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sábado, 8 de octubre de 2016

Western ibérico. Intemperie, Jesús Carrasco


Seix Barral, 2013

          Fueron muchas las voces lectoras que recomendaban este libro, ni bien apareció en las librerías. Lo precedía la fama de ser un boom editorial. Era de esperar la demora habitual para su publicación local pero, grata sorpresa, decidieron lanzarlo casi simultáneamente aquí y en España. Por eso me hice de un ejemplar; eso sí, algún tiempo después, dado que algunas de esas voces chirriaban. La aparición de otra obra del autor, supuso una buena ocasión para leerlo.

            En él se narran las vicisitudes de un chico de pocos años –no se precisa la edad- que se fuga de su aldea durante el verano. Para ello debe, en principio, esconderse para no ser encontrado por la patrulla que el alguacil local ha destinado para su captura. Luego, debe atravesar una llanura extensa bajo un sol abrasador sin más compañía que un morral con algunos víveres y sin agua. En trance de muerte por sed, es acogido por un viejo pastor que conduce cabras y curado de los estragos causados por la intensa exposición solar. Entre ambos se entabla una suerte de aventura cómplice, pues el pastor deduce que el alguacil tiene mucho que ver en esa decisión y no ha de cejar en su búsqueda.

            Carrasco construye magníficamente una novela de suspense con aires de western ibérico, en base a tres personajes excluyentes, a saber, un pastor envejecido al que le cuesta valerse por sí mismo; un chico desesperado que debe aprender a tomar decisiones y sopesar muy bien los riesgos que entrañan y un alguacil perverso y todopoderoso, incapaz de renunciar a su obsesión.

            Hay varios puntos destacables. Para comenzar, el léxico del que se vale Carrasco para describir las escenas bucólicas es todo un alarde del uso de la terminología precisa –ronzal, apersogar, etc.-, rayano en la investigación lingüística, pues muchos de ellos han caído en el olvido o en desuso. Luego, las pistas que va ofreciendo al lector atento sobre el por qué de la fuga y el devenir del final, mantienen la tensión narrativa hasta su desenlace; a un texto que podríamos signar de minimalista, le confiere solidez argumental y coherencia. Por último, rescato el carácter poético de muchos pasajes; un verdadero poeta no lo hubiera podido hacer mejor.

            Como reparo, ese vocabulario específico obra en gran manera contra la continuidad y la fluidez. De a ratos el lector queda capturado por tamaño esfuerzo, despertando el tedio y las ganas de saltear páginas en pos de proseguir con la secuencia principal. Por otro, se excede a la hora de las descripciones; no se requiere hacer inventario en cada una de las escenas para conocer el entorno donde se desarrollarán las acciones.

            Así y todo, Carrasco logra una excelente narración, con ritmos e imágenes apropiados, una prosa exquisita –dueña de tintes líricos- y un final emotivo aunque previsible.

            Ameno y sentimental, el libro se lee muy bien y rápido. Para aclarar el banner impreso en la portada, el texto utiliza recursos propios de Cormac McCarthy, pero semeja mucho más a las letras de Delibes –sin su trasfondo social- y a algunos tonos de Benet. Auspicioso debut.