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lunes, 3 de octubre de 2022

Contario de pueblo. Olive Kitteridge, Elizabeth Strout

 


El Aleph, 2010

I.

               Tras las sensaciones encontradas que deparó la lectura de una obra posterior hace muy poco tiempo, resolví visitar nuevamente las letras de la autora con la que fuera su novela más reconocida, Premio Pulitzer de Ficción en 2009, para lograr una mayor perspectiva. No suelo repetir con un autor durante un mismo año, pero la situación ameritaba disipar cualquier duda.

II.

                En rigor de verdad, esta novela es un contario: una serie de relatos que bien podrían leerse independientemente unos de otros, pero que hallan unidad narrativa –y evolución de los personajes y de sus historias- a medida que transcurren los mismos. El nervio conductor de la trama es una maestra de matemáticas retirada que responde al nombre de marras, casada con Henry, un amable farmacéutico con quien tiene un hijo, Christopher, quien ya en la treintena ha decidido ser podólogo. Todos ellos habitan el pueblo de Crosby, en el estado de Maine.

III.

               Además de la semblanza y desarrollo de los caracteres psicológicos de cada miembro protagonista, se le van sumando un puñado de personajes secundarios con los cuales se van tejiendo cada una de las historias que dan vida, con sus luces y sombras, a distintas situaciones. Entre ellas se encuentran el descubrimiento de una infidelidad, un regreso de alguien inesperado –con fines inquietantes-, un reencuentro entre pianistas que han sido amantes, los avatares de una enferma de anorexia, una noche de rehenes en el hospital, etc.

IV.

                Párrafo aparte merecen Olive y su núcleo familiar. A un marido afable y bonachón pero incapaz de tomar el lugar que le corresponde, le acompaña una mujer por momentos insufrible, llena de comentarios mordaces -y, a veces, despectivos-, incapaz de disculparse aunque dotada de gran sensibilidad y perspicacia, y un hijo que ha crecido con temor ante la imagen dominante de su madre. Para colmo, se ha de casar con una joven que lo alejará del pueblo.

V.

               Con todos estos condimentos están dadas las condiciones para ir ensamblando los relatos junto a las alternancias de los Kitteridge, de manera tal que el conjunto va ganando en solidez con el correr de las páginas, a la vez que se describe perfectamente cómo se constituye el pueblo y su gente. De estilo coloquial y ameno, el libro va de menor a mayor. Quizá esa mujerona hosca y recelosa no sea nada agradable al comienzo, pero lentamente va conquistando al público lector, aun con sus notorias dificultades para expresar sus sentimientos. En suma, una magnífica obra –que recuerda a la entrañable Winesburg, Ohio, de Sherwood Anderson- que aleja toda suspicacia lectora. Para tomar en cuenta.

jueves, 8 de septiembre de 2022

e-book 109. Reconexión. Me llamo Lucy Barton, Elizabeth Strout

 

Duomo, 2016

I.

               Ni bien apareció, la opinión lectora se dividió en dos: estaban aquellos que admiraban sus aspectos resilientes, y los detractores que la encontraban vacua y superficial. Mis amigos lectores se inclinaban más por esta opción, por la cual la dejé pasar. El taller al que asisto la incluyó en su lista de lecturas, como medio de análisis del vínculo madre – hija. Por eso debí encararla.

II.

                Lucy Barton narra en primera persona -muchos años después- la visita que le hiciera su madre cuando ella se hallaba en un hospital de Nueva York en razón de una cirugía menor que derivó en una estadía prolongada de nueve semanas, a inicios de los ’80 de siglo pasado, cuando la ola de SIDA azotaba la ciudad. Se trata de cinco días y cinco noches de diálogos entre madre e hija, después de varios años que no se han visto. Lucy abandonó el rancho en Illinois apenas pudo, para dedicarse a escribir. Cuando el encuentro, estaba casada y tenía dos pequeñas.

III.

               Desde una infancia de pobreza extrema, con sesgos de maltrato –y quizás cierto matiz de abuso-, junto a una madre incapaz de expresar sus sentimientos -con total ausencia de gestos amorosos-, y un padre que encuentra en la violencia hacia sus hijos un vehículo para desatar las secuelas que le ha dejado su participación en la guerra, Lucy va creciendo en medio de una familia donde habita el silencio y el desamor. La convalecencia en el hospital le brinda ocasión de recomponer la relación con su madre, escuchando historias del pueblo narradas por una mujer tan pétrea en lo afectivo como sagaz en sus observaciones.


La versión digital, gentileza de EpubLibre

IV.

                El texto abunda en reflexiones de Lucy sobre vínculos familiares, entornos sociales, valores personales y la perseverancia en la búsqueda de un camino que permita superar un pasado de soledad y sin horizontes. En este aspecto, madre e hija recuperan un diálogo roto en base a una historia común, un vehículo para la reconexión. La forma de ser de la madre no ha de cambiar, pero su hija puede comprenderla –y si se quiere, perdonarla- en base a una mirada más abarcadora, ahora que también ella es madre.

V.

               De estilo directo, ameno y coloquial, el libro se lee fácilmente. Sin embargo, su estructura esponjada –con notorias partes en blanco, que no implican nada-, frases reiterativas –que, más que refuerzan, denotan falta de ideas- y escenas rayanas en burda sensiblería, han justificado mis recelos acerca de su lectura. Un libro para sacar conclusiones lectoras después de hacer experiencia. (Para salir de dudas, he decidido optar en breve por su premiada novela anterior).