Seix Barral, 2013
Fueron
muchas las voces lectoras que recomendaban este libro, ni bien apareció en las
librerías. Lo precedía la fama de ser un boom editorial. Era de esperar la
demora habitual para su publicación local pero, grata sorpresa, decidieron
lanzarlo casi simultáneamente aquí y en España. Por eso me hice de un ejemplar;
eso sí, algún tiempo después, dado que algunas de esas voces chirriaban. La
aparición de otra obra del autor, supuso una buena ocasión para leerlo.
En él se narran las vicisitudes de
un chico de pocos años –no se precisa la edad- que se fuga de su aldea durante
el verano. Para ello debe, en principio, esconderse para no ser encontrado por
la patrulla que el alguacil local ha destinado para su captura. Luego, debe
atravesar una llanura extensa bajo un sol abrasador sin más compañía que un
morral con algunos víveres y sin agua. En trance de muerte por sed, es acogido
por un viejo pastor que conduce cabras y curado de los estragos causados por la
intensa exposición solar. Entre ambos se entabla una suerte de aventura
cómplice, pues el pastor deduce que el alguacil tiene mucho que ver en esa
decisión y no ha de cejar en su búsqueda.
Carrasco construye magníficamente
una novela de suspense con aires de western ibérico, en base a tres personajes
excluyentes, a saber, un pastor envejecido al que le cuesta valerse por sí
mismo; un chico desesperado que debe aprender a tomar decisiones y sopesar muy
bien los riesgos que entrañan y un alguacil perverso y todopoderoso, incapaz de
renunciar a su obsesión.
Hay varios puntos destacables. Para
comenzar, el léxico del que se vale Carrasco para describir las escenas
bucólicas es todo un alarde del uso de la terminología precisa –ronzal,
apersogar, etc.-, rayano en la investigación lingüística, pues muchos de ellos
han caído en el olvido o en desuso. Luego, las pistas que va ofreciendo al
lector atento sobre el por qué de la fuga y el devenir del final, mantienen la
tensión narrativa hasta su desenlace; a un texto que podríamos signar de minimalista, le confiere solidez
argumental y coherencia. Por último, rescato el carácter poético de muchos
pasajes; un verdadero poeta no lo hubiera podido hacer mejor.
Como reparo, ese vocabulario
específico obra en gran manera contra la continuidad y la fluidez. De a ratos el
lector queda capturado por tamaño esfuerzo, despertando el tedio y las ganas de
saltear páginas en pos de proseguir con la secuencia principal. Por otro, se
excede a la hora de las descripciones; no se requiere hacer inventario en cada
una de las escenas para conocer el entorno donde se desarrollarán las acciones.
Así y todo, Carrasco logra una
excelente narración, con ritmos e imágenes apropiados, una prosa exquisita –dueña
de tintes líricos- y un final emotivo aunque previsible.
Ameno y sentimental, el libro se lee
muy bien y rápido. Para aclarar el banner impreso en la portada, el texto
utiliza recursos propios de Cormac McCarthy, pero semeja mucho más a las letras
de Delibes –sin su trasfondo social- y a algunos tonos de Benet. Auspicioso
debut.