Alfaguara, 2011
Lo
apunté al salir la presente edición, aunque aún conservaba otro título del
autor sin leer. Tras la saludable experiencia que representó esa lectura hace
ya tiempo, tenía que elegir los libros para una corta estadía en el suelo que sirvió
de albergue a este salteño, que adoptó como suya la tierra de Jujuy en la que
vivió hasta su deceso en 2012. Recordé el título de marras y salí en su busca;
la diosa Fortuna me lo allegó un sábado en medio de un paseo de libros usados.
La historia se ambienta en el norte
argentino hacia 1939, cuando Wilhelm Strasser, un joven ingeniero, se hace
cargo de la construcción de un puente entre las riberas de un caudaloso río que
solía causar estragos con sus avenidas estacionales. Aprovecha la ocasión para
emigrar desde su Pomerania alemana junto a su mujer, Hilde, para escapar de la
guerra. Una vez en estas latitudes, se acompañan de Janos, un húngaro que
asiste a Strasser en la ejecución de la obra y ayuda con los trabajadores
lugareños reclutados para ese fin. Así se conforma un triángulo, que de amoroso
tiene poco.
Janos ha perdido a su mujer y sólo
le ha dejado un crío, que es quien narra los hechos. Un niño que recuerda que
fue Hilde quien lo contuvo cuando su padre fue alcanzado por un repentino rayo.
Pero Tizón no sólo nos hace saber lo ocurrido, sino que también nos permite
conocer lo que piensa cada uno de los protagonistas en cada momento. A un
borracho e infeliz Strasser, para quien el matrimonio es una institución que lo
ata a una mujer, contrapone a una esposa que se debate entre la servidumbre
hacia su marido y la búsqueda de satisfacción sexual, y un Janos quien, pudiendo
consolar a la joven, sólo se aparta y retrae en su mundo, pues aún le asaltan resabios
de su pasado en la Guerra Civil española.
Tizón en medio de la gente en Iruya, Salta, Argentina
Así, con cada personaje el lector se
ve conducido a realizar un viaje distinto. Con Strasser, se traslada al esfuerzo
de sostener una utopía, en la que el clima y la geografía van mellando su
espíritu hasta su total degradación. Con Hilde, se interna en una introspección
que tiene lugar a partir de la soledad y el abandono conyugal; un debate entre
la nostalgia por un pasado que ya no es y un presente abúlico y sin sentido. Y
con Janos, el único interlocutor de la pareja, responsable de mantener el
sentido de realidad del relato, exhibe las secuelas que deja la guerra y la pérdida
de las ilusiones.
En un texto polifónico, donde el
entorno y sus gentes juegan su rol, el autor construye una novela en la que soledad y desarraigo, unido al sentimiento de derrota, se erigen como motivo
principal. Me pregunto cuántos de nosotros no nos hemos sentido así alguna vez;
sobre todo, obligados a tener que habitar tierras lejanas.
Laguna El Rodeo, a la caída del sol, en Yala, Jujuy, donde el autor escribió esta obra
Párrafo aparte merece el estilo escogido
por Tizón para realizar sus descripciones de escenas y sentires, rayano en la
poética y en la lírica. Sus líneas exhiben una sensibilidad a flor de piel, que
realzan la narración. Un libro para no dejar pasar –y conocer un poco más
acerca de mi tierra-.
