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miércoles, 15 de enero de 2025

Colección Último Reino. 12. Las horas felices, Pascal Quignard

El cuenco de plata, 2024
 

I.

               Cuando nada hacía presagiar la aparición de otro volumen de la colección, el autor nos vuelve a sorprender hacia fines de año pasado con una nueva entrega –que sospecho que será la última, aunque no lo deseo-, donde el tema central son las horas. Según Quignard, las Horas son las herederas del tiempo; son las que cobran importancia, volviendo significativas tanto nuestra vida como nuestra muerte –por aquello de morir en su hora-.

II.

                En esta ocasión, en su ecléctico derrotero de asociaciones y especulaciones, Quignard nos habla de la necesidad de registrar –para mantener en la memoria, siempre en vigencia- todos aquellos momentos en que nos sentimos felices. Por eso comienza su deambular con los libros de horas, como el de Juan de Francia, duque de Berry, cuyo contenido reflejaba paisajes, sainetes y otras anotaciones que resumían circunstancias felices.

III.

                Además, hay una recurrencia que atraviesa toda la obra –no solo este volumen- del escritor galo: la omnipresencia del agua. El agua está presente en sus anécdotas personales y familiares; en sus reflexiones sobre distintos personajes de la Historia; en la descripción de cuadros con motivos marinos. Es la imagen del oleaje, de las ideas y escenas que vuelven a la mente del escritor con cierta frecuencia la que logra el vínculo entre evocación y literatura,

‘… el pasado vuelve una y otra vez en forma de extrañas olas nunca iguales…’

IV.

               Hacia el final, reúne una serie de misceláneas que tienen como protagonistas a Madame de Sablé, La Rochefoucault, Jacques Esprit, Madame de La Fayette, entre otros, y los retrata como rebeldes; aquellos que van en contra de las normas sociales, capaces de vivir a su aire, sin respetar convencionalismos. Por algo Quignard confiesa su pasión sobre las cercanías del año 1640 y sus alrededores que, a la vez de comenzar a acuñarse los luises de oro, aparece la obra de Cornelius Jansen y, con él, el jansenismo, lo que le sirve como elemento disparador para explicar el porqué de sus obras –las de Quignard-, cuyos títulos repasa.

V.

               En su estilo poético, por momentos rayano en lo lírico, en una atmósfera intimista que convoca a la introspección; con interpretaciones y propuestas de análisis con las que el lector no siempre estará de acuerdo, pero que obligan a tomarse el tiempo de meditarlas, Quignard mantiene esa retórica especulativa que ya es un sello personal y nos deja una obra mayúscula, con final abierto. Después de seguirlo a lo largo de todo un año calendario, no puedo dejar de recomendar su lectura, a sabiendas que se requiere de un tiempo con el que la mayoría de lectores en vida aun activa, no cuenta en el presente. Valga entonces, como sugerencia.

Testimonio de la obra al completo.

lunes, 16 de diciembre de 2024

Colección Último Reino. 11. El hombre de las tres letras, Pascal Quignard

El cuenco de plata, 2023
 

I.

               Iba a ser el broche final de la Colección, si el autor galo no hubiera continuado la misma y la casa editora no hubiese arrojado a las librerías un nuevo volumen –con el que espero poder cerrar el ciclo el próximo mes-. En esta undécima entrega, Quignard nos regala sus especulaciones acerca del hecho de leer y sobre la pasión por las letras y los libros.

II.

                La apertura del libro es magistral. ¿Qué lector no se siente identificado con esto?,

‘Amo los libros. Amo su mundo. Amo estar en la nube que forma cada uno de ellos, que se eleva, que se expande. Amo proseguir su lectura. Siento excitación al recobrar su peso leve y su volumen dentro de mi palma. Me gusta envejecer en su silencio, en la larga frase que pasa ante los ojos. Es una orilla emocionante, apartada del mundo, que se abre al mundo, pero que no interviene en él de ninguna manera. Es un canto solitario que solo escucha el que lee. La ausencia de su exterior, la ausencia total de escándalo, de queja, de abucheo, el alejamiento máximo de la vocalización y de la multitud de los humanos que los libros permiten, vuelven a traer una música muy profunda que comenzó antes de que el mundo apareciera. La verdadera música quizá también la transmita desde el momento en que es escrita. Amo litteras. Amo las letras. Música silenciosa de los estilos de los escritores que preferimos: son como otras tantas desnudeces, perturbadoras, particulares, íntimas, conmovedoras, incomparables.’

III.

               El título del libro remite a la palabra Fur, que en latín designaba al ladrón. Pero no se refería a un vulgar ladrón (ladro) sino a aquello que nos acecha como un ladrón en la noche: el pensamiento, la felicidad, el amor, el deseo, el sueño, el éxtasis y, particularmente, la muerte. Los romanos, supersticiosos hasta el tuétano, preferían denominar a esta última como el hombre de las tres letras, a cambio de su vocalización plena, no fuese cosa que se hiciera presente.

IV.

               Por sus páginas, desfilan la importancia de la invención de la escritura tanto como de la imprenta y los caracteres tipográficos; la figura de Luis XI, el primer rey lector; el fondo mágico del amor y los encantamientos y el robo de tiempo que implica la lectura, entre otros,

‘El lector no tiene época, ni edad, ni tiempo. Leer no es soñar pero leer es como soñar en tanto que pierde el tiempo. Toda verdadera obra ignora el tiempo en el tiempo. Como el sueño, ignora la disidencia de la temporalidad: no tiene pasado ni tiene porvenir. Todo lo que es apasionante se caracteriza por la ausencia de futuro, por la distracción completa con respecto al tiempo.’

V.

               Con su estilo poético habitual, ecléctico y polémico, realizando interpretaciones audaces, Quignard nos lega una breve obra que habla de letras, lectores y literatura. Para no dejar pasar.

‘Una vida totalmente dedicada a la lectura de libros trae consecuencias temibles. Exilios. Silencios. Retiros. Dimisiones. Divorcios. Suicidios.’

lunes, 11 de noviembre de 2024

Colección Último Reino. 10. El niño de Ingolstadt, Pascal Quignard

El cuenco de plata, 2022
 

I.

               En este décimo volumen, Quignard focaliza sobre aquello que es verdadero y su opuesto, lo falso, y cómo todo ello entronca con lo real y lo irreal. Por eso, expresa que el tema central del texto es lo falso, que es lo que constituye el fondo del alma. Un fondo del alma que alucina y que, gracias al lenguaje, desdobla sus fantasmas. Así, todas las artes –por lo que tienen de ficción, de creación figurativa- elevan mundos falsos.

II.

                El título del libro proviene de un relato de los hermanos Grimm, publicado en 1819: El niño testarudo –que abreva en una balada de Hans Sachs de 1522, El chico muerto de Ingolstadt-. Allí se cuenta que un niño nunca hacía lo que su madre quería. Dios le envía una enfermedad y muere. Una vez inhumado y apisonada la tierra, su bracito emerge bruscamente, tendiendo al cielo. Lo vuelven a acomodar en el túmulo, pero vuelve a emerger. Le colocan piedras, sin lograr retenerlo. Al final, llamaron a su madre, quien verificó el hecho, tomó una varilla de junco y golpeó con todas sus fuerzas el brazo. Entonces el brazo se retiró y descansó bajo la tierra. Dice Quignard que nada obstina más que la diferencia sexual.

III.

               El contenido se reparte entre la ficción del lenguaje que, como elemento simbólico, nunca puede dar cuenta exacta de hechos y sentires; el rol del arte, como testigo activo del pasado que, a través del sueño, remodela el presente; la fragmentación de la lengua escrita que, al desordenar sus formas verbales regresa hacia sus textos que le sirven de fuentes y un sinnúmero de aportes acerca del sexo como perpetuación de la especie y la repetición, y la necesidad de devorar –que auna a predador y víctima-.

IV.

               Para ello, el autor galo utiliza profusa cantidad de escenas, con incidentes anecdóticos que han tenido lugar –o son ficticios- en personajes como Petrarca, Odiseo, Santa Lucía y otros. Además, vuelve sobre la etimología de las palabras y sus orígenes latino, griego, árabe para darle resignificación. V.g., las palabras mente y mentira provienen de un mismo origen: mens.

V.

               Haciendo nuevamente gala de una prosa poética muy personal, colmando al lector de especulaciones que, cuando no sorprenden, dejan material para la reflexión, Quignard ofrece una mirada única sobre los sueños, el arte y el lenguaje. Respecto de la necesidad de la confesión dice:

‘Es la presión de la lengua humana lo que impulsa y produce la confesión. La lengua natal no es natal; es un cuerpo extraño para el cuerpo al que devastó y que en adelante se pierde en ella. La confesión vomita ese cuerpo antiguo, cadena de palabras para unirse al grupo y padecer sus coacciones.’

            Otra obra tan trascendente como polémica.

jueves, 17 de octubre de 2024

Colección Último Reino. 9. Morir por pensar, Pascal Quignard

El cuenco de plata, 2015
 

I.

               Siguiendo las especulaciones que el autor va desgranando en cada uno de los volúmenes que compone esta colección, en esta ocasión repara en el pensamiento individual, sus costos sociales y sus vínculos con lo lingüístico y la noesis. El libro abre con una anécdota donde un rey, a punto de convertirse a la fe cristiana, antes de sumergirse en el bautismo, pregunta a sus súbditos dónde está la mayoría de sus ancestros. Cuando el cura le dice que en el infierno –porque no habían abrazado el cristianismo-, el rey responde que es más santo seguir a la mayoría que a la minoría, renunciando a bautizarse. Quignard añade que es la democracia en acción: una decisión en virtud del número y la estadística.

II.

                Etimológicamente, ‘pensar’ comparte en la lengua griega una raíz común con ‘oler’. No es casual que el autor galo se valga del regreso de Ulises a Ítaca, siendo su perro, Argos, el primero y único ser vivo que lo reconoce y, una vez hecho, muere. Argos lo reconoce por el olor, es decir piensa a Odiseo y el mismo hecho de pensar lo condena a morir.

III.

               En ese aspecto, el breve libro incluye una interpretación de la aporía de Sócrates y del porqué de su muerte; una explicación de por qué la filosofía fue el callejón sin salida del pensamiento mítico de Occidente; la sustancial diferencia entre biografía e historia; cómo se han generado los conceptos de las cosas, entre otros tópicos.

IV.

               En el estilo poético de siempre, con profusión de anécdotas y fundamentos que pertenecen al campo de la filología, Quignard vuelve a ofrecer a sus lectores otra obra especulativa que incluye sueños, el estado de semi-consciencia, lo fantasmal de la expresión lingüística, donde siempre la predación y lo genital se asocian a nuestra preservación como especie. Un ensayo que requiere mayor atención que los anteriores.

V.

               Para concluir, una síntesis que remite al título del libro,

‘Lo poco que deseamos con tanto fervor, nos espera más lejos, irreconocible, impensado. […] El pensamiento husmea el espacio como el olfato. Huele. Capta algo del mundo sin llegar a retenerlo. Nos dirigimos sin cesar hacia ese poco que de pronto se abrirá en el éxtasis (o se perderá en el éxtasis extremo, definitivo, de la muerte). Pero en ambos casos se trata de lanzar una mirada sobre el abismo, aspirando al abismo, bailando al borde del abismo.’

jueves, 12 de septiembre de 2024

Colección Último Reino. 8. Vida secreta, Pascal Quignard

 

El cuenco de plata, 2018

I.

               En esta octava presentación, Quignard se vuelve más introspectivo –si pudiera ser posible- y destina gran parte del texto a discernir entre la fascinación y el deseo, y profundizar sobre el amor, entendido como una unión de almas más abarcadora. Además, argumenta en favor de las artes en general –y la lectura, en particular- como vehículo para alcanzar una vida más plena. También, se expide sobre la sexualidad y su indagación heurística.

‘Solo se ama una vez. Y no sabemos que es la única vez porque recién la descubrimos. […] Pasar de la pasión al amor es una ordalía.’

II.

                En un largo inicio, rescata de sus propios recuerdos la figura de Némie Satler, nombre falso de una de sus maestras de música quien, junto a él, solía interpretar dúos, no sólo enseñarle a ejecutar su instrumento. Algunos años mayor que el autor, esposa y madre, durante un período fueron también amantes. Es ése amor tan idílico como apasionado, donde se funden las identidades, del que da testimonio. Una huella viva que se domicilió en su cuerpo (sic).

III.

               Todo el texto está atravesado por el uso filológico de los términos. Así, deja en claro que la fascinación –el fascinus que paraliza- se opone al desiderium, que encarna el deseo. Pero no se limita a estos temas; por sus páginas desfilan conceptos como conivencia, su mirada acerca de la languidez, el rol trascendente del coito entre amantes, entre otros. Destaco su mirada acerca del amor entre dos personas que, una vez descubierto, tiende a la experiencia íntima y, como tal, resulta una asocialización –porque los amantes no necesitan ya nada del mundo que los rodea-.

IV.

               En el estilo poético de siempre, con grandes párrafos que bien pueden destinarse a la meditación profunda, esta obra tan ecléctica como fragmentaria guarda muchos aspectos de una retórica especulativa –otro de sus títulos- con la que Quignard ahonda en la búsqueda ontológica del ser humano.

V.

               Para concluir, un regalo para todo amante de los libros,

‘Quienes aman con fervor los libros constituyen sin saberlo la única sociedad secreta excepcionalmente individualizada. La curiosidad permanente y una disociación sin edad los unen sin que se junten jamás. Sus elecciones no coinciden con las de los editores, es decir las del mercado. Ni con las de los profesores, es decir las del canon. Ni con las de los historiadores, es decir las del poder. No respetan el gusto de los otros. Prefieren alojarse en los intersticios y en los pliegues, la soledad, los olvidos, los confines del tiempo, las costumbres apasionadas, las zonas de sombra, las cornamentas de los ciervos, los cortapapeles de marfil. Componen por sí mismos una biblioteca de vidas breves pero numerosas. Se leen entre sí en el silencio, a la lumbre de las velas, en el rincón de su biblioteca...’

domingo, 18 de agosto de 2024

Colección Último Reino. 7. Los desarzonados, Pascal Quignard

 

El cuenco de plata, 2013

I.

               Séptimo volumen de este ciclo de ensayos – reflexiones – especulaciones que, de una manera fragmentaria, va entregando el autor galo a modo de legado de su pensamiento. El título refiere a quienes, por un movimiento brusco del caballo sobre el que montan, han sido expulsados de su lomo, cayendo rotundamente de espaldas en el suelo. Es decir, han perdido el arzón de sus monturas, quedando expuestos en toda su vulnerabilidad. Elípticamente, alude a esos momentos de epifanía, donde la vida da un vuelco. Una suerte de renacimiento místico.

II.

                Inmediatamente, en el inicio, el traductor nos aclara que, en francés, el vocablo adquiere también un sentido figurado, que equivale en español a confundido, desconcertado. Esta acepción es la más extendida a lo largo del texto. Y Quignard refuerza esta idea con la historia de Saulo quien, camino de Damasco, es cegado por una luz potente que lo hace caer del caballo. En esa situación invertida –inicio de un renacimiento chamánico- hay un temblor extático que anuncia el regreso desde el mundo de los muertos. Por eso Saulo se convierte en Pablo y escribe: desea dejar el testimonio de ese éxtasis, de su transformación.

III.

               En estas páginas, el autor despliega su mirada en diversos temas, como el carnivorismo, la opistotonía; la soledad del ermitaño o del anacoreta –que se asemeja a la del lector-; la fascinación que provoca la caza y la predación; la excitación que genera la guerra –única situación que permite la matanza entre congéneres sin castigo social-, todo en medio de un análisis semántico –con muchos elementos filológicos- y asociaciones que abrevan en el hinduismo, el chamanismo y el cristianismo.

IV.

               Resulta llamativa la cantidad de escenas y relatos mínimos que tienen como nervio conductor a jinetes y caballos, como si fuera necesario salir eyectados de nuestra zona de confort -abandonar el arzón- para ser capaces de renacer, cambiar nuestra mirada habitual a lo que nos rodea y aventurarnos a encaminar nuestros pasos hacia lo desconocido. En ese sentido, Quignard nos convoca a bucear en nuestro interior para alcanzar una vida más plena.

V.

               En un estilo poético que le es propio, usando mucho del cotilleo de la Historia francesa, con alusiones importantes a Nietzsche, Freud, Bataille y varios otros pensadores, Quignard compone una nueva obra, tan ecléctica como las anteriores y tan propicia para meditar como ellas, centrada en un re-vivir, una renovada búsqueda de la esencia de nuestro ser. Para leer de a poco y con tiempo.

viernes, 19 de julio de 2024

Colección Último Reino. 6. La barca silenciosa, Pascal Quignard

El cuenco de plata, 2014


 I.

               Este sexto volumen del autor francés se inicia con una investigación lingüística sobre el término corbillard –coche fúnebre-, que lo remitió hacia fines del siglo XVI a un vehículo acuático que transportaba bebés de pecho hacia Corbeil, en las afueras de París, para que miércoles y sábados éstos fueran entregados al cuidado de saludables nodrizas, en campos y bosques. Los niños regresaban a sus madres los martes y viernes siguientes.

II.

                Esta acotación dispara multitud de meditaciones especulativas, pequeñas anécdotas biográficas, reminiscencias de otras lecturas y reflexiones varias acerca de la vida y la muerte. Quignard sostiene que el niño es lo desconocido del nacimiento,

‘Cualquiera sea la persona, cualquiera sea el siglo, cualquiera sea la nación, todo niño es, antes que nada, un desconocido. Todo destino humano es: lo desconocido de la llegada al mundo confiada a lo desconocido de la muerte.’

III.

               Por supuesto, el título del libro alude al mítico pasaje ritual de la barca de Caronte, donde el difunto reciente –convertido en sombra errante-  es acompañado en su ataúd por un óbolo, que proveerá el pago del barquero al cruzarlo a través del Aqueronte y su llegada al reino de Hades. Así, la muerte, como un pasaje entre diversas realidades/ mundos, es citada –y a veces, analizada- desde distintos ángulos.

IV.

               Mas el texto no se circunscribe a estos temas; también analiza el suicidio como acto supremo en el ejercicio de la libertad, de cuya naturaleza participan la lectura y la escritura,

‘Escribir relatos quita los hierros. Los relatos imaginan otra vida. Esas imágenes y esos viajes arrastran, poco a poco, situaciones que emancipan de los hábitos de la vida, tanto en la vida del que lee como en la vida del que escribe. […] ¿Qué es otra vida sino otra intriga lingüística? […] Lo amplio existe. […] Escribir desgarra la compulsión a la repetición del pasado en el alma. ¿Para qué sirve escribir? Para no vivir muerto. […] La amplitud inventó un lugar en cualquier parte de esta tierra. Son los libros. La lectura es lo que ensancha.’

V.

               Valiéndose de fábulas y leyendas, referencias semánticas e ínfimas historias de vida, con la prosa poética habitual, Quignard vuelve a proponer introspección. Un regalo para el final,

‘Los libros pueden ser peligrosos, pero sobre todo es la lectura, en sí misma, la que presenta todos los peligros. Leer es una experiencia que transforma de arriba abajo a los que consagran su alma a la lectura. Hay que apiñar los libros verdaderos en un rincón porque siempre los libros verdaderos son contrarios a las costumbres colectivas. Aquel que lee vive solo en su 'otro mundo', en su 'rincón', en el ángulo de su pared. Y así es como, solo en la ciudad, el lector afronta en el libro físicamente, solitariamente, el abismo de la soledad anterior en la cual vivió.’

miércoles, 19 de junio de 2024

Colección Último Reino. 5. Sordidísimos, Pascal Quignard

El cuenco de plata, 2017

I.

                Antes de encarar este quinto volumen de la colección, debo hacer una aclaración respecto del título. En él se alude al grado superlativo de lo que resulta sórdido; sin connotación alguna hacia la carencia auditiva. Quignard procurará a lo largo de la obra señalar que muchas de las cosas que apartamos por ordinarias, feas o bajas, mantienen cierto atractivo.

II.

                Sordes designaba entre los romanos las ropas de duelo. Quienes se hallaban en ello no se lavaban ni cambiaban de vestido; es decir, eran repugnantes. La pintura se consideraba un ars sordidae. Fue Séneca hijo quien impuso apartarnos de lo sórdido, para elevarnos hacia lo universal con el pensar, la filosofía. Así, esa elección responde a un mandato social y cultural que implica negar el linaje animal del hombre y su vínculo con la comunidad natural.

III.

               La vergüenza que sentimos ante la desnudez, el ejercicio del sexo –v.g., la imposibilidad de controlar una erección-, o la deposición de excrementos, entre otros, obedecen a una decisión reglada por normas de convivencia impuestas por las sociedades humanas, con las que se intenta dejar atrás nuestra naturaleza animal; la misma que nos une al resto de los seres vivos y el entorno donde nos movemos. En ese sentido, optamos por un extrañamiento, según Quignard.

IV.

               Con profusión de fábulas, leyendas orientales, menciones a Madame Pompadour, Emily Brönte y Juan de la Cruz, pasando por el origen de los relicarios y múltiples alusiones a cuestiones de filología, Quignard brinda una ocasión para meditar. Siempre, con ese estilo intimista, poético que le es característico. Un buen texto, del que dejo un regalo,


Cuando llegó a China el Budi Darma se encontró con el emperador, quien le dijo:
-     Erigí numerosos templos; reuní a miles de monjes; hice copiar todos los libros; ordené volver a colorear todas las pinturas; hice esculpir gigantescos colosos; creo que tengo muchos méritos.
Budi Darma respondió:
-        Ninguno.
El emperador preguntó:
-        ¿Cuál es la esencia del budismo?
Budi Darma respondió:
-        Nada.
El emperador insistió:
-        ¿Qué es sagrado?
Budi Darma respondió:
-        No hay nada sagrado.
En ese momento el emperador de la China se sintió irritado y exclamó:
-        ¿Pero a quién tengo frente a mi?
Budi Darma respondió:
-       
No sé.
 

lunes, 20 de mayo de 2024

Colección Último Reino. 4. Las paradisíacas, Pascal Quignard

El cuenco de plata, 2016

I.

                Este cuarto volumen de la colección, abre con un objetivo personal del autor: desea volver al Paraíso. Pero, ¿dónde se halla?, ¿dónde ha quedado?, ¿hacia dónde orientar los pasos? Cuando los moros conquistaron España creyeron haber alcanzado el Paraíso; de igual manera, Joseph Haydn se dirigía a sus visitantes mostrándoles su heredad y afirmando que él vivía en el paraíso. Entonces, ¿qué significado guarda este vocablo, cuya naturaleza efímera parece inasible, y que cambia con cada ser humano, con cada sociedad?

II.

                En opinión de Quignard, el Edén es lo anterior hecho lugar; el espacio preoriginal, que no está en espacio conocido ninguno, porque es previo a la salida del cuerpo al espacio exterior, al mundo. Es aquel lugar donde fuimos engendrados, antes de nacer, antes de conocer la palabra. Donde habitaba el aoristo, lo sin límites; punto de nacimiento del espacio, tal como lo conocemos.

III.

               Al transcurrir las páginas, llenas de fábulas que abrevan en mitos, leyendas y reflexiones acerca de la vida, el autor se pregunta –y nos interpela- sobre la importancia del no reconocimiento entre seres vivos. Expresa que los muertos se reconocen cuando se ven, pero que es típico de los vivos no reconocerse una vez que el tiempo ha pasado –el regreso de Ulises a Ítaca es citado como ejemplo-. Así, cada vez que estamos ante un espejo, nos invade el horror de no reconocer nuestra propia imagen.

IV.

               Con un derrotero ecléctico, por momentos evasivo y zigzagueante, pero siempre focalizado en la búsqueda de aquello que designamos con el nombre de paraíso, Quignard repasa un cúmulo de ocasiones en que esa quimera ha estado presente tanto en personajes históricos como en legendarias fantasías.

V.

               En ese estilo de prosa poética que es su sello, Quignard nos convoca a itinerar con él, en una suerte de ejercicio de meditación que conduce al buceo en el interior de cada quien para definir –si se pudiese- qué consideramos nuestro paraíso personal y cuáles han de ser nuestros pasos en pos de él. Como cierre, un regalo.

¿Qué es la música?

Subir y bajar del tiempo.

¿Qué es la literatura?

Subir y bajar del tiempo.

¿Qué es el pensamiento?

Subir y bajar del tiempo.

 

sábado, 20 de abril de 2024

Colección Último Reino. 3. Abismos, Pascal Quignard

 

El cuenco de plata, 2015

I.

                “El pasado es un abismo sin fondo, que engulle a todas las cosas pasajeras, y el porvenir, otro abismo que nos resulta impenetrable; uno se vierte constantemente en el otro; el porvenir se derrama en el pasado atravesando el presente; estamos ubicados entre esos dos abismos y lo sentimos, pues sentimos el porvenir verterse en el pasado; esa sensación pone al presente al borde de un abismo.”

               Ésta es la frase tomada de Pierre Nicole que sintetiza el derrotero de los pensamientos, reflexiones y devaneos filosóficos del autor, que constituyen este tercer volumen de la colección.

II.

                Entre sus cavilaciones, Quignard se detiene en el tema del retorno, el clásico nostos, y explica que la nostalgia –que deriva de aquél-, es la enfermedad del retorno imposible de lo perdido y, a su vez, el primer vicio del pensamiento. Además, aludiendo al mito del eterno retorno, no deja lugar a dudas,

“Todo lo que parece sin retorno, una vez que abandonó el astro de la amenaza, parece inofensivo. Pero cuando el retorno se produce, uno queda devastado en un instante. Lo que ha dejado de ser ya es nada y no obstante ese reflujo para el que no estábamos preparados nos llega con la violencia de un ciclón. Y uno se encuentra en el fondo del abismo aun cuando nada haya surgido en lo real excepto el tiempo invisible.”

III.

               En su clásico estilo de prosa poética, Quignard utiliza la mitología clásica, la historia europea, las fábulas y leyendas ancestrales que van desde la China hasta lo celta, para desarrollar tópicos acerca de aquello que no tiene fondo, o bien a lo que no alcanza a ver la luz, sea la profundidad de la noche o la oscuridad de una caverna. O las fallas abisales de los mares.

IV.

               Como era de esperar, también la música está presente en esta suerte de composición libre que viene siendo el conjunto de textos, donde las asociaciones más extrañas toman cuerpo. Particularmente interesante es su mirada sobre el sueño, al que le atribuye carácter de indispensable pues en él se alcanza un estado de desconexión profunda, a la que el despertar pone fin al reconectarnos al mundo externo atmosférico.

V.

               Chamanismo, citas evangélicas, la pintura de Rogier van der Weyden se alternan con escenas de la II GM y su propia historia personal en una muestra ecléctica que convoca a la meditación. Un libro para rumiar en lo interior. Como regalo final, una idea sobre el relato,

“El objetivo del relato es contar la experiencia. […] No es la realización de la proeza, la victoria en el combate, el cumplimiento de la misión lo que constituye el fin de la caza, de la competición o de la guerra. Es volver para contarlo. […] Tres tiempos se articulan: la prueba, el semicírculo del retorno, el relato en el interior del grupo donde se construye lo que se ha probado en la prueba. Por ese motivo el tiempo del relato es siempre el pasado.”


jueves, 21 de marzo de 2024

Colección Último Reino. 2. Sobre lo anterior, Pascal Quignard

 

El cuenco de plata, 2016

I.

                Segundo volumen de esta colección. El título puede resultar equívoco, porque Quignard no se refiere al Pasado como tal sino a aquello que fue Antes: lo aorístico, lo que no tiene límite ni fin, la esencia inicial donde todo era posible. Valga un ejemplo como explicación: cada ser humano se vuelve limitado desde el momento de su nacimiento –v.g., adquiere la lengua materna y asume que su vida tendrá un final-. Pero Antes de ello, su existencia no tenía fin y podría haber adquirido cualquier idioma, o no optar por uno en concreto, puesto que, al igual que la vista, no les eran necesarias.

II.

                Según el autor el Pasado cambia con las circunstancias; su naturaleza es cambiante: la lengua, la nación, la geografía, la familia, etc., lo condiciona. Así, la Historia se escribe en páginas a partir de una lengua y esa Historia extiende el Pasado. En cambio, lo Anterior es el lugar donde habita el alma, que puede viajar, comparar, regresar o moverse sin límites.

III.

               El texto abunda en fábulas orientales, minúsculos detalles históricos, personajes marginales, análisis semántico y filológico que quizás al lector profano les resulte algo arduo en más de un sentido. Por ello se hace necesaria una lectura atenta y comprensiva, para captar el significado del conjunto y no perderse en derivaciones inconducentes. También exhibe algunas reflexiones interesantes,

“Hay una sensación por la cual sabemos que fuimos engendrados, precedidos, y que no es específica de nuestra especie. Agustín distinguía entre principium e initium. Principium define el comienzo natural (la concepción física). Initium define el comienzo lingüístico o religioso (la iniciación social).”

IV.

                En suma, Lo Anterior habla de las potencialidades del ser que, una vez expulsado del útero materno, se afana en una búsqueda de aquello que ha perdido, del momento en que era parte de algo mucho más universal,

“Lo Anterior está en el límite de lo Nunca-ocurrido y es por lo cual no se encuentra con el pasado. Lo Anterior le da el tiempo al hombre sin procurarle la percepción del origen.”

V.

               Con la prosa poética de siempre y el lirismo a flor de piel, esta colección de meditaciones convoca al lector hacia reflexiones que bordean lo religioso y lo ontológico. Un regalo final,

                                                                   Los peces son agua en estado sólido.

Los pájaros son viento en estado sólido.

Los libros son silencio en estado sólido.


jueves, 15 de febrero de 2024

Colección Último Reino. 1. Las sombras errantes, Pascal Quignard

El cuenco de plata, 2014

I.

               Decidí que 2024 fuera el año para encarar la totalidad de esta colección del autor, cuyos once volúmenes –hasta la fecha- se hallan en español. Es intención de quien suscribe proveer una entrega -con carácter mensual- de cada libro hasta fines de año. Yendo a este primer volumen, en verdad es una relectura doble, puesto que, tras alzarse con el Premio Goncourt en el 2002, pude leerlo tiempo después en una edición bajo otro sello, aun en mi haber.

II.

                El nombre del volumen lo toma de una suite perteneciente al Cuarto Libro de Suites para clavicémbalo, de François Couperin, publicado en 1728, y se halla en consonancia directa con su contenido, basado en las supuestas palabras proferidas por Siagrio, el último rey romano, quien en 486, antes de ser degollado, exclamó: “Quaesivit cum moriebatur ubi essent umbrae” (mientras expiraba preguntó dónde están las sombras). El texto abunda en frases en latín, con sus correspondientes traducciones.

III.

               En su interior, el autor desgrana reflexiones, muchas de las cuales tienen origen en episodios históricos, fábulas, leyendas como así también en elucubraciones personales, que son presentadas como destellos y que tienen como nervio conductor la penumbra de la meditación y las sombras del reino desconocido: el más allá, la muerte, las creencias, todo ese universo oculto a nuestra razón. Quignard explica que existe un primer reino, uterino y prenatal, del que no llevamos recuerdo; por ello, toda nuestra vida transcurre en el segundo y último reino.

IV.

                Destaco el collage de elementos disparadores de meditaciones, donde se entremezclan el señor de san Cirano, Jesús, el Terror francés, las guerras mundiales del siglo XX –incluyendo el atentado a las Torres Gemelas-. Todas ellas, tienen a la luz de la democracia y la ley como protagonista, por oposición a las sombras del instinto animal y del ser antes de nacer.

“Los vivos no son sombras. Tal vez son muertos envueltos en vestidos que brillan”.

V.

               Por momentos polémico e inconexo, es un libro que busca el debate de ideas y la crítica; irreverente tanto con los hitos históricos como con los hechos del presente (Little Boy incluido); un texto que gira en un incesante torbellino cuya secuencia pareciera no guardar lógica alguna. Sin embargo, convoca a un ejercicio reflexivo del lector, poniendo énfasis en la evolución de nuestro pensamiento y nuestro acontecer. Los amantes del discurrir filosófico, de parabienes. Una obra con material para meditar.

viernes, 22 de diciembre de 2023

Habitar la pérdida. En ese jardín que amábamos, Pascal Quignard

El cuenco de plata, 2021
 I.

               Nunca dudo en hacerme de un ejemplar de cualquier publicación salida de la pluma del autor. No es solamente su estilo literario el que me seduce y convoca, sino esas historias mínimas, tomadas de personajes desconocidos –como cualquiera de nosotros-, que tejen una trama para exponer sentires y llamar a la introspección personal. Este breve trabajo se inscribe entre ellas.

II.

                El reverendo Cheney, es pastor, músico y amante de la naturaleza. Junto a su joven esposa, se hace cargo de la iglesia de una aldea, y de sus oficios. Mientras él se reparte entre las tareas de la casa y la preparación de su sermón, ella cultiva flores en un parterre que linda con un estanque. Así, cada uno posee un dominio que le es propio. Al año de llegar a la parroquia, ella dará a luz a una niña y fallecerá en el mismo acto.

III.

               Una vez alcanzada la adultez de la hija, el padre le solicita algo inusual: que se marche. En parte, porque la joven se ha vuelto un calco de su madre y no puede soportar vivir con la imagen de su esposa en la de su hija. Por otro, porque la culpa de ser la responsable de haber perdido su gran amor. A partir de allí, los caminos se bifurcan. La joven, que se gana la vida dando clases de violonchelo, se radica en una ciudad, mientras que su padre decide anotar y escribir los sonidos de la naturaleza, desde el canto de los pájaros hasta una canilla que gotea. A la muerte de éste, será la hija quien se ocupe de intentar publicar sus curiosos escritos musicales.

IV.

                El texto transita dos géneros tan complementarios como el teatro y la poesía. De hecho, Quignard ofrece un escenario dividido en dos –una parte iluminada; la otra en sombras- donde tiene lugar la tragedia entre padre e hija, con un Recitador que oficia de voz en off. Es esa puesta teatral, unida a la prosa poética que utiliza para describir los detalles del vínculo entre tres seres –dos vivos y una muerta, siempre presentes- la que brinda una propuesta original sin par.

V.

               Con diálogos bien construidos, escenas conmovedoras y un cúmulo de reflexiones acerca del amor y del dolor que genera la ausencia, cada personaje intenta habitar la pérdida a su manera. En una suerte de prefacio, el propio autor explica la génesis de esta narración, casi como tributo a otra historia semejante, escrita un cuarto de siglo antes, que se conoció como Todas las mañanas del mundo. En suma, una obra breve que, al igual que muchas de las letras de Quignard, deja material para meditar. No solo se presta para leer, sino también para releer. Más que interesante.