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sábado, 12 de septiembre de 2026

Inquietudes. El Aleph, Jorge Luis Borges

La Nación, 2005

I.

               He sido mucho más devoto de su obra poética que de su narrativa. Al ser hijo de la ciudad que también fuera la suya, siento que sus poemas me describen mejor. No obstante, un taller de lectura recaló en este título y, tras una veintena de años, encaré su relectura, extendiendo la propuesta a un grupo con quienes comparto el placer de ella. Lo que sigue es un compendio de miradas surgidas al calor de nuestros encuentros, que para nada intentan agotar las posibles interpretaciones que dispara el conjunto de diecisiete relatos que componen el volumen.

II.

                Al inicio, nos preguntábamos cómo realizar una síntesis, cuando cada uno de los cuentos es un universo en sí mismo. Descartamos esa veleidad, focalizando en los temas recurrentes que aparecen en ellos, que son parte de las inquietudes que el propio Borges se planteó –y nos legó después- a lo largo de su vida. Aquí están el hombre frente al infinito; la otredad como contracara necesaria del yo –un dualismo existencial-; la importancia de la escritura como memoria colectiva de las sociedades; las limitaciones que impone el lenguaje a la hora de comunicar emociones, entre otras.

III.

               La búsqueda de la inmortalidad; la recreación del mito del Minotauro; una sugestiva biografía del compañero de Martín Fierro; la ejecución de una venganza; la obsesión que genera un objeto casi sin valor o la posesión de un lugar al que convergen todas las miradas del universo, son algunas de las escenas de las que Borges se vale para exponer sus elucubraciones acerca de la naturaleza del tiempo, la identidad, el sentido de la vida, la importancia del azar, la soledad… Para ello, utiliza todos los elementos que componen su marca registrada: el juego de espejos, la existencia de un doble, el laberinto, el tigre, el cuchillero, los jeroglíficos, por citar algunos.

IV.

                Esta colección, aparecida en 1949 cuando el autor frisaba el medio siglo de edad, también incluye una profusión de citas y referencias bibliográficas –muchas de las cuales son infundadas; una manera de burlarse de aquellos colegas que las usan como medio de fortalecer aseveraciones, no siempre claras- y cierto tono socarrón sobre las premiaciones que en el campo intelectual se realizan con el concurso de jurados que valoran las obras, de las que siempre mantuvo distancia y un cierto escepticismo.

V.

               De estilo directo, con múltiples recursos literarios, haciendo gala de una erudición y un preciosismo lingüístico sin par, Borges construye una obra memorable, con riqueza de descripciones y párrafos que merecen quedar en la memoria de todo buen lector. Quien desee iniciarse en las letras de Borges, ésta es una de las obras óptimas para hacerlo. No solo se disfruta; nos interpela y obliga a pensar.

 

domingo, 26 de febrero de 2017

Laberinto literario. Ficciones, Jorge Luis Borges


La Nación, 2005

I.

            Si bien abunda material de su autoría en los anaqueles de mi biblioteca, las letras de Borges son como un buen vino añejo: requieren servirse con delicadeza, en ocasiones apropiadas y espaciadamente, so pena de ahitarse. Hacía varios años que no posaba mis manos sobre obra suya alguna y los avatares del verano hemisférico me resultaron propicios. La elección del volumen no recayó sobre éste inocentemente; es uno de sus libros de relatos más logrados y más reconocidos, escritos en la década de 1940. Al haber leído con antelación sus trabajos poéticos, quise echarle una mirada a un género que no suelo visitar con frecuencia.

II.

          El libro está constituido por dos trabajos independientes, El jardín de senderos que se bifurcan y Artificios. Ambos incluyen una serie de relatos breves acompañados de un prólogo explicativo –o iniciador- sobre qué material ha de hallar el lector. Esta edición, además, anexa tres relatos posteriores, junto a una Posdata de 1956, que obra como aclaración.

III.

            Todo el universo borgeano se da cita entre sus relatos. Allí están su pasión por la magia, la cábala judía, los cuchilleros, la fantasía de origen onírico, y también sus elementos fetiches: el laberinto, la simetría, el círculo como representación de lo eterno, el misterio de lo secreto. El texto abunda en símbolos y referencias a otras lecturas. Como habitualmente, muchas de las citas son ficticias y los autores nombrados a menudo sólo han existido en la febril imaginación de Borges.

IV.

            Con escasos elementos y una prosa raramente fluida, Borges aborda la soledad, el rol del hombre en el cosmos, el carácter cíclico de la vida, con cierto enfoque por momentos, nostálgico y en otros, profético. En ese sentido, sus líneas despliegan mundos, personajes y construcciones inexistentes, propios de lo que él mismo dio en llamar literatura fantástica.

V.

            Haciendo gala de su erudición y utilizando acertados golpes de efecto, Borges desgrana gran parte de sus ilusiones, miedos, esperanzas, de manera coloquial y llevadera. Por lo demás, un libro señero y breve, para adentrarse en su literatura.