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lunes, 23 de marzo de 2020

Estéreo Transatlántico 7 y e-book 56. Biografía reconstruida. Vidas minúsculas, Pierre Michon


Anagrama, 2002

               Tras un par de gratas experiencias anteriores, Utopía propuso compartir nuevamente una lectura, más allá de la distancia geográfica que existe entre ambos, refrendando así mi convicción que ninguna frontera –racial, religiosa, etc.- pueden separar cuando dos o más seres humanos –lectores, en este caso- se ponen de acuerdo para un mismo fin. La suerte recayó en este autor y título, pues ella lo tenía en la edición en papel y nunca había experimentado las letras de Michon; por mi parte, la lectura de éste me había sido sugerida por Wineruda quien, en un encomiable gesto de generosa desmesura, me envió al completo su obra, en formato digital.

            El libro se estructura en ocho historias independientes, utilizando personajes del entorno familiar o cercano del autor, en las que elabora sendas posibles vidas, a través de detalles de los que ha tomado conocimiento: cartas, comentarios, testimonios, anécdotas, encuentros. Así, la novela es una suerte de biografía del autor, reconstruida a través de aquellos.

           Además, a medida que construye los probables hechos de cada protagonista, el narrador nos participa de su propio rol y de su historia. En ese aspecto, deja en claro desde el inicio que aún muy joven ha querido ser escritor pero, al no encontrar inspiración ninguna, su frustración lo ha llevado al submundo de las juergas nocturnas y el alcoholismo, lo que le ha generado no pocos disgustos, entre ellos, el abandono de sus parejas, el encierro en prisión y su ingreso en una institución de rehabilitación, con el fin de curar.

            Un amigo de su abuela materna, quien regresa de África tras treinta años de ausencia; la relación entre un padre granjero y un hijo que abandona el hogar; los esfuerzos de los abuelos paternos a la hora de alegrar al pequeño nieto, cuando el padre de éste –hijo de ellos- lo abandona; un par de hermanos –compañeros de escuela suyos- que sólo saben pelearse entre sí; un campesino enfermo de cáncer de garganta que prefiere morir a evidenciar su analfabetismo; un cura Casanova, fumador y borrachín que se va deteriorando con el paso del tiempo; una mujer enamorada del narrador, a quien alberga con la esperanza de redimirlo de su estado depresivo, y el recuerdo de su hermanita mayor, muerta antes de que él naciera, no conforman una narración ilativa ni, mucho menos, destacable. Sin embargo, Michon se las ingenia para que esas vidas minúsculas a las que el título refiere –tradicionales, ordinarias, de origen rural en su mayoría- sean el vehículo elegido para explicarse quién es a sí mismo y al lector.

La versión digital, gentileza de epubLibre -y Wineruda-

            Con una prosa poética, descripciones rayanas en lo lírico y una honestidad sin par, Michon conmueve al lector en un libro tan breve como sentido. Agradezco a Utopía la propuesta; ha sido un nuevo placer compartir este texto. Su opinión la podéis leer aquí. Y, si queréis visitar la de Ana B., quien también ha leído el libro, haced clic aquí. Como broche, una muestra de literaria belleza:

‘…en esa sombra ardiente yo desvestía a Marianne, la examinaba con todo detalle en ese calor sofocante, la echaba en el suelo de madera clara que ardía en el torpor de los días; en el centro de esos reflejos reunidos, las partes demasiado rosadas de sus muslos adoptaban tonalidades de uno de esos Renoir en los que, exhibido violentamente en el resplandor del sol pero cautivo todavía de una penumbra de molino, el moldeado malva de las carnes surge más desnudo por tener sombras de oro, de trigo púrpura;…’

miércoles, 8 de mayo de 2019

e-book 43. Malogrados testigos. Señores y sirvientes, Pierre Michon


Anagrama, 2004

I.

            Cuando la buena literatura combina con otras artes, a menudo suele brindar alegrías múltiples. Pareciera que esa sinergia potenciara las cualidades prístinas de las mismas, ofreciendo un producto final donde el todo es mucho más que la suma de sus partes. Será porque algunos cineastas han encontrado el enfoque exacto sobre determinadas ficciones, o porque un escritor se ha inspirado en cierta música –o viceversa- o, como en el caso presente, un autor tome elementos de la vida de los pintores y exponga un enfoque distinto, que impacta gratamente al lector. Cualquiera sea la mezcla, es muy probable que el beneficio trascienda las expectativas.

II.

            Michon se ocupa, en este texto, de pasar revista a una serie de afamados pintores, quienes no presentan nada en común. Sólo la forma que escoge el escritor los iguala en el periplo. La vida de Goya antes de convertirse en el célebre pintor, narrada por una testigo; el fin de los días de Watteau, a cargo del párroco de la localidad; la malograda vida de un aprendiz de Piero della Francesca; la supuesta vida de Joseph Roulin, el cartero amigo de Van Gogh, y la influencia de Claudio de Lorena en el arte de la pintura de un niño pastor se han reunido en este libro.

III.

            Todos los narradores, tanto como los protagonistas de estas historias, son actores secundarios devenidos principales. Michon quiere contarnos cómo se gesta el arte desde la trastienda; esa parte oscura que el éxito pictórico y comercial hacen invisible. La que resulta intangible para el hombre común. El fracaso artístico, los afanes por medrar o por ser parte de aquello que es solo una incipiente aspiración, la efímera vida que despliegan los placeres carnales y la amistad más allá de la muerte, se conjugan en un texto que nos ofrece una mirada muy personal del entorno del arte y sus avatares.

Primera página del libro, gentileza de Wineruda

IV.

            Con una pluma cuya prosa roza lo poético, Michon despliega un abanico de reflexiones interesantes acerca del mundo de la pintura, sus aciertos y miserias, siempre desde la óptica de un personaje intrascendente, que encarna al hombre común, alejado de debates y disputas propias del género. Un libro recomendable para todo lector amante de las artes.

V.

            Párrafo aparte y final merece el amigo Wineruda quien, habiendo recomendado el libro y hecho llegar la bibliografía casi al completo del autor, se ha tomado la molestia de subsanar partes inconclusas en este material, de manera de poder acabar mi lectura. Lo que él mismo ha opinado sobre el título podéis leerlo aquí.

jueves, 7 de enero de 2016

Poética del deseo. El origen del mundo, Pierre Michon


Anagrama, 2012

         Dicen que una imagen vale más que mil palabras. Puede que sea cierto. Bastó con leer el título del libro y ver la fotografía de portada para realizar una síntesis de ambos y evocar en mi mente al genial Luis Buñuel y su último film, Ese oscuro objeto del deseo. Decidí llevarlo porque despertó mi curiosidad; además, era relativamente breve.

         Es septiembre de 1961. El protagonista es un maestro de escuela, con poco más de veinte años de edad, quien relata la experiencia de llegar bajo una cortina de lluvia continua a Castelnau, una comarca de la Dordoña cerca de las cuevas de Lascaux, y admirar no sólo el paisaje circundante sino quedar fascinado por la sublime belleza de Yvonne, la vendedora del kiosco –léase, estanco-.

          Escrito en primera persona, el narrador nos hace partícipes de sus sueños, fantasías –propias de sus escasos años-, junto a una multitud de imágenes que entremezclan la cautivante simpleza del lugar y sus habitantes –que suelen reunirse para hablar de pesca- con la seducción que ejercen sobre él las voluptuosas formas de Yvonne.

         Acompañan al relato Hélène, la dueña de la posada donde reside el maestro, y un puñado de personajes locales que, con su típica rusticidad pueblerina, resaltan los devaneos lujuriosos de su protagonista, capaz de fumar incansablemente o comprar el diario todos los días –aunque no lo lea- con tal de tener suficientes motivos para acudir al puesto de la vendedora y así seguir nutriendo la obsesión del deseo carnal.

            Rescato dos planos del texto. Uno de ellos es el lenguaje que utiliza Michon a la hora de describir lugares y sentires; una prosa que transita entre lo poético y lo lírico, con frases largas, presencia de vocablos arcaicos –muy en consonancia con los restos arqueológicos reinantes en el entorno geográfico- y tan abundosa en recursos semánticos, que recuerdan al gran Marcel Proust.

            El otro es el reconocimiento al género femenino. La posadera Hélène, de carácter afable y porte elegante -quien fuera bella en sus años mozos-, representa a la mujer/madre, siempre propensa a la confidencia, al buen consejo y a largas pausas de silencio, que brindan amparo, confianza e intimidad. En cambio, la figura de Yvonne simboliza a la mujer/sexo en estado puro; ese sexo instintivo y primario, que no sólo excita a los machos del reino animal sino que clama por una saciedad vasta, infinita. Es esta alegoría la que rotula la obra, en clara alusión al órgano femenino del cual todos provenimos.

            Párrafo aparte merece el título. Imagino que ha sido esta imagen sexual la que ha primado a la hora de convertir un quizás intrascendente Le Grande Beune –el original en francés- en el de marras, a las claras más llamativo y vendedor. Sin embargo, el río que bordea la comarca donde se desarrolla la historia, fluye cansinamente, rigiendo a su paso la vida de su gente, como si marcara el pulso del acontecer cotidiano. Entonces, no resulta extraño que Michon se hubiera inclinado por aquél, que con su silente presencia otorgase también el ritmo a su relato, brindándole más profundidad a su contenido, que la forzada reducción al que lo somete el estrecho vínculo propuesto por la casa editora.

         Coloquial y ameno, el texto, que se lee de un sentón, indaga sobre la naturaleza de nuestros sueños, la influencia de la geografía en la vida del ser humano y los elementos que disparan el erotismo y la búsqueda del placer sensual. Un libro recomendable, sin duda.