I.
Fue un título que se puso de moda
hacia fines del pasado año. Un gran número de talleres de lectura lo han
propuesto en el ámbito local, entre diciembre y marzo, tras el espaldarazo
recibido por el Nobel de Literatura a su autora el último octubre. Si bien no
es tan contundente como su más promocionada novela, al menos le brinda al
lector una atmósfera más intimista y menos disruptiva que aquella, sin por ello
eludir las restricciones impuestas a sus personajes.
II.
Una mujer joven decide tomar clases de griego
en una institución en Corea del Sur. Tras haberse quedado sin habla y haber
perdido en manos de su ex marido la patria potestad de su hijo, es una mujer
despojada en ambos sentidos. Acude a la clase de este idioma abstruso en aras
de intentar recuperar el habla. Su maestro es un hombre a punto de quedarse
ciego; de hecho, finge ver lo suficiente, pero es incapaz de percibir incluso
su escritura sobre la pizarra.
III.
Entre ambos se establece un
prístino vínculo, en un contrapunto significativo: ella ha perdido el habla
voluntariamente, mientras que él se ha quedado sin la vista involuntariamente.
Para colmo, ambos mantienen contacto con seres queridos. La protagonista
escribe a su hermana; el profesor también lo hace con la suya, pero añora el
vínculo con Joachim, un amigo querido en su paso por Alemania, a quien ha
perdido tempranamente por una lesión cardíaca.
La versión digital, gentileza de una amiga lectora
IV.
Todo el texto está atravesado por la necesidad
del lenguaje. Cuando éste no puede hacerse presente, se acude a sustitutos como
la escritura u otros símbolos que denotan cuán importante es mantener nuestra comunicación.
Por otra parte, hay una suerte de vivencia budista que atraviesa la obra –con un
Borges extremadamente presente-, donde el propio acontecer no es más que una
parte del significado del conjunto. En resumen, son dos soledades, que
propician un encuentro en estado de pérdida.
V.
De estilo íntimo, con una prosa
poética que incluye poemas emotivos y descripciones minuciosas tanto de
entornos como de sentires, Han Kang nos ofrece una novela con dos personajes marginales,
de esos que, al decir de Cortázar, ‘andaban
sin buscarse, pero sabiendo que andaban para encontrarse’, de una riqueza
extrema y donde los silencios cuentan tanto –o más- que lo poco que se expresa
verbalmente. Una lectura para iniciarse en el universo literario de la autora,
que hará las delicias de quienes deseen abrevar en él; el resultado seguramente
disparará nuevas lecturas. En mi humilde opinión, un Nobel más que merecido.