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jueves, 11 de junio de 2020

Implosión. La azotea, Fernanda Trías


Puntocero, 2010

I.

            Con motivo del lanzamiento de la edición española de este título –a cargo de una novel editorial madrileña-, fueron varios los comentarios auspiciosos que rescataron una ya transitada y reconocida obra en nuestros medios, cuyo origen se remonta al año 2001. Esa buena repercusión disparó su búsqueda y, no sin esfuerzo, pude hacerme de uno de los pocos ejemplares que aún podían hallarse. La brevedad, inclinó la balanza hacia su lectura.

II.

            Clara habita un apartamento cómodo en algún lugar de Montevideo. Está encinta, y comparte el lugar con su padre, al que mantiene encerrado en un cuarto, junto a su pájaro que se encuentra, como él, dentro de una jaula. Tras la muerte de Julia, la mujer de su padre, Clara decide abandonar su trabajo para dedicarse exclusivamente al cuidado de aquél, un hombre enfermo. Pero los fondos de los cuales han de sobrevivir son los que ha dejado Julia y, como todo, también estos se agotan. Con la sola compañía de Carmen, una vecina de fuerte acento europeo, Clara dará luz a Flor, mientras que cada día que pasa se encierra más dentro de su casa. El único lugar que le permite algo de libertad y ser aún un retazo de sí misma es la azotea.

III.

            En medio de una atmósfera cada vez más sórdida y lúgubre, el lector asiste a la implosión familiar. El inestable equilibrio psíquico y emocional de la protagonista, que teme al mundo exterior y al contacto con él, es incapaz de afrontar la presión que la sociedad ejerce sobre ella, reduciéndola a la supervivencia más básica, que declinará en una decisión tan trágica como previsible.

IV.

             Sorprende la economía de personajes y escenas de las que Frías se vale para delinear una novela breve, en que todo funciona como un mecanismo sincrónico. Una realidad ominosa que empeora con los días, una oscuridad sobre los protagonistas que se extiende como una negra mancha de petróleo y el pavor cerril a las influencias que ejerce el exterior dentro de una mente que se deteriora minuto a minuto. Es todo un logro transmitir semejante opresión sin cambiar de ambiente a lo largo del relato.

V.

            Con una prosa fluida y directa, Frías hace gala de una serie de recursos que recuerdan atmósferas inquietantes de otras autoras contemporáneas. Su sello personal es ese mundo íntimo donde se debaten la vida y la muerte. ¿Cómo influye nuestra percepción de los demás en nuestra vida? ¿Hasta dónde podemos renegar de nuestra naturaleza gregaria? ¿Qué consideramos una ‘pérdida’? ¿Desde qué lugar podemos sostenerla, aún sacrificándolo todo? Frías se encarga de interpelar al lector para que se formule estas preguntas. Libro para tomar nota.