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jueves, 4 de junio de 2026

El nacedor de las letras argentinas. Echeverría, Martín Caparrós

Anagrama, 2016
 

I.

                Cuando las casualidades devienen causalidades, no existe soslayo alguno. Primero fue hallar una alentadora reseña periodística del título de marras, aparecida junto al lanzamiento editorial que, curiosamente, era firmada por un ex – alumno de quien suscribe, razón de su incorporación. Luego, fue la propuesta de un taller de lectura sobre letras locales, que incluía una obra del escritor, propiciado por la biblioteca que –además- lleva su nombre. Así, estaba casi obligado a encarar esta ficción, como puesta en contexto previa a la lectura sugerida.

II.

               Para quienes no tengan noticia, Esteban Echeverría (1805-1851) es considerado históricamente el primer escritor argentino. Nacido poco antes de la Revolución de Mayo (1810) tuvo acceso a una beca auspiciada por el gobierno del presidente Bernardino Rivadavia, pudiendo estudiar en la Sorbona de París durante cinco años, gracias a ello. A su regreso en 1830 encuentra a esta tierra gobernada por Juan Manuel de Rosas, gran hacendado de la provincia de Buenos Aires, líder del Partido Federal, que no titubea en someter al pueblo bajo el terror de su fuerza de choque, la Mazorca, sobre todo a aquellos que se oponen a su tiranía: los Unitarios.

III.

                Es en ese ámbito de confrontación violenta donde Echeverría intenta erigirse primero en un poeta reconocido y, después de lograrlo, en el adalid del desarrollo de un plan tendiente a crear una literatura argentina. Intentando mantenerse al margen de la contienda se refugia en la heredad familiar alejada de la ciudad pero, más temprano que tarde, es conminado a tomar posición y luego de hacerlo, ante el fracaso de su facción, deberá exiliarse más de diez años en la ciudad de Montevideo, sitiada por las fuerzas federales, donde enfermará y hallará la muerte.

IV.

               Caparrós rescata la figura del escritor romántico que piensa en un país que, tras haberse sacudido el yugo español, es gobernado ahora por un tirano quien, gracias a la manipulación de las clases más postergadas, impone su despotismo. Echeverría no está solo; lo siguen un puñado de adherentes a sus ideas de libertad e igualdad, que seguirán el mismo camino: el exilio. Pero se atreve a hacerlo bajo la mirada de hombre, tan preclaro en sus conceptos como dubitativo en el plano de la praxis. Es la humanidad que destila el protagonista la que domina todo el texto.

V.

               Esta novela no se restringe al campo histórico sino que sirve a Caparrós como parte de un ensayo donde se cuestiona acerca del rol de los intelectuales ante el Poder; cómo liderar un proyecto de Nación donde la Nación aun estaba ausente. Y, como autor, se permite participar con sus propias opiniones. Fluido y coloquial, de estilo directo, el libro se lee fácilmente. Muy recomendable, en especial para lectores locales.

sábado, 9 de febrero de 2013

Una elegía para los muertos. Los Living, Martín Caparrós



Anagrama, 2011


            Hace un tiempo se me ocurrió abordar este título por curiosidad, pues ha recibido el Premio Herralde de Novela 2011; por otra parte, ya había leído varios trabajos de investigación de Caparrós, propios de su labor como periodista, tales como “La guerra moderna” y su ya célebre “La Voluntad”, coescrita con Eduardo Anguita.
            Esta novela presenta dos planos que se desarrollan en paralelo. Por un lado, está la historia de Nito, un chico que tuvo la particularidad de nacer el mismo día en que Perón moría. A la muerte, omnipresente desde el inicio de su vida, se le une la ausencia de la figura paterna, dado el temprano deceso de éste. Inteligente, aunque no dotado de atractivos físicos, su infancia transcurre junto a una madre joven, con una pareja con la que convive –que intenta ocupar el rol de padre sin lograrlo- y con una vida cotidiana de clase media urbana. Las dudas que genera un comentario sobre los desaparecidos, devendrá en un cuestionamiento sobre los hechos ocurridos alrededor del accidente que puso fin a la vida del padre, conduciéndolo a un encuentro con quien fuera el autor material de la misma. Un escrito formulado a manera de venganza por el curso que su vida tomó después del accidente, dispara en Nito el ejercicio de un don del que hará uso y abuso para ganarse la vida: amedrentar a sus congéneres contándoles cómo quizás sea su muerte. Así, se convierte en un charlatán profesional que, en manos de un ‘pastor’ inescrupuloso, allega nuevos fieles a la ‘Iglesia’, hasta que son amenazados y decide abandonar su lugar.
            Alternativamente, se nos hace saber al término de cada sección cómo surge la idea y en qué consta la ‘preparación’ que va teniendo Nito a fin de transformarse en la imagen principal del proyecto de los “Living”. Un seudo artista frustrado, que entiende el arte como un hecho revolucionario –tan propio de los años ’70- cuestiona cómo el culto a los muertos –y la muerte en sí misma- ha tenido relevancia en cada sociedad, partiendo de las primeras comunidades llegando a la actualidad. Desde las pirámides egipcias hasta la cremación, los grupos humanos han encontrado siempre una forma de enfrentar el único hecho que nos hace diferentes del resto del mundo animal: el tener que sobrellevar diariamente en nuestra conciencia la certeza de que vamos a morir de alguna manera. Y una vez muertos, pasaremos a ser parte del pasado. ¿Qué pasaría –se pregunta el artista- si en vez de ser olvidados y no dejar más que un tibio recuerdo de nuestro paso mortal –que va extinguiéndose con el tiempo- pudiéramos seguir presentes en nuestras familias, embalsamados, en nuestras propias casas? Ambas historias, entonces, se entroncan en un desenlace tan desopilante como original.
            Narrada por el protagonista toda su historia, el lector va conociendo las distintas facetas de la personalidad de Nito que lo conducen a ser quien es. Caparrós va construyendo paso a paso –con mucha maestría- a ese chico introvertido, tímido, cuyo acontecer lo va convirtiendo en una suerte de profeta moderno de la muerte. Hacia el final, un narrador nos participa de la evolución de la idea central –responsable del título del libro- y qué ocurrió con cada uno de los personajes principales.
            En estilo coloquial, la obra no resulta todo lo amena que se desea mientras se relata la vida de Nito. El hecho de intercalar otras situaciones que tienen que ver con el futuro del personaje a fin de capítulo actúa como elemento disparador de la curiosidad del lector, que no sabe bien hacia dónde va la historia hasta casi su conclusión. Ésta se resuelve, de manera rápida y efectiva, en las últimas páginas.
            Mientras leía, acudieron a mi memoria ciertos elementos literarios y televisivos. Así, el personaje de un fraudulento pastor –encarnado por Steve Martin en el film “Leap of Faith”-; los “happenings” setentistas del Di Tella; el tema de las “vidas desperdiciadas” –cuando los que no tienen trabajo son parte de la basura que toda sociedad moderna prefiere ignorar, tan bien expuesto por el sociólogo Z. Bauman en un trabajo homónimo-; la cultura de lo kitsch y el posmodernismo, todo en un collage de imágenes, junto a una burla socarrona y algo soberbia de una clase dirigente esnob y superficial, de la que el autor se vale para criticarlos, incluyendo slogans de publicidad y de campaña que tanto la farándula como el cotilleo político del medio local nos han brindado –y nos brindan- desde el regreso a la democracia hasta el presente.
            Un libro compuesto de una idea muy original, bien llevado, con personajes creíbles y lenguaje adecuado, algo lento en sus tramos medios pero con un final que ronda entre el sarcasmo y la diversión, puede ser una buena opción a la hora de acercarse al universo literario de Caparrós.
Marcelo Zuccotti