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domingo, 20 de junio de 2021

Ciclos. Los llanos, Federico Falco

 

Anagrama, 2021

I.

            Habiendo incursionado previamente en la narrativa breve del autor, parecía una buena opción ingresar a su primera novela, máxime cuando la casa editora la promocionaba desde su portada como ‘Finalista Premio Herralde de Novela’, un más que promisorio espaldarazo para una obra debut.

II.

            El protagonista –homónimo del autor- narra en primera persona las peripecias de instalarse en Zapiola, un pueblo cercano a Buenos Aires, donde decidió afincarse después que su relación con Ciro –que llevaba siete años- se disolviera por decisión de éste. Al tener que abandonar la casa, en medio de una situación incómoda, sin reconciliación posible, padece un bloqueo tal que le impide continuar escribiendo o hacerle frente al taller de escritura que dirige. Necesita huir, tomar distancia; y no tiene mejor idea que arrendar un campo para intentar convertirlo en un huerto productivo, que con el paso del tiempo le permita sobrevivir, a la vez que aquiete su interior y pueda asumir qué ha pasado.

III.

            La historia combina tres planos bien definidos. Primero, está el tiempo presente, con los avatares propios del sembrado, las inclemencias climáticas y su cuota de predadores –hormigas, pájaros, etc.- que reducen los beneficios esperados. Luego, se intercalan retazos de historia con Ciro, desde que se conocieron y decidieron compartir su vida, hasta llegar a las conjeturas que a modo de explicación para sí mismo, el narrador intenta atribuir como motivos de la ruptura. Finalmente, se incluyen escenas del pasado familiar, donde los abuelos cobran importancia tanto en el afecto de Federico como en el aprendizaje acerca de las tareas destinadas a la subsistencia rural.

IV.

            Si bien la homosexualidad se halla presente a lo largo del texto, no parece tema de conflicto familiar. Más bien es como si, una vez expuesto, todos sus integrantes hubieran decidido no afrontarlo –para no convertirse en materia de habladurías-: Federico puede vivir como y con quien desee, siempre que en el pueblo de donde es oriundo no se sepa.

V.

            La novela abunda en reflexiones varias, con citas de autores diversos, mientras el lector asiste a las transformaciones que van teniendo lugar tanto en su personaje principal como en el entorno geográfico. Su lectura es de ritmo lento, algo cansino, pues el conjunto participa de la morosidad que imponen los cambios estacionales. Falco logra compaginar los ciclos de la naturaleza con los de amor y desencanto, en un estilo ameno y coloquial de párrafos cortos y separados, que discurre hacia el final, aunque las reiteradas alusiones a la evolución de las hortalizas puedan llegar a aburrir.


domingo, 18 de septiembre de 2016

Anécdotas de pueblo. 222 patitos y otros cuentos, Federico Falco


Eterna Cadencia, 2014

           Al aparecer su segundo libro de cuentos bajo el mismo sello editor me pregunté si no me estaría perdiendo algo, si no interesante, al menos novedoso. Mas fiel a mi principio de comenzar por lo primero, me incliné por su título anterior. La proximidad de una semana de vacaciones junto con la brevedad de sus páginas fueron la excusa para llevarlo conmigo.

            Los relatos que componen esta selección ya habían visto la luz en otras publicaciones de tenor local, pero es la presente edición la destinada a allegar al gran público tanto al material como al autor.

            La mayoría del contenido pareciera tener lugar en el pueblo de General Cabrera, sito en la provincia de Córdoba, de donde Falco es oriundo, aunque bien podrían insertarse en otras geografías con carácter pueblerino, sin sufrir menoscabo alguno. En cambio, son pocos los relatos con tintes urbanos.

            Una ofrenda a la Virgen, la muerte de una mascota, la quema de un ave, la confesión de un intento de suicidio después de muchos años, la parición de un perro azul son, entre otros, los móviles de esta antología en la que el nervio conductor es siempre un hecho cotidiano, sin mayor trascendencia aparente, al que Falco se encarga sabiamente de darle un giro adecuado para sembrar inquietud, con aristas que bordean la locura, lo sobrenatural y la perversión, o la ingenuidad y el costumbrismo.

El libro de Falco visitando la plaza central de Humahuaca, Pcia. de Jujuy, Argentina

       En sus narraciones se entretejen testimonios de abuelos, tradición religiosa, observaciones sobre la vecindad, que facilitan la construcción de personajes totalmente verosímiles, aún con historias que no lo son. Es que el discurso narrativo de Falco, directo y franco, se basa en la oralidad: el lector asiste expectante a una escena que el autor le está describiendo verbalmente, de manera que no lee lo que ocurre, lo está viendo. Es el estilo escogido lo que hace diferente a esta colección que, por lo demás, no deja de trascender el nivel de anécdotas de pueblo. Eso sí, fantásticamente narradas.

            Como en toda compilación, es posible que el nivel de los relatos presente altibajos, puesto que los temas abordados y el trasfondo de los hechos hacen variar la extensión de los mismos, tanto como el uso de ciertos golpes de efecto, mas el conjunto en general se vuelve llevadero y entretenido.

              No soy una voz autorizada a la hora de evaluar el libro dado que no suelo leer relatos, como es de público conocimiento. Pero resultó ser buen compañero de viaje y muy apropiado para despejar la cabeza del diario trajín. Un buen ejemplar para iniciarse en el universo literario de Falco.