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sábado, 12 de noviembre de 2016

Nociones de fundamentalismo talibán. Las golondrinas de Kabul, Yasmina Khadra


Alianza, 2009

             Rescaté el título de la blogosfera hace ya varios años. Lo conseguí al poco de apuntarlo pero entre otras propuestas lo fui dejando, quizá porque en ese momento no me apetecía enfrentarme a una guerra odiosa como la de Afganistán. Al final, decidí encararlo debido a la prosa ágil del autor y a la relativa brevedad del texto.

            Dos historias se entrelazan en las cercanías de Kabul. La de Atiq Shaukat, un custodio de la cárcel de mujeres, y su enferma esposa Musarat, con la de un desposeído por la guerra, Mohsen Ramat, y su bella esposa Zunaira, una pionera en defender los derechos de las mujeres bajo el Islam.

          Ante la lapidación pública de una adúltera, ambos protagonistas toman posiciones hasta ese instante impensadas. Es que ni Atiq desea abandonar a su esposa -aunque así se lo sugieren los conocidos- ni Mohsen jamás había levantado una mísera piedra para repudiar a una mujer. Pero la excitación de la masa ululante despierta los más bajos instintos. Hay una suerte de histeria colectiva en ese apedreo que es imposible soslayar. A partir de allí y de una serie de acontecimientos poco afortunados, cada personaje seguirá un derrotero hacia la pérdida de la dignidad humana y la degradación más abyecta.

            Es que en medio de una guerra que parece no tener fin, con los talibanes haciendo cumplir la ley del Corán –oír el sermón del mulá, llevar la obligatoria burka para las mujeres, etc.- y la miseria golpeando la puerta, la vida cotidiana se vuelve un infierno sin esperanza de cambio. Para colmo, el fanatismo religioso, con su cuota de represión y violencia, distorsiona las relaciones de los núcleos más básicos de la sociedad afgana: la familia y los amigos.

             El libro es una suma de nociones elementales de fundamentalismo talibán, un sistema de dominación social basado en la ignorancia, que encuentra en la liturgia religiosa el cauce adecuado para someter a los ciudadanos y suprimir cualquier voz disidente. Con el género femenino restringido a la procreación y a la satisfacción sexual de los varones, sin chances de oposición ni resistencia –porque los talibanes son los portadores de la Verdad absoluta-, la gente común se debate en una supervivencia extrema, aguardando que soplen nuevos vientos.

              Con una prosa exquisita, amena y coloquial; personajes secundarios bien delineados, que refuerzan la narración principal, escenas conmovedoras y una historia que finaliza con algo de thriller de suspense, Khadra refleja en menos de dos cientos de páginas todo el horror de la guerra y la irracionalidad del integrismo islámico. Un libro que tiene mucho de testimonio de época.