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viernes, 9 de noviembre de 2018

Anécdotas rurales. Tres hermanos, Esther Cross


Tusquets, 2016

I.

            Llegué a él a través de un suelto –primero- sobre su contenido y luego, algo más tarde, por una reseña aparecida en un matutino local. A este hijo de la urbe, narraciones ambientadas en el campo le resuenan como algo atávico, propio de otras épocas. Mas esta serie de relatos que intentan hilvanar una suerte de ‘novela no escrita’ in stricto sensu, lejos está de ser costumbrista o de ámbito puramente local.

II.

            El título hace alusión a los principales protagonistas, en la voz de una narradora, hermana de edad en medio de dos varones. Todo lo que ocurre tiene que ver con una explotación agrícola-ganadera, propiedad del padre de los chicos. Su madre y ellos, establecidos en la ciudad, acuden a la finca durante las vacaciones escolares de verano. Ella es pródiga en aventuras, juegos y secretos compartidos.

III.

            Destaco de este breve libro la estructura. Cada uno de los dieciocho capítulos que componen el volumen tienen independencia unos de otros, pero mucho de lo narrado se aclara o amplía en alguno subsiguiente, de manera de tener una ilación común y desarrollar un conjunto de historias enlazadas entre sí.

IV.

            La escopeta y la caza de palomas, el misterioso accidente de un chico vecino, el sacrificio de un perro por haber mordido a un niño, la fuga de un conocido delincuente de la zona, los comentarios de los ‘mensuales’ –peones golondrina, que trabajan por mes en el campo-, el recuerdo de una inundación, son anécdotas que se van uniendo para formar un cúmulo de observaciones sobre la vida rural, la realidad de los pueblos y las sociedades que los constituyen. Siempre acompañadas por el monte, ese lugar mágico para los niños, en donde todo puede suceder.

V.

            Con una prosa fluida y directa, Cross nos lleva de paseo por el ámbito rural de los años ’60, desde la mirada de una mujer adulta que recuerda los hechos de su niñez. El contacto con la naturaleza, los animales y la gente; las palabras y los silencios, quedan registrados por los ojos de esta pequeña observadora, tan sagaz como circunspecta. Un libro ameno, fiel reflejo de la vida en nuestra vasta llanura.