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domingo, 12 de abril de 2020

e-book 57. Civilización infantil. República luminosa, Andrés Barba


Anagrama, 2017

I.

            El título fue propuesto en un taller de lectura. Las fuentes en las que abrevo poco o nada comentan sobre él; como si la mayoría lectora se hubiera puesto de acuerdo en hacer correr este Premio Herralde y cubrirlo con el consabido manto de olvido. ¿Complot, acaso?

II.

             La historia que Barba narra a través de un protagonista anónimo, funcionario de Asuntos Sociales, es la de unos treinta niños, entre nueve y trece años, que aparecen en las calles de un pueblo ficticio al borde del río Eré, hacia fines de 1994. El narrador relata los hechos veinte años después, cuando gran parte de la tragedia ha sido develada.

III.

            Aquellos se inician con pequeños robos a personas mayores. En grupos de cuatro a seis miembros, lo que inicialmente fue mendicidad en las puertas de los comercios termina siendo una acción de envergadura sobre el supermercado local, cuyo saldo son dos muertos y heridos varios. Tras la búsqueda infructuosa, algunos niños de familias acomodadas se les unen. Las autoridades no pueden más que salir en su busca, debido mayormente a un descontento social generalizado. La captura de uno de ellos permite acceder al escondite; pero no los hallan.
La versión digital, gentileza de Epublibre

IV.

            Con una acción trepidante, que aumenta a cada página, Barba se pregunta sobre nuestra idea de infancia: un apego a las normas dispuestas socialmente a través de instituciones como la familia y la escuela, capaces de reglar los pasos de los párvulos hacia la adultez. Algo instituido desde la Ilustración. Pero, ¿qué pasaría si un grupo de niños irrumpiera, sin líder y con lenguaje propio, rebelándose contra toda norma?, ¿cuán capaces seríamos de tolerarlo?

‘Para los niños el mundo es un museo en el que los celadores adultos puede que sean amorosos la mayor parte del tiempo, pero no por eso dejan de imponer las reglas […] A cambio del amor están obligados a sostener el mito de su inocencia. No solo tienen que ser inocentes, tienen que representarlo.’

V.

            Con una prosa fluida y amena, en estilo coloquial, Barba interpela sobre el concepto de infancia. ¿Por qué los niños no pueden ser violentos o establecer su propia sociedad de iguales, mágica, si al fin y al cabo, tienen tanto derecho como un adulto a tomar sus propias decisiones? Un libro inquietante, que deja mucho material para reflexionar, como el siguiente párrafo:

‘La credulidad para la magia funciona como el amor; los que se creen devotos y enamorados acaban estándolo sinceramente, y los que dudan de sus sentimientos impiden que esos mismos sentimientos se produzcan, una paradoja que nos deja siempre a solas con la duda de en qué nos habríamos convertido si nos hubiésemos permitido creer.’