Lo apunté apenas aparecieron las
primeras reseñas. Hasta ese momento, no había leído nada de la autora; sólo
contaba con su biografía novelizada de Marilyn –libro que leería medio año
después-. Pasado el tiempo, sus obras fueron acumulándose entre las pendientes
y, tras casi una década de espera, decidí aliviarme de aquél segundo ejemplar,
toda vez que Oates ha seguido escribiendo con buen ritmo.
II.
No parece haber mucho en común entre un nieto
que acompaña a su abuela a una corta cirugía, una pareja mayor a quienes
molesta los ruidos provenientes de los vecinos, un joven universitario que
decide trabajar ad honorem en un zoo,
o una mujer que se cuestiona si seguir con su novio mientras le teme a un
mastín, entre otras circunstancias. Sin embargo, en esta colección de trece
relatos, ninguno de sus personajes parece estar cómodo con su acontecer. Como
si algo funesto estuviera a punto de ocurrir –o ya hubiera ocurrido- y ahora
solo resta esperar el desenlace.
III.
Ordenado en cuatro partes –en
cuya última sólo hay un relato, que es más bien una novela corta-, Oates va
desgranando miedos, angustias y una serie de pensamientos relacionados con la
soledad, la vejez, la enfermedad, el abandono, la desaparición de objetos de
nuestro entorno, que contribuyen a crear una atmosfera de incertidumbre
quitándonos el sosiego que nos brinda una vida previsible. Hasta se da el lujo
de contarnos qué piensa el fantasma del joven que acaba de morir en un
accidente de tránsito.
IV.
Los protagonistas de estos relatos viven
momentos de zozobra o de cambios notorios, en sus vidas o en la perspectiva de
su mirada –una joven que sale de un aborto, una mujer en tratamiento oncológico
que cree que su marido busca sustituta, una joven adoptada que no encaja con su
familia de adopción-. Destaco particularmente los dos últimos relatos: el que
le da título al libro –con una entrevista al poeta Robert Frost sui generis- y el último –Parricidio- con un final epifánico.
Entre ambos, pagan el ejemplar y compensan los altibajos que pudieran presentar
el resto de los trabajos.
V.
Con una prosa cuidada, descripciones de situaciones y sentires muy precisos, el uso adecuado de recursos literarios –como el monólogo interior- y en un estilo ameno y fluido, Oates repasa un sinnúmero de emociones, capaces de quitarnos la tranquilidad que ofrecen la rutina y la repetición. Un buen umbral literario para adentrarse en el universo ficcional de la escritora.