Mostrando entradas con la etiqueta Marguerite Yourcenar. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Marguerite Yourcenar. Mostrar todas las entradas

domingo, 29 de mayo de 2022

e-book 101. Fábulas del Este. Cuentos orientales, Marguerite Yourcenar

Punto de Lectura, 2012
 

I.

            Esta lectura surgió como propuesta entre un grupo de lectores en el que participo. Confieso que debí enfrentar mis propios prejuicios, a saber: el escaso entusiasmo que me despierta leer un libro de relatos y, en este caso particular, correr el riesgo de ajar un poco la egregia figura de la autora de uno de mis títulos más queridos, Memorias de Adriano.

II.

            La obra se compone de una serie de diez relatos relativamente breves cuyo nervio conductor tiene al ‘oriente’ como emblema. Pero es necesaria una aclaración: este ‘oriente’ no debe ser entendido como lejano oriente, sino como un oriente cercano, es decir, aquellas geografías al oriente de Francia. Si bien algunos de los mismos se ambientan en tierra de emperadores, el grueso de los restantes tienen como epicentro los Balcanes (Serbia, Montenegro) y Grecia.

La versión digital, gentileza de EpubLibre

III.

            Un maestro pintor chino acosado por su emperador; el fin de la vida de Genji (Monogatari); la aventura y posterior muerte de un gigante serbio; la cabeza de Kali en el cuerpo de una prostituta, son parte de una colección de cuentos que se apoyan en baladas, mitos, leyendas y otras lecturas previas, configurando una retahíla de fábulas del Este. La propia autora se encarga de develar el origen de cada relato en un Post – Scriptum con que cierra el libro. Allí señala que ha corregido parte del material incluido en la primera edición, en 1938, con otro aparecido en 1978.

IV.

            Dueña de una pluma proverbial y un estilo tan personal, Yourcenar desgrana sabiamente las historias, de la misma forma que un consagrado pintor despliega su delicada pincelada sobre una tela en blanco. No es menor que haya escogido abrir y cerrar este volumen con sendos relatos en el que su otra gran pasión, la pintura, se hace presente. Ameno, coloquial y con cierto aire de lirismo, el conjunto fluye rápidamente dejando a su paso una grata sensación a buena literatura. Un título no tan difundido, que conviene visitar.


domingo, 2 de febrero de 2020

Meditaciones de un enfermo que concede audiencia a sus recuerdos. Memorias de Adriano, Marguerite Yourcenar


Sudamericana, 1995

I.

            Cuando el título nos fue propuesto en un club de lectura, se me encogió el corazón. Debía volver a transitar uno de mis libros más queridos; de esos que marcan hitos. Lo había leído por recomendación amiga, cuando aún debutaba con las letras y no sabía qué habría de depararme. Hoy, con media biblioteca a cuestas, he vuelto a disfrutar de este memorable trabajo de Yourcenar. En mi lista personal, el número dos. No vislumbro nada que lo vaya a desplazar de allí.

II.

            El libro narra la vida del emperador del siglo II d.C. y lo hace con su propia voz, en forma de epístola destinada a Marco (Aurelio), adoptado como nieto y finalmente sucesor. En él, realiza un balance de su vida –en su doble rol, privado y público- a sabiendas que la enfermedad que le acosa acabará con ella en breve. Estructurado en seis capítulos, brinda una mirada desprovista de animosidad, explica cada uno de los actos y decisiones, expone sus flaquezas sin más y nos hace partícipes de sus reflexiones acerca de los seres humanos así como del gobierno del Imperio.

III.

            En el primer capítulo, Adriano informa el origen de su mal –cardíaco-, dejando en claro su inclinación por los placeres aunque sin excesos; la necesidad de conocerse a sí mismo y observar a los hombres; el rol del amor, del deseo carnal y la función del sueño. En el segundo, habla de su familia y su infancia; el placer por las letras, Grecia y su lengua; la preparación militar y su participación en la Justicia; su matrimonio concertado; una mirada crítica sobre la conducción de Trajano, las intrigas sucesorias a la muerte de éste y su ascenso al poder. En el tercero, detalla cómo alcanzó la pacificación y la estabilidad del Imperio -en base a políticas acertadas con el pueblo y la milicia-, su propensión a los placeres mundanos y a la práctica de ciencias ocultas.
¿Quién dijo que no se puede leer este libro en la playa?
IV.

            Su amor por un joven bitinio, Antínoo, y el malestar y depresión al que lo sumerge su suicidio, es el tema central del cuarto capítulo. En el quinto, confiesa su equivocado manejo del problema judío, al intentar imponer la cultura y religión de los griegos en Palestina, con el consiguiente enfrentamiento. Por último, reconoce su falta de coraje ante su propio suicidio -debido a la cercanía de su muerte-, asumiendo que debe desprenderse de aquel cuerpo que tan bien lo ha acompañado, soportando sus reclamos y dolores.

V.

            Sorprende la potencia de la voz que Yourcenar ha elegido para un emperador, despojado de autoindulgencia y megalomanía. Pausado en las descripciones de sus emociones más íntimas; siempre sereno en las reflexiones, equilibrado en la mirada de su gestión política, este Adriano no solo se vuelve creíble al lector, sino que conmueve con el estilo frontal y directo de esta suerte de testamento legado a su sucesor. Un libro maravilloso, pleno de enseñanzas, para leer y releer.