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miércoles, 22 de octubre de 2025

e-book 191. En el letargo estival. La vida tranquila, Marguerite Duras

Mardulce, 2017


 I.

               Fue el título auspiciado por el club de lectura de una librería local. El punch de la propuesta se basaba en dos elementos excluyentes: primero, que la traducción de este ejemplar ha estado a cargo de la poeta Alejandra Pizarnik, garantía de un trabajo de calidad. La segunda, que la casa editora, en su contraportada, hablaba de cierto incesto dentro de su contenido –algo que despertaba la curiosidad, al menos, entre el universo femenino-. Ambas cosas coadyuvaron para que tuviera lugar un rico debate final entre quienes participamos.

II.

                Dividida en tres partes, la novela abre con una escena brutal: el joven Nicolas acaba de batirse en duelo con su tío, Jérôme, después de que su hermana, Françou, narradora y en la mitad de la veintena, delatara las visitas nocturnas de éste al cuarto de Clémence, su cuñada, en ausencia de su marido. De paso, salda de ese modo una vieja deuda; Jérôme ha sido el responsable de dilapidar la fortuna familiar, impidiendo los estudios de ambos hermanos y obligando el traslado al entorno aldeano de Bugues. Esa primera parte concluye con notas trágicas.

III.

               La segunda parte transcurre en una playa del Atlántico, donde la protagonista se toma un descanso y conoce el mar. Es aquí donde Françou se apropia por primera vez de su identidad; como si saliera de sí y se observara desde afuera. Haciendo uso del flujo de consciencia, repasa lo sucedido antes y reflexiona sobre su porvenir; un incidente la restituye a su hogar. En la tercera, en letra cursiva, narra su regreso a Bugues, y luego su reencuentro con su amado, en un final previsible. Si bien confiesa el amor por su hermano, no existen elementos para hablar de incesto.

La versión digital, gentileza de EpubLibre

IV.

                Siendo su segunda novela, en ella puede reconocerse esa voz que hará famosa a Duras: una mezcla de seducción y violencia, de frases breves y contundentes, con una prosa precisa y descarnada. La protagonista añora una vida tranquila, donde no haya pasiones en pugna, celos, envidias ni muertes. Pero ese letargo estival despierta justamente lo contrario, sacando de la modorra pueblerina y el aburrimiento a sus habitantes.

V.

               En estilo directo, ameno y coloquial, con profusión de reflexiones acerca de la vida, la muerte, la familia y el amor, en una atmósfera que alterna la tensión y la introspección, Duras ofrece una novela que no por breve es menos sólida. Para quien aún no ha hecho experiencia, es el umbral perfecto para adentrarse en sus letras. Muy recomendable.

domingo, 16 de enero de 2022

Pelibro 22. El amante

 Libro

Marguerite Duras (Tusquets, 2007)

Cuando se aborda la literatura de Marguerite Duras, su obra parece transida de una única visión: la del francés que nació y vivió parte de su vida en alguna colonia de ultramar.

Pero en este caso, al repasar el texto de El Amante, sin duda surge un gran equívoco, pues existen dos versiones: la de marras, y otra posterior titulada El Amante de la China del Norte, una reelaboración de la primera con el fin de adecuarla al film que realizaría Jean-Jacques Annaud.

En la primera de las obras, se conjugan diversos elementos que hacen que el todo sea superior a las partes. Ambientada en los años ’20 del siglo pasado, no sólo se trata del inicio sexual de una niña blanca de quince años oriunda de Indochina con un chino joven rico, mucho mayor que ella, sino que el relato refleja parte de la vida de los colonos franceses, con sus escuelas y pensiones en Saigón y Sadec y su arrogancia europea, opuesta a la tradicional sociedad patriarcal china, que obliga a sus hijos a casarse entre familias de igual condición económica, entre otras cuestiones sociales.

A ello, habría que añadir una madre francesa empobrecida, burlada, incapaz de realizar un seguimiento adecuado de la educación de sus tres hijos como de reconocer su preferencia por su primogénito; la naturaleza enfermiza del vínculo fraterno, donde se sugiere –aunque no se explicita- una relación incestuosa entre hermanos y a la vez la omnipotencia de ese hermano mayor quien, adicto al opio, hace más gravoso y peligroso el delicado equilibrio familiar; una necesidad de experimentación de la protagonista que la lleva, a más del descubrimiento de su propio sexo y del masculino, también a ahondar en una prístina relación homosexual con su mejor amiga y compañera de pensión.

Estos elementos nutren uno de los objetivos centrales del relato: la desesperación. La de la madre, que no cuenta con dinero suficiente para dar de comer a sus hijos; la del hermano mayor, por conseguirlo para fumar opio; la de la niña, para no ver morir a su amado hermano menor a manos del mayor... en síntesis, la trágica historia de una familia desintegrada, sin recursos, al borde de la ignominia, en una geografía tan exótica como ajena a ellos.

La protagonista combina su despertar sexual con la necesidad de prostituirse para conseguir dinero, tan necesario para hacer frente a las deudas en que está sumida su madre. Así, no sólo se trata de desesperación sino también de transgresión: la que implica una relación entre una niña blanca y un chino, y la deshonra a la que se ve sometida al perder la virginidad sin casarse. Hay algo de triunfo en esto, puesto que el chino es incapaz de enfrentar las normas impuestas por su sociedad. Todo ello en una atmósfera de sutiles imágenes y descripciones, como si un velo rodeara por completo la trama.

         En suma, una interesante historia -“autobiográfica”, según la autora-, que vale la pena leer, no cargada de erotismo -aunque presente-, donde el trasfondo resulta mucho más rico y profundo, dando lugar a la reflexión y el deleite del lector.


Film

Jean-Jacques Annaud (Metro Goldwyn Mayer, 1992)

            La realización de Claude Berri, basada en la novela homónima, dirigida por Annaud se apega bastante bien a la novela original de Duras, aunque no tanto a la reelaboración que, con esa finalidad, hiciera para la adaptación del guión. Es bien conocida su decepción y abandono de los estudios debido a las escasas sugerencias que fueron incorporadas a la versión cinematográfica. De hecho, la aparición de El Amante de la China del Norte ha tenido que ver con esa frustración, dando a conocer el material como manera de salvaguardar su propia mirada.

            En este caso, una adolescente Jane March encarna el rol protagónico con bastante soltura y se aviene bien con la construcción psicológica delineada por Duras: una pobre teen-ager blanca, en el descubrimiento e inicio de su sexualidad. Tony Leung la acompaña soberbiamente como amante, tan carnal como incapaz de renunciar al bienestar familiar que le impone apartarse de su amor. El resto del elenco cumple dignamente con los roles asignados, otorgando solidez al desarrollo de la trama principal.

            Destaco en primer lugar la magnífica fotografía, con esas panorámicas que conmueven al espectador; luego, el uso oportuno y medido de los primeros planos, que brindan carácter y fuerza de expresión a los personajes y finalmente el cuidadoso paneo de la cámara en las escenas de sexo y de alta carga erótica, tratando de exponer lo menos posible –y sugerir, más que mostrar explícitamente- a ambos actores, sin menoscabo de lo rotundo de las mismas. La música, si bien es acorde al film, no descolla.

            Por todo esto es una película que se disfruta tanto o más que el texto entrecortado que eligió Duras como formato para su novela. Si bien algunas historias presentes en ésta no han sido tomadas por el guión, el conjunto fluye en un continuo crescendo hasta su desenlace. La voz en off de Jeanne Moreau, como narradora, es la frutilla del postre.

Testimonio del Pelibro 22