Impedimenta, 2015
I.
Varios comentarios entusiastas de
diversos lectores hicieron suficiente ruido con la aparición en español de este
título. En esta lejana geografía hubo que esperar a que el representante de la
casa editora lo trajera como novedad en
el mes de abril del siguiente año. Una novel amiga lectora confesó su perplejidad
ante esta lectura e impulsó la mía. Por cariño a ella, hago llegar mi humilde
opinión.
II.
Lou es una joven bibliotecaria que se
desempeña en un Instituto de Canadá. De vida austera tanto como anodina,
utiliza su actividad como escondite de una personalidad solitaria, con escasas
satisfacciones en el plano sexual y una serie de fracasos amorosos que fortalecen
su encierro en sí misma. Una donación particular le brinda la oportunidad de
viajar a una pequeña isla al norte de Ontario para inventariar la documentación
y materiales legados. En la heredad no habrá nadie más que ella, una vieja
india que la visitará a veces y un oso, que fuera compañía de sus últimos
propietarios.
III.
A poco de andar, es evidente que
la soledad del paraje y la necesidad de subsistencia refuerzan la búsqueda de
afecto y contención. Lou empieza a frecuentar a ese animal –una mascota sin
domesticar- y entre ambos nace una relación que bordea la zoofilia, con el
ejercicio de ciertas prácticas -¿transgresoras?- entre un ser humano y un
animal salvaje. Ese cambio de registro
que se opera en Lou a partir de este estrecho vínculo es el que le devolverá la
confianza perdida y renovará su vida a futuro.
IV.
Párrafo aparte merece el tono de la propuesta.
Hay críticos que en su momento tildaron de obscena esta obra; no lo es. Engel
ha optado por brindar a los lectores una narración límpida, despojada de
cualquier consideración moral. En cierta manera, en la evolución de los
acontecimientos narrados es tan cuidadosa que hasta hace parecer natural algo que en lo cotidiano no lo
es. Ésa es la maravilla del texto: hacernos creer aquello que habitualmente no
ocurre. Así, de aparecer algún juicio –o prejuicio- ético, correrá por cuenta
de cada lector.
V.
En suma, con un estilo conciso en sus párrafos, descripciones acertadas que no caen en lo chabacano y una tensión que permanece hasta el final, esta narración -que no alcanza las dos centenas de páginas- plantea dilemas morales a la vez que interpela sobre nuestra naturaleza, la que compartimos hombres y animales. Un libro que se lee en una tarde y deja material para la reflexión. Muy interesante.
