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martes, 17 de enero de 2017

Violencia de género bajo el Islam. La piedra de la paciencia, Atiq Rahimi


Siruela, 2010

I.
            Parece haber una creencia persa que indica la existencia de una piedra a la que, si le contamos todos nuestros sufrimientos, desgracias y miserias, la piedra las absorbe y un buen día, ¡pum!, la piedra explota y así quedamos liberados. Sería bueno poder contar con una. Pero, ¿qué pasaría si convertimos a un ser humano, moribundo, en esa piedra?

II.
           Hace más de dos semanas que un guerrero, héroe de la Yihad, se encuentra en estado vegetativo por alojar una bala en su nuca, producto de una reyerta doméstica. Su mujer, madre de dos niñas, reza por él, le atiende diariamente con suero y colirio para los ojos, mientras le habla. Aún sin saber si él la oye, se afana por sus cuidados. Pero ya no da más; el Corán no es suficiente contención para una mujer desbordada por la situación, a quien los familiares han abandonado a su suerte y que expone su vida en medio de balaceras.

III.
            Así, convierte en ‘piedra de la paciencia’ a su marido, reprochándole en principio haber consagrado su vida a la Guerra Santa –sin importarle esposa e hijas-. Pero no se queda allí; sigue desgranando todo lo acumulado a lo largo de diez años de matrimonio: sus miedos, sus frustraciones, sus anhelos y, lo mejor, le revela sus secretos ocultos. Mediante esta catarsis, el lector asiste a todas las vejaciones y actos de violencia de género perpetrados tanto por el marido como por su familia política, quien solo ve en ella un objeto para saciar la necesidad sexual y procrear descendencia.

IV.
            Rahimi compone una denuncia sobre el rol de la mujer bajo el Islam, con una protagonista y un par de personajes secundarios que fortalecen el relato principal. Además, aprovecha la narración para exhibir el sinsentido de la guerra fratricida, pues la sitúa entre los escombros de un pueblo, en medio de enfrentamientos armados entre distintos bandos, poniendo de manifiesto cuánto juega el pellejo su protagonista para cuidar a su marido.

V.

            En estilo crudo, aunque con cierta dosis de lirismo, Rahimi construye un relato contra la guerra, el fanatismo y la opresión de las mujeres, sea que se lleve a cabo en cualquier geografía y bajo cualquier religión. Es un libro breve pero intenso. Para tomar en cuenta.

jueves, 15 de mayo de 2014

Un nudo en la garganta. Tierra y cenizas, Atiq Rahimi


Lengua de Trapo, 2009

         Hace poco, alguien comentó que este título le había gustado más que otro ya célebre del mismo autor. Lo encontré en la estantería de la librería local y no dudé en llevarlo. Quizás me sirviera de preámbulo o catapultase mi curiosidad por la obra de Rahimi, no he sabido bien por qué.

           En menos de cien páginas, Rahimi se las ingenia para presentarnos todo el dolor y la tragedia que despliega la guerra ante nuestras narices. Un hombre afgano ya grande, acaba de perder a todo el resto de su familia –esposa, un hijo, nueras- debido a la explosión de un proyectil soviético en medio de su aldea. Lo único que le ha quedado de compañía en semejante circunstancia es la presencia de su nieto, no mayor de cinco años, que luego del estrépito provocado por la detonación ha quedado sordo.

          Es entonces que emprende el camino con el fin de notificar a su otro hijo, el padre del niño que trabaja en las minas en otra aldea, los hechos ocurridos, de manera que vuelva a enterrar a su familia y tal vez, en un rapto de desesperación, también se inmolen ellos, los sobrevivientes.

           Lo importante del relato es que el autor nos pone al tanto de lo que ocurre en el interior del anciano, a través de un narrador que hace las veces de intérprete de sus pensamientos. Además, nos cuenta las vicisitudes de este protagonista, al tener que hacer frente al traslado y a las necesidades perentorias de alimento que reclama su nieto, junto a la imposibilidad de mantener un diálogo con él. Completan el cuadro un par de personajes solidarios y el capataz de la mina, quien sostiene una charla con él antes de permitirle ver a su hijo.

‘Sabes, anciano, el dolor, o bien se funde y mana de los ojos, o bien se convierte en un puñal que sustituye a la lengua, o bien se transforma en una bomba interior que un día explota y te hace explotar a ti también.’

         La desolación de aquel que acarrea una pena insondable, unido al debate interno que sostiene su personaje principal –pues sabe que, al notificar al único sobreviviente, condena a éste a compartir su desespero o a quitarse la vida, ambas decisiones extremas de por sí-, son el nervio conductor de este relato breve, que transmite en toda su crudeza los efectos devastadores de una guerra no querida ni esperada.

          En estilo directo, circunspecto y desapasionado, el libro nos genera un nudo en la garganta; el de quien reconoce que hubiera sido preferible haber muerto en la tragedia y no en sobrevivirla, puesto que la tarea que hereda es mucho más dolorosa que perecer en un instante.

        Un libro duro, con una mirada centrada en las secuelas que deja la guerra entre la población civil y un puñado de reflexiones que hacen de él una suerte de testimonio y de denuncia.