Anagrama, 2002
Tras
un par de gratas experiencias anteriores, Utopía propuso compartir nuevamente una
lectura, más allá de la distancia geográfica que existe entre ambos,
refrendando así mi convicción que ninguna frontera –racial, religiosa, etc.-
pueden separar cuando dos o más seres humanos –lectores, en este caso- se ponen
de acuerdo para un mismo fin. La suerte recayó en este autor y título, pues ella
lo tenía en la edición en papel y nunca había experimentado las letras de
Michon; por mi parte, la lectura de éste me había sido sugerida por Wineruda quien,
en un encomiable gesto de generosa
desmesura, me envió al completo su obra, en formato digital.
El libro se estructura en ocho historias
independientes, utilizando personajes del entorno familiar o cercano del autor,
en las que elabora sendas posibles vidas,
a través de detalles de los que ha tomado conocimiento: cartas, comentarios, testimonios,
anécdotas, encuentros. Así, la novela es una suerte de biografía del autor, reconstruida
a través de aquellos.
Además, a medida que construye los
probables hechos de cada protagonista, el narrador nos participa de su propio
rol y de su historia. En ese aspecto, deja en claro desde el inicio que aún muy
joven ha querido ser escritor pero, al no encontrar inspiración ninguna, su
frustración lo ha llevado al submundo de las juergas nocturnas y el
alcoholismo, lo que le ha generado no pocos disgustos, entre ellos, el abandono
de sus parejas, el encierro en prisión y su ingreso en una institución de
rehabilitación, con el fin de curar.
Un amigo de su abuela materna, quien
regresa de África tras treinta años de ausencia; la relación entre un padre granjero
y un hijo que abandona el hogar; los esfuerzos de los abuelos paternos a la
hora de alegrar al pequeño nieto, cuando el padre de éste –hijo de ellos- lo
abandona; un par de hermanos –compañeros de escuela suyos- que sólo saben
pelearse entre sí; un campesino enfermo de cáncer de garganta que prefiere
morir a evidenciar su analfabetismo; un cura Casanova, fumador y borrachín que
se va deteriorando con el paso del tiempo; una mujer enamorada del narrador, a
quien alberga con la esperanza de redimirlo de su estado depresivo, y el
recuerdo de su hermanita mayor, muerta antes de que él naciera, no conforman una
narración ilativa ni, mucho menos, destacable. Sin embargo, Michon se las
ingenia para que esas vidas minúsculas
a las que el título refiere –tradicionales, ordinarias, de origen rural en su
mayoría- sean el vehículo elegido para explicarse
quién es a sí mismo y al lector.
La versión digital, gentileza de epubLibre -y Wineruda-
Con una prosa poética, descripciones
rayanas en lo lírico y una honestidad sin par, Michon conmueve al lector en un
libro tan breve como sentido. Agradezco a Utopía la propuesta; ha sido un nuevo
placer compartir este texto. Su opinión la podéis leer aquí. Y, si queréis
visitar la de Ana B., quien también ha leído el libro, haced clic aquí. Como broche, una muestra de literaria belleza:
‘…en esa sombra ardiente yo desvestía a
Marianne, la examinaba con todo detalle en ese calor sofocante, la echaba en el
suelo de madera clara que ardía en el torpor de los días; en el centro de esos
reflejos reunidos, las partes demasiado rosadas de sus muslos adoptaban
tonalidades de uno de esos Renoir en los que, exhibido violentamente en el
resplandor del sol pero cautivo todavía de una penumbra de molino, el moldeado
malva de las carnes surge más desnudo por tener sombras de oro, de trigo
púrpura;…’

