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domingo, 23 de enero de 2022

Aquel viejo miedo. Ruido de fondo, Don DeLillo

 

Circe, 1994

I.

            Soy de los que creen que los libros nos encuentran; no cabe otra explicación para este caso. Llegaba temprano a efectuar un trámite y recordé la existencia de una librería de usados en derredor. Decidí visitarla y, después de hurgar en medio de columnas de libros, hallé este regalo. No era sólo por el precio; el título estaba agotado hacía tiempo. Eso sí, debió esperar siete años.

II.

             Jack Gladney es un docente de una universidad del Medio Oeste americano. Promediando su medio siglo de vida, está casado con Babette después de varias nupcias anteriores. Ambos aportan un par de hijos al matrimonio, sin ninguno entre ambos. Un accidente ferroviario libera una sustancia tóxica letal a la que Jack, en un descuido, queda expuesto, con imprevisibles consecuencias. Mientras tanto, Babette intenta hacer frente a un miedo irracional.

III.

            Dividida en tres partes, esta sagaz y burlona novela –donde todo encaja perfectamente- trata especialmente de ese ruido blanco –como lo indica su título original- que, como las ondas hertzianas de la radiación posmoderna, nos acompaña desde que hacemos uso de razón; aquel viejo miedo que se acrecienta con la edad: la muerte (insomne y sorda, al decir de Pavese).

IV.

            DeLillo expone de manera sabia el único miedo que parece quedarle a una sociedad ufana de sí misma, aquiescente con las múltiples ofertas que brinda el consumo sin límites. Miedo visceral, que no solo envuelve al matrimonio protagonista sino que los impulsa a buscar la existencia de algún fármaco con que se le pueda hacer frente, y así poder vivir más libres y despreocupados. Pero no es sólo eso. También aprovecha para tomar en solfa los tics académicos de los institutos de enseñanza; reflejar la escasa atención de niños y adolescentes –hípercríticos con los adultos- y, de paso, descreer del rol preponderante de la ciencia en el alivio de la población humana –en especial, el uso de ésta como conejillo de indias en la eficacia de nuevos fármacos-.

V.

            Ordenado en capítulos cortos y fluidos, con diálogos jugosos, acertadas descripciones de los hombres de clase media y con reflexiones memorables como la siguiente,

‘Así es la naturaleza de la muerte moderna […]. Posee una vida propia independiente de la nuestra. Crece continuamente en prestigio y dimensión. Posee un alcance que nunca tuvo antes. La estudiamos desde un punto de vista objetivo. Podemos predecir su aparición, perseguir el rastro que va dejando en nuestro cuerpo. Podemos obtener imágenes en sección del aspecto que muestra, registrar el sonido de sus rumores y sus ondas. Nunca habíamos estado tan cercanos a ella, nunca nos habían resultado tan familiares sus hábitos y sus actitudes. La conocemos de un modo íntimo. Sin embargo, continúa creciendo, incrementando su ámbito y su capacidad., buscando nuevas vías de salida, nuevas rutas y nuevos medios. Cuanto más aprendemos, mayor es su desarrollo. ¿Se deberá quizá a alguna ley física? Todo avance en el conocimiento y en la técnica se ve correspondido por un nuevo tipo de muerte, por una nueva cepa. La muerte sabe adaptarse del mismo modo que lo hacen los agentes víricos. ¿Será alguna ley natural?...’.

el conjunto se vuelve una maravilla. Si además añadiéramos que el texto ha sido escrito en 1985, cuando aún el avance tecnológico de las comunicaciones era incipiente, la obra alcanza ribetes memorables, como todo buen friso de época, tan descarnado en su mirada como plenamente vigente. De obligada lectura para todo buen lector.