amante. No hay amante que no se de cuenta de esto, con mayor o menor claridad; en el fondo, sabe que su amor es un amor solitario.”
            Éste es un texto en el que todo el universo de McCullers se despliega ante nosotros. Desde un narrador inasible que describe el entorno y los hechos con equilibrio entre nitidez y displicencia, pasando por un dominio de la esfera comunitaria sobre la esfera personal donde el cotilleo se vuelve relevante, y concluyendo con una pelea que alcanza ribetes de grotesca aunque alegórica, sin dejar de lado los mecanismos que la autora supone acerca del amor y de la correspondencia o no, el conjunto de escenas que se representan están elaboradas con las sutilezas que aporta una mirada algo irónica y cansina, resumiendo una visión melancólica y decadente de la vida pueblerina.
            Con un estilo ameno, fluido y entretenido, resulta una recomendable primera aproximación para descubrir la literatura de McCullers.
Marcelo Zuccotti

martes, 10 de julio de 2012

La soledad en su baile más triste. La balada del café triste, de Carson McCullers

Bruguera. Libro Amigo. 1982
 

     La edición de La balada del café triste es para coleccionar; tiene las hojas ásperas y amarillentas, algunas de ellas frágiles, y con un perfume particular que da gusto acariciarlas mientras se lee. El ejemplar, de 190 páginas, aparte de la novela La balada del café triste y del cual lleva su título, contiene los relatos de: “Wunderkind", "El jockey", "Madame Zilensky y el rey de Finlandia", "El transeúnte", "Un dilema doméstico" y "Un árbol, una roca, una nube".
     Carson
McCullers es brillante, tiene la sensibilidad y la habilidad para describir los detalles y las situaciones logrando visualizar las imágenes en todas sus dimensiones; con una prosa a veces poética.
     “El pueblo en sí mismo es tristón. Poco hay allí excepto la fábrica de algodón, las casas de dos habitaciones donde viven los trabajadores, unos cuantos melocotoneros, una iglesia con dos vidrieras de colores y una miserable calle Mayor de sólo cien metros. Los sábados, granjeros de los alrededores llegan para pasar el día charlando y comerciando. Por lo demás, el pueblo es solitario y triste, como un lugar remoto y apartado del mundo.”. Así comienza la novela La balada del café triste. Carson la situó en un pueblo solitario y triste en donde no pasaba nada, sólo una vez hubo un café, que fue el acontecimiento del mismo. Los habitantes estaban alucinados porque era la novedad del lugar; no estaban acostumbrados a reunirse simplemente por placer. La dueña era la señorita Amelia Evans pero el responsable del éxito y de la animación del local era su primo Lymon, el jorobado. Éste, era la atracción del lugar, le gustaba ser el centro de atención y quería que todos le mirasen mientras contaba sus anécdotas. Amelia preparaba los menús y las deliciosas bebidas que se vendían en el café. Además, era la médica del pueblo que recetaba remedios caseros, preparados por ella misma. Desde que su primo Lymon se instaló en la casa, Amelia se había vuelto más sociable, iba a las reuniones evangelistas y a los funerales. En su rostro se asomaban tímidamente algunas muecas, que parecerían ser rastros de sonrisas, cuando sus ojos se clavaban melancólicamente en el jorobado.
     Amelia vivía en una casa grande, de dos plantas y dos habitaciones. Era una mujer solitaria, que vivía en soledad y trabajada de sol a sol. Un día apareció su primo Lymon   -del cual no tenía conocimiento; era hijo de la hermana de su madre-, y lo cobijó en la casa; le contó todo acerca de su vida, menos que estuvo casada diez días con Marvin Macy –“ese remiendatelares con el que estuve casada” como lo llamaba ella. Y resultó que Amelia se enamoró de su primo Lymon. Carson McCullers se pregunta: “¿qué clase de amor era aquél?” y despliega la respuesta de forma deslumbrante, como adelantándonos y poniéndonos a tono a los sucesos que se desencadenarán después en la novela: “Ante todo, el amor es una experiencia compartida por dos personas, pero esto no quiere decir que la experiencia sea la misma para las dos personas interesadas. Hay el amante y el amado, pero estos dos proceden de regiones distintas. Muchas veces la persona amada es solamente  un estímulo para todo el amor dormido que se ha ido acumulando desde hace tiempo en el corazón del amante. Y de un modo u otro todo amante lo sabe. Siente en su alma que su amor es algo solitario. Conoce una nueva y extraña soledad, y este conocimiento le hace sufrir. Así que el amante apenas puede hacer una cosa: cobijar su amor en su corazón lo mejor posible; debe crearse un mundo interior completamente nuevo, un mundo intenso y extraño, completo en sí mismo. (…)
“El amado puede ser traicionero, astuto o tener malas costumbres. Sí, y el amante puede verlo tan claramente como los demás, pero sin que ello afecte en absoluto la evolución de su amor. La persona más mediocre puede ser objeto de un amor turbulento, extravagante y hermoso como los lirios venenosos de la ciénaga. Un buen hombre puede ser el estímulo para un amor violento y degradado, y un loco tartamudo puede despertar en el alma de alguien un cariño tierno y sencillo. Por lo tanto, el valor y la calidad del amor están determinados únicamente por el propio amante. Por este motivo, la mayoría de nosotros preferimos amar que ser amados. Casi todo el mundo quiere ser el amante. Y la verdad a secas es que de un modo profundamente secreto, la condición de ser amado es, para muchos, intolerable. El amado teme y odia al amante, y con toda la razón. Pues el amante está tratando continuamente de desnudar al amado. El amante implora cualquier posible relación con el amado, incluso si esta experiencia sólo puede causarle dolor.”
     Es una novela corta, agradable y melancólica, en el que uno disfruta de cada palabra, de cada párrafo de Carson McCullers.



                                                                                                        Claudia Perez