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domingo, 19 de octubre de 2014

Amor perdurable. Querido Diego, te abraza Quiela, Elena Poniatowska


Impedimenta, 2014

          Había descubierto esta nouvelle epistolar hace ya algún tiempo, cuando en una librería de usados sostuve un ejemplar editado en 1978 por otra casa editora. No conocía a la autora –con ese apellido, la supuse de origen polaco- y lo dejé pasar. El lanzamiento de la presente edición renovó mi curiosidad y, si bien no soy propenso a leer novelas en forma de correspondencia, el buen recuerdo de los libros de Hanff y de Kressmann Taylor inclinó la balanza al escogerlo.

            En una docena de misivas, que parten el 19 de octubre de 1921 y concluyen el 22 de julio de 1922, Angelina Beloff o Belova, compañera durante diez años del muralista Diego Rivera –de quien tiene un descendiente-, nos hace conocer su desgarradora realidad de mujer amante que se ha quedado en medio de la miseria del París posterior a la Primera Guerra Mundial, sin recursos económicos y, sobre todo, sin su amor. Rivera ha partido hacia México, en busca de otros horizontes, y todo lo que había sido su vida hasta entonces, ha quedado atrás. Sólo hay silencio por única respuesta.

            ¿Se puede amar hasta el paroxismo, aun cuando es evidente que el objeto de nuestro amor ha dejado de correspondernos?; ¿se puede negar simplemente todo lo vivido en un lapso de una década con sólo cambiar de geografía?; ¿qué es peor: saberse y sentirse abandonado o ser humillado al recibir una magra manutención como único reconocimiento de lo que alguna vez fue pasión? Estas son algunas de las preguntas que el texto de Poniatowska sugiere al lector mientras va desgranando sus líneas.

            En medio de la escasez, del desamparo, de la muerte de su hijo, de la caridad de los amigos, Beloff se aferra al pasado para sobrevivir. Es ese amor eterno, perdurable aun después de su desaparición lo que mantiene con vida a su protagonista. Como contracara, la limosna y el olvido.

           Un libro intenso, conmovedor, bien narrado, que en su escaso ciento de páginas opone al Rivera artista de excepción al otro Rivera, el hombre tirano, miserable, ególatra. Escrito en estilo coloquial, sus páginas reflejan todo el amor, el dolor, la miseria y la emoción de que somos capaces cuando amamos sin medida.