Interzona, 2007
Nada había leído del autor, pero varios lectores aconsejaban abordar tanto esta novela breve como ‘Filosofía de vida’, cuya adaptación al guión de teatro –con un éxito rotundo- ha bajado de cartel recientemente en Buenos Aires. El prurito de no caer en lugares comunes decidió la elección.
Una pareja despareja decide separarse después de diez años de matrimonio y algún tiempo de hastío. Juan Jesús se queda solo en México mientras que Nuria viaja a Nueva York. Años antes habían planeado establecerse en Ámsterdam, Holanda, debido a una beca conseguida por él, pero su suegro enfermó del corazón y decidieron quedarse. Siete años después de la ruptura, Juan Jesús se entera que Nuria está de vuelta y decide llamarla desde una cabina telefónica que se encuentra a pocos metros de su domicilio, en la calle Ámsterdam. Aprovechando el equívoco, Juan Jesús entabla conversaciones telefónicas simulando que se encuentra en la ciudad europea. De ahí se entera que su ex – esposa se ha vuelto a casar y tiene un niño. La curiosidad acerca de su presente lo lleva a hacerse pasar por un vulgar fumigador y conocer al nuevo marido y el lugar donde viven.
Narrado en tercera persona, desde la mirada de Juan Jesús, la historia oscila entre el pasado y el presente; lo que pudo ser una felicidad que no se materializó y la asunción resignada de una frustración. Villoro nos dice más con las palabras no dichas que con la acción propia de la trama. En este sentido, la maestría del autor mexicano se hace evidente en los silencios. E indaga en la propia historia de los lectores, preguntándonos cuándo realmente podemos dar por terminada una relación amorosa; cuánto tiempo debe pasar para acallar la incerteza de si el otro ya no siente nada por nosotros, y nos transfiere la duda cruel de evaluar si hemos hecho todo lo posible para salvarla.
Entretenida y fluida, resulta una novela que abunda en reflexiones personales y obliga a un repaso de aquellos amores perdidos en el tiempo. Tiene mucho de evocación nostálgica y de dolores viejos pertenecientes a un pasado que se niega a morir.
Marcelo Zuccotti